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Pintura y política: La coronación de Napoleón

El 2 de noviembre de 1804 el cónsul Napoleón Bonaparte se autocoronó emperador de los franceses dando inicio al Primer Imperio francés. El momento fue inmortalizado por Jacques-Louis David, artista que prestó su talento a la monarquía, la revolución, la república y, finalmente, al imperio.

Jacques Louis David fue, como Goya, un pintor que dejó atrás la frivolidad propia del Rococó para abrazar el Neoclasicismo y avanzar hacia un Romanticismo patriótico. Al igual que el español, David fue funcional a los poderosos de turno. Abrazó los ideales de la revolución de 1789 después de haber realizado una serie de obras sobre la historia clásica destinadas a los palacios de los aristócratas como el Conde de Artois, hermano del Rey. En 1788, pintó Leonidas en las Termópilas, y más tarde, El juramento de los Horacios, acorde al pathos de la tragedia de Corneille.

Esta obra nace por expresa indicación de Luis XVI, con la intención de forjar una legoría de la lealtad al Estado y, por lo tanto, un canto a la fidelidad al monarca. Sin embargo, los tiempos del “Etat c’est moi” (“El estado soy yo”) de Luis XIV, habían llegado a su fin. Las constantes crisis económicas, especialmente derivadas de las necesidades bélicas de los Borbones y el apoyo a las colonias norteamericanas en su lucha por independizarse de Gran Bretaña, terminaron perjudicando a la familia real, tanto en Francia como en España. El absolutismo llegó a su fin, en el momento en que los monarcas se mostraron dubitativos para reprimir los reclamos populares. Las prerrogativas excesivas de la aristocracia y el clero habían horadado su sustentabilidad. Prolongar los beneficios sectarios creó resentimientos, y estos generaron posiciones extremistas. La lealtad del pueblo, de acá en más, se focalizó sólo en aquellos que sustentasen el verdadero poder, fuera o no el monarca.

El argumento de los Horacios relata el enfrentamiento entre ciudades vecinas, Roma y Alba Longa, que se debe dirimir por el duelo entre los Horacios y los Curiacios, hermanos que representaban a las ciudades en pugna pero que compartían el amor cruzado de algunas mujeres de las dos familias. Sin embargo, y a pesar de los ruegos femeninos, ellos deciden honrar su condición de patriotas y enfrentarse en este due bellum, es decir guerra de a dos (origen etimológico de la palabra “duelo”). La contienda fue feroz y solo uno de los Horacios vuelve triunfante, pero sufre la recriminación de su hermana Sabina, viuda de un Curiacio muerto en el enfrentamiento. Al hallar esta acusación indigna y antipatriótica, Horacio mata a Sabina. Frente a los hechos, el padre de los hermanos hace una encendida alocución donde exalta el patriotismo sobre el amor. La lealtad a la patria vale más que los demás sentimientos. La patria está ante todo, aun antes que la familia y los afectos.

Este cuadro fue interpretado por los revolucionarios (sin que David se opusiera abiertamente) como una invitación al levantamiento en armas del pueblo para defenderse de la opresión monárquica; todo lo contrario a la intención original del Luis XVI.

En estos años convulsionados se estrecha la relación entre la pintura y la política; la revolución necesita de la iconografía idónea para diseminar su mensaje. Por primera vez un artista alza su pluma y su pincel para vincular los valores simbólicos y sociales. Charles Paul Landon, un pintor que había ganado el Prix de Roma en 1792, dedica gran parte de su vida a escribir sobre arte en la Gazette de France y el Journal des arts et de la politique. Años después, también fue curador del Museo Napoleón, que pasó a llamarse du Louvre a la caída del emperador.

El tormentoso panorama político francés fue reflejado por David en la épica del Juramento del Juego de pelota, cuando el Tercer Estado (los burgueses y el campesinado) desplazaron del poder a la aristocracia y a la Iglesia. El juego de pelota o “Jeu de Paumeera un salón donde el rey y la nobleza practicaban ese deporte.

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        <p><i>Juramento del Juego de Pelota • </i>Jacques-Louis David • 1791 • Museo Carnavales, París, Francia.</p><p></p>

Juramento del Juego de Pelota • Jacques-Louis David • 1791 • Museo Carnavales, París, Francia.

En estos salones se reunió el Tercer Estado y el 20 de junio de 1789, 577 diputados juraron dar a Francia una Constitución que limitara los poderes reales y equiparara la presión impositiva que solo caía entre los miembros de la burguesía y el campesinado. El texto fue leído por Jean Bailey y consagrado por aclamación. Para celebrar el acontecimiento, los jacobinos (que se llamaban a sí mismos los amigos de la Constitución) pidieron a David inmortalizar ese momento. El artista se abocó en cuerpo y alma a la tarea de reconstruir la épica cívica del “Jeu de Paume”.

Fue justamente en el seno de esta Asamblea Nacional, el 11 de septiembre de 1789, donde se originó el concepto de izquierda y derecha desde el punto de vista político. En esa fecha se discutió un artículo de la nueva Constitución donde se pretendía conceder poder de veto absoluto al rey con respecto a las leyes aprobadas por la Asamblea Legislativa. Los diputados que estaban a favor de esta propuesta, se ubicaron a la derecha del presidente de la Asamblea. Este grupo pretendía que el rey mantuviese sus prerrogativas. Los que estaban en contra, proponían que primara la soberanía nacional sobre la autoridad real. Los jacobinos encabezaron esta izquierda y entre ellos se encontraba nuestro pintor.

Originalmente, David pretendió honrar las ideas revolucionarias que él compartía, pero para 1793 muchas cosas habían cambiado. Antiguos héroes, como Mirabeau, habían pasado a ser enemigos de la Revolución. El cadáver de este revolucionario que inauguró el Panteón de París, fue retirado de su tumba al cabo de un año. De prócer a proscripto había un solo paso… David decidió dejar el Jeu de Paume inconcluso, con la excusa de comenzar su carrera política como miembro de la Seguridad Nacional, junto a sus amigos Robespierre y Marat, cuya muerte, a manos de Madame Corday, convirtió al médico jacobino en mártir de la Revolución. David fue encargado de organizar las exequias de su amigo. El “amigo del pueblo”, tal como le decían a Marat, era un personaje difícil, con muchos enemigos por sus ideas radicales, no solo era antimonárquico sino también detestaba las propuestas de la burguesía.

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        <p><i>La muerte de Marat (detalle) • </i>Jacques-Louis David • 1793 • Museos reales de Bellas Artes de Bélgica, Bruselas, Bélgica.</p><p></p><p></p>

La muerte de Marat (detalle) • Jacques-Louis David • 1793 • Museos reales de Bellas Artes de Bélgica, Bruselas, Bélgica.

A fin de exhibirlo como una víctima, David mostró la tina donde fue muerto y dispuso al cadáver de Marat en una posición con reminiscencias del Cristo de Andrea Mantegna.

Efímera fue la consagración de Marat, cuyo cadáver enterrado como mártir laico pronto desapareció del Panteón, sustraído por sus enemigos políticos, mientras las cabezas de aristócratas rodaban sobre los patíbulos, gracias a la muerte igualitaria propuesta por el doctor Guillotine.

Por ese entonces David, como miembro de la Convención, propuso un concurso de pintura para fomentar el espíritu revolucionario en el arte. El jurado de cincuenta miembros elegidos por David y de irreprochables inclinaciones republicanas, eligió La muerte de Brutus, obra de Fulcean Jean Harriet, un joven artista de 17 años.

La caída de Robespierre arrastró al pintor a la prisión, donde se le permitió continuar con su labor artística. En la cárcel, inició El rapto de las Sabinas, una obra que llamaba a la reconciliación de los franceses después del Terror en el que el mismo artista había participado. La imagen de la mujer interponiéndose entre los guerreros y la joven que defiende a los niños, es una clara alusión a la deseada pacificación.

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        <p><i>El rapto de las Sabinas • </i>Jacques-Louis David • 1799 • Museo del Louvre, París, Francia.</p><p></p>

El rapto de las Sabinas • Jacques-Louis David • 1799 • Museo del Louvre, París, Francia.

El ascenso de Napoleón le permitió a David poner su talento al servicio del Imperio como el pintor de Bonaparte, a quien retrató en el ápice de su gloria, cuando Napoleón se corona a sí mismo y a su esposa Josefina, emperador y emperatriz ante la mirada atribulada del Papa Pío VII, “invitado” para que hiciese acto de presencia en la Catedral de Notre Dame, el 2 de diciembre de 1804.

David trabajó a lo largo de tres años para finalizar esta galería de personajes. En primer lugar, el historiador Louis Thiers sembró el mito de que Napoleón arrebató la corona al Papa, impaciente ante la parsimonia del pontífice. Esto no fue así, Napoleón se coronó a sí mismo simbolizando la voluntad del pueblo.

La familia del emperador se encuentra a la derecha y arriba del cuadro. Allí se destaca la madre de Napoleón, María Leticia. A raíz de un pedido de ella, David incurrió en un anacronismo e incluyó al padre de Napoleón en la coronación a pesar de haber muerto 10 años antes. Napoleón vio con buenos ojos esta inclusión.

La asistencia del Papa a la coronación fue una jugada audaz. En primer lugar, satisfacía las inclinaciones religiosas de los franceses y, a su vez, mostraba la sujeción de la Iglesia a las políticas “republicanas” conquistadas durante la revolución, una mezcla que solo el poder de Napoleón podía aglutinar. En la versión original del cuadro, el Papa figura con sus manos sobre las rodillas. Napoleón, que supervisaba personalmente la obra, le dijo “No lo hice venir de tan lejos para nada”. David, entonces, lo pintó dando su bendición.

Desde ya que David no dejó pasar la oportunidad para retratarse entre los dignatarios, atrás de la familia real, en un lugar de privilegio. A su lado está el príncipe de Talleyrand, aquel que hizo célebre la definición de política como “el arte de lo posible” y al que Napoleón llamaba “mierda en una media de seda”, pero al que mantenía en su puesto gracias a sus habilidades diplomáticas.

Ante el retorno de los Borbones al poder, David prefirió poner distancia a cualquier recriminación sobre conductas pasadas y se refugió en Bruselas, donde retomó la veta mitológica buscando la belleza ideal propugnada por Winckelmann, alejado de las sutilezas políticas que tantas gratificaciones y también críticas le habían acarreado en el pasado.

“En el arte, es más importante cómo se plasma la idea y cómo se expresa, que la idea en sí misma”, confesó David a esa altura de su ajetreada vida, cuando la mesura que otorgan los años había aplacado sus pasiones juveniles. Entonces pintó su última gran obra, Marte desarmado por Venus y las Gracias. Las guerras de poco sirven ante la belleza y el bon esprit parece ser el mensaje para la posteridad que nos ha dejado Jacques-Louis David.

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        <p><i>La coronación de Napoleón (detalle) </i>• Jacques-Louis David • 1807 •  Museo del Louvre, París, Francia.</p><p></p>

La coronación de Napoleón (detalle) • Jacques-Louis David • 1807 • Museo del Louvre, París, Francia.

Extracto del libro La Marea de los Tiempos de Omar López Mato.

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