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Villanos extravagantes

Muchas películas y series nos han entregado villanos realmente fuera de lo común. Malos y raros, malos pintorescos, malos ingenuos, malos inverosímiles, malos exagerados, malos insólitos. En otras palabras, son "malos y algo más". Esa acentuación por encima de la maldad natural del villano es lo que los hace diferentes. No son sólo "el malo de la película"; ya sea por su personalidad, su apariencia o su historia personal, los villanos extravagantes tienen una idiosincracia propia que despierta tanto interés que a veces hace que hasta nos apene cuando, irremediablemente, pierden contra el héroe.

Para aclarar de entrada a quiénes nos referimos: hablamos de villanos, eh. Drácula no es un villano, la criatura de Frankenstein no es un villano, el Fantasma de la ópera no es un villano, el hombre lobo no es un villano. Sus destinos fueron marcados por sus dramas, por una calamidad. Son gente en desgracia y punto. Así que no entran en estas líneas. Los monstruos tampoco son villanos; son monstruos.

Así que el recorrido va por otro lado.

Echemos un vistazo a las viejas series. El Zorro se divertía con el capitán Monasterio, un villano con aires de autoridad, un prolijo comandante al mando de un escuadrón de soldados torpes que sólo querían beber gratis en la cantina. Maligno, rígido y previsible, terminó transformándose en objeto de burla del Zorro, que lo tenía para el churrete. Después vino un enemigo un poco más serio, El Águila, que primero desde las sombras y luego bien cerca, hasta en la propia casa de Diego de la Vega, maquinaba planes para vender California al mejor postor, sin ningún código ético ni siquiera para con sus propios secuaces. También en el oeste y bizarro como pocos, se destaca Miguelito Loveless, el enano villano que tramaba fechorías maquiavélicas contra Jim West y Artemio Gordon. Otro villano entre las sombras era El Hombre que Fuma, que en la serie “Expedientes X” parecía estar por encima de todo, manejando una trama jamás descubierta mientras Mulder y Scully corrían de un lado para otro. En “El fugitivo”, el pobre Richard Kimble penaba capítulo tras capítulo buscando al Hombre Manco, responsable de todos sus males. En “Perdidos en el espacio”, el malvado doctor Smith se empeñaba en sabotear permanentemente a la familia Robinson, que vagaba de planeta en planeta con él a cuestas, encima; como tener el enemigo en casa. En “Dallas” había un malvado, J.R., un villano de guante blanco millonario que siempre andaba con sombrero y le hacía la vida imposible a todo el miundo, tanto en asuntos de alcoba como de negocios.

Un par de series argentinas tenían su villano bizarro: en la miniserie “El hombre que volvió de la muerte”, Elmer Bangés era un asesino vengador que liquidaba uno a uno a aquellos con quienes tenía cuentas pendientes. Hay que decirlo, esta trama de venganza era un calco de El Conde de Montecristo; hasta el nombre del protagonista es parecido al del de la obra de Dumas: Edmond Dantés. En fin. Bizarro también era El Pulpo Negro, que manipulaba a delincuentes de poca monta para cometer crímenes.

En series más modernas también hay villanos extravagantes. Dexter es uno de ellos: un tipo prolijo, correcto y brillante que trabaja para la policía pero es a la vez un psicópata de lo más perverso, aficionado a la sangre en todas sus formas. Bastante bizarro es también El Gobernador, de “Walking Dead”, un tipo duro, con su parche sobre el ojo derecho, autoritario, violento y brutal. Avon y Stringer, el dúo narco de “The wire” que domina media ciudad de Baltimore y a los que no hay forma de atrapar; en realidad atraparon a Avon, pero seguía manejando todo desde la cárcel. Uno lo ve al tipo y no da dos mangos por él; Stringer es mucho más inteligente y cerebral, pero el jefe es Avon. Una extraordinaria villana fuera de rango es Villanelle, la villana de “Killing Eve”, una jovencita capaz de descuartizar a un anciano mientras se mata de risa. Para ella asesinar es una diversión, no tiene absolutamente ningún límite; la expresión de su cara es de una malicia tan encantadora como cruel. Y para personaje exótico por excelencia quién sino Gus Fring, de “Breaking Bad”, un tipo que trabaja como empleado en el restaurante de comida rápida Los Pollos Hermanos cuando en realidad es el dueño no sólo del local sino de un imperio de fabricación y comercio de drogas. Prolijo, educadísimo, de anteojos, camisa y corbata, con un lenguaje culto y voz baja, el tipo es un despiadado criminal sin escrúpulos.

Los villanos de los superhéroes son un capítulo aparte. Son cientos, imposible describirlos a todos. Todos bizarros, eso sí. Superman tiene que vérselas con Lex Luthor, un pelado estrafalario mezcla entre científico y magnate, y con el general Zod, que viene a enfrentarlo desde Kryptón. El Duende Verde, enemigo del Hombre Araña, es un científico loco con un disfraz buenísimo que anda en patineta por el aire. Otro enemigo del arácnido es el doctor Octopus, con sus tentáculos de acero fundidos a su cuerpo luego de un accidente de laboratorio; se ve que quedó mal de la cabeza desde entonces. Magneto, el enemigo de los X-Men, que con sus habilidades magnéticas no hace más que generar desastres.

Los villanos de Batman son la marca registrada de lo bizarro, pero además se diferencian de los villanos habituales por sus características personales: podríamos denominarlos “villanos temáticos”. El Pingüino camina como un pingüino, Gatúbela se viste de gato, tiene uñas-garras largas y toma leche, El Guasón ríe en forma descomedida y permanente como un bufón real, El Acertijo deja acertijos como pistas, el Rey Tut se viste como un faraón, Cascarón se viste de blanco y tiene la cabeza como un huevo, El Capitán Frío necesita mantenerse a temperatura de congelación, Harry Dos Caras tiene la mitad de la cara diferente a la otra. Quizá el único villano no temático de Batman es Bane, que usa una máscara como recurso para aliviarse de un dolor permanente y se inyecta una sustancia medio venenosa todo el tiempo. Las historias de estos villanos son raras, retorcidas, insólitas; bizarras, en definitiva.

No podemos soslayar a los villanos de James Bond; es más, una de las condiciones para ser villano en una historia de Bond parece ser justamente ser un tipo estrambótico. Pero bueno, entre tantos... el satánico Dr. No, Goldfinger, el gigante Jaws, Ernst Stavro Blofeld, sobre todo en su versión pelado con cicatriz acariciando el gato, el 006 Alec Trevelyan, Le Chiffre, Silva, en fin, estos quizá sean los que más resaltan, pero todos podrían estar incluidos en la lista de esos villanos estilo “cósmico”, con planes malignos tan rebuscados como excesivos hasta lo ridículo.

Algunas películas conocidas nos entregan villanos más que interesantes. Darth Vader, con su voz megafónica, su casco-máscara, su traje y capa negros y su voz megafónica son el emblema del villano que nadie querría enfrentar, ni siquiera Luke, con quien después se hace el tierno diciéndole “I'm your father...”. Sauron, el recontra-malo de “El señor de los anillos” es otro villano horrible con aspecto intimidante, mejor no meterse con él. Ni con el Gollum, esa especie de feto crecidito, flaco, lampiño y cabezón de ojos enormes, de voz cadenciosa y raspada que es ladino y mentiroso. Lord Voldemort, el villano pelado con orificios nasales pero sin nariz que es todo maldad y acecha a Harry Potter y sus amigos en cada aventura. The Creeper, que despierta cada tanto para recolectar órganos de humanos ya que los suyos van fallando. Maléfica, exótica, resentida e inapelable en su maldad.

Después están los malos-porque-sí, los malos que no pronuncian ni una palabra; son asesinos seriales pero nada selectivos, les da lo mismo cualquiera, despachan al que esté a mano en el lugar equivocado y en el momento equivocado. Entre ellos están Freddy Krueger, que ataca en los sueños con su manopla de cuchillas; Michael Myers (“Halloween”), traumado por un crimen en su infancia, que con su máscara y movimientos rígidos se entretiene en amasijar a quien se le cruce; Jason Voorhes (“Martes 13”), que con su máscara de hockey anda vengándose todo el tiempo de todo el mundo; Leatherface (Cara de cuero, de “Chainsaw Texas Massacre”), a quien nada le divierte más que cortar gente con su motosierra.

Están también los psicópatas, pervertidos y sádicos con gustos y aficiones extrañas. A la cabeza, Hannibal Lecter, un psicópata de elevadísimo cociente intelectual que no sólo encuentra arte y belleza en asesinar de manera salvaje sino que se come a sus víctimas. Alex, el joven de “La naranja mecánica”, que con su sombrerito bombín, su bastón, su especie de mameluco con huevera reforzada y su pandilla de infradotados con los que habla una jerga indescifrable se solaza lastimando gente con música de Beethoven. Keyser Sôze (“Los sospechosos de siempre”), rengo y aparentemente frágil, pero un verdadero demonio manipulador y asesino despiadado. Jigsaw, (“Saw, el juego del miedo”), el maquiavélico moribundo que decide ejecutar a sus víctimas a modo de castigo de la manera más retorcida y sádica posible. Hans Landa (“Bastardos sin gloria”), el oficial alemán refinado, cínico y perverso que no se ensuciaba las manos pero te hacía matar con una sonrisa. Norman Bates (“Psicosis”), un loco enfermito traumado que se disfraza de su propia madre y liquida a sus huéspedes. Pennywise (“It”), que ya aterroriza con sólo verlo, aunque es más lo que amenaza que lo que termina haciendo.

Otro grupo son los villanos extraterrestres. No son humanos (lo que sería un requisito para ser villano) pero son antropoides, por lo cual es razonable referirnos a ellos. Cómo olvidar al engendro baboso y perverso que se instaló en la nave Nostromo en “Alien”. O la criatura de “Depredador”, que atacaba impiadosamente en la selva primero y en la ciudad después, con ese aspecto de gigantón tecnológico con miniboca colmilluda y rastas. Terminator, programado para liquidar sin miramientos ni sutilezas, no es en realidad extraterrestre; viene de nuestro planeta, pero del futuro lejano. Para el caso es casi lo mismo, así que vale incluirlo en este selecto grupo.

Y están los villanos sobrenaturales, digamos. A la cabeza, Damien (“La profecía”), por supuesto. Un nenito (bueno, después va creciendo) que es ni más ni menos que Satán, el villano entre los villanos. Y Loki, el villano-enemigo-hermano de Thor, resentido por el destrato de su padre, Odín; un dios contra otro dios por resentimiento contra otro dios. Todo muy normal.

Finalmente, el final encuentra a dos villanos extraordinarios (por lo graciosos): uno es Dr. Evil (Dr. Malito, de “Austin Powers”), una parodia de Blofeld, el villano de Bond. Dr. Evil despliega sus planes para dominar el mundo junto a su desternillante grupo: el tuerto financista Number Two, su gato Mr. Bigglesworth y Mini-Me, un clon enano de sí mismo. El otro es Siegfried (Sigfrido del “Super Agente 86”), un agente de alto rango de KAOS, de acento mezcla de alemán y ruso, muchas veces acompañado de su esbirro, Starker, que hace mímicas de ametralladora escupiendo mientras hace ruido con sus labios. Absolutamente genial.

En un encuentro entre Maxwell Smart y Siegfried, de noche en una plaza, una sucesión de gags brillantes termina con este diálogo:

- Aquí está: mi píldora suicida; este mes salió con sabor de fresa –dice Max, mientras se la ofrece a Siegfried–.

- No, gracias.

- Pruébela, no tenga miedo, no crea hábito.

- No, gracias.

- ¿Y usted cómo se suicida, Siegfried?

Sigried le muestra un anillo en su mano y contesta:

- Esta es mi sortija de bodas suicida.

Max quiere examinarla, pero Sigfried lo detiene diciéndole:

- No puedo sacármela, tengo que conservarla puesta.

- Una sortija de bodas suicida... ¿Y cuál es el elemento mortal?, pregunta Max.

- Mi esposa; ella me dijo que si alguna vez me la quito, me mata.

rfr

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