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Rebecca Clarke: una viola entre cardos

Devino todos y cada uno de los obstáculos que la vida supo poner a su paso. Compositora, musicóloga, violinista, multilingüe, creadora de seudónimos, feminista substancial y antipatriarcal de sepa, Clarke fue una de las músicas más relevantes que el siglo pasado vio fallecer. Su impronta estilística la convirtió en la compositora británica más distinguida de la generación de entreguerras.

Rebecca Helferich Clarke nació en Harrow el 27 de agosto de 1886. Sus padres fueron Joseph Thacher Clarke (estadounidense), y su madre Agnes Paulina Marie Amalie Helferich (alemana). Gracias al interés en la música que su progenitor profesaba, Rebecca comenzó a tomar clases de violín a los nueve años. Durante su adolescencia estudió en la Royal Academy of Music de Londres con destacados profesores. Fue alumna del gran Lionel Tertis, quien dio a la viola un nuevo impulso solista (para él escribieron los más importantes músicos ingleses de la época). También fue la primera mujer en frecuentar los cursos de composición de Charles V. Stanford.

A sus diecinueve años, su padre la expulsó de su casa familiar por considerarla promiscua y le quitó toda la asistencia económica que había sabido brindarle hasta ese momento, instancia que llevó a que Clarke se viera obligada a subsistir por sus propios medios. Su habilidad con la viola le permitió emprender una brillante carrera como solista y en grupos de cámara. En 1912 fue la primera mujer en ingresar en una orquesta sinfónica profesional, la Queen's Hall Orchestra. Paralelamente, formó un notable cuarteto con las violinistas Adila y Jelly D´Arangi y la violonchelista Suggia. En 1916, se marchó a Estados Unidos y se vinculó a la docencia y a grupos de cámara en Nueva York. Luego recorrió los más afamados centros musicales de varios continentes como solista de viola, al tiempo que se fue convirtiendo en musicóloga altamente respetada.

Su primera composición importante, una pieza breve y lírica para viola y piano titulada Morpheus, la firmó con el pseudónimo de Anthony Trent porque, de otra forma, nunca habría sido tomada en consideración. Reveladora es la polémica que surgió en 1919 cuando, en un concurso de composición, Clarke presentó con su verdadero nombre la Sonata para viola y piano (considerada por muchos su obra maestra). En un principio, la pieza iba a ser declarada ganadora ex aequo con la Suite para viola y piano de Ernest Bloch, pero al final el premio se concedió sólo a este último porque algunos miembros del jurado consideraban imposible que una mujer hubiese escrito una obra de tal calibre y pensaban que Bloch había presentado a concurso dos composiciones suyas bajo distinto nombre. En 1921, Clarke volvió a hacer una presentación impresionante en el concurso de composición de Coolidge con Trio de Piano, aunque nuevamente no pudo llevarse el premio. Recién en 1923, Rapsodia por violonchelo y piano convirtió a Clarke en la única mujer receptora del patrocinio de Coolidge. Estas tres obras representan el apogeo de la carrera compositiva de Clarke.

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Además de su música de cámara para cuerda, Clarke escribió muchas canciones (las primeras eran específicamente para voz y piano). En 1933 su Tiger, Tiger musicó el poema de Blake The Tyger oscuro y melancólico; casi expresionista. Trabajó en ello durante cinco años dejando excluidas otras durante la relación que tuvo con John Goss (las que revisó en 1972 en su repaso existencialista plasmado en su mémoire titulado I Had a Fathet Too o The Mustard Spoon). Fue entretanto que pasó a construir un cuerpo de trabajo elaborado principalmente en los textos clásicos de Yeats, Masefield, y A. E. Housman. Para finales de la década del 30 y principios de los años 40s, Clarke experimentó su último período de ubérrima productividad creacional. Cerca del final de su carrera compositiva, su estilo se hizo más claro y contrapuntístico, con énfasis en los elementos motívicos y estructuras tonales, características del neoclasicismo. Dumka (1941), para violín, viola y piano, se inspiró en el folclore del Este de Europa, al modo que también lo hicieron Bartók y Martinu. La Passacaglia on an Old English Tune (estrenada por Clarke en 1941), se basó en un tema de Thomas Tallis. Modal en cuanto a su color, esta pieza en el modo Dórico, se aventuró al modo frigio raramente oído anteriormente. Fue dedicada a "BB", Benjamín Britten (que organizó un concierto en conmemoración a la muerte de su amigo y de gran influencia Frank Bridge de Clarke). El Preludio, allegro y pastoral fue compuesto en 1941 y es otra pieza influenciada por el neoclasicismo y escrita para clarinete y viola (originalmente para su hermano y hermana).

En 1944, Clarke se casó con el pianista y compositor escocés James Friskin, uno de los fundadores de la Juilliard School. A partir de esta fecha abandonó por completo la composición. Fue la propia Rebecca quien hizo acto de renuncia ante la imposibilidad de conciliar su condición de esposa con la plena dedicación que le exigía la música. Ya retirada, y tras el óbito de Friskin en 1962, Clarke dedicó sus últimos años a repasar su vida en unas memorias que dejó manuscritas, pero que nunca publicó, previo a haber vendido el Stradivarius que le había sido legado por su profesor y enamorado Percy Hilder Miles, y estableció el premio May Mukle en la Royal Academy (premio que todavía se otorga anualmente a un violonchelista destacado).

Clarke murió en 1979 en su casa en Nueva York a la edad de 93 años, y fue incinerada.

Link a su obra: https://rebeccaclarkecomposer.com/video/

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