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Niccolò Paganini

Su nombre es sinónimo de virtuosismo y talento mefistofélico, ya que todos hablaban de un pacto con el diablo para adquirir esa técnica, mito que Niccolò Paganini aprovechaba para incrementar su fama.

Niño prodigio, antes de cumplir los catorce años dominaba ya todos los secretos del violín, al extremo de que sus profesores reconocían no tener nada más que enseñarle. La gira que emprendió en 1828 por ciudades como Viena, Praga, Varsovia y Berlín lo consagró como el mejor violinista de su tiempo, capaz de extraer al instrumento músico sonidos y efectos inconcebibles, y le valió la fascinada admiración de personalidades como Franz Liszt.

Como sea que fuere, a los 9 años Niccolò Paganini hizo su primera aparición pública, realizando su primera gira por varias ciudades de Lombardía cuatro años más tarde. Sin embargo, desde los 16 años, Paganini comenzó a digerir mal el éxito y a llevar una vida disipada: se dedicó al juego y sus continuas pérdidas le obligaron a vender hasta su propio violín; aunque, afortunadamente para él, al parecer un admirador suyo le regaló el famoso violín Guarnerius (fabricado por Giusseppe Guarnero) con el que asombraría al mundo.

Su estilo brillante y, en ocasiones, efectista, desarrolló de manera considerable las posibilidades técnicas del violín, explorando diversos recursos como las triples cuerdas, glissandi, pizzicati y arpegios, aprovechados en sus propias composiciones. Entre las obras de su autoría destacan los Veinticuatro caprichos para violín solo Op. 1 (1818), seis conciertos para violín y orquesta, nueve Cuartetos para guitarra y arcos (1806-1816) y piezas como La danza de las brujas (1813) y Tarantella (1830).

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El secreto del músico Niccolò Paganini

El magnífico Niccolò Paganini es uno de los de los músicos más virtuosos que nos ha dado la historia. Nacido en Génova en 1782, su inigualable talento musical y personalidad enigmática han atrapado el interés de la sociedad y la cultura durante décadas, siendo protagonista de misterios y leyendas que encierran su nombre buscando revelar el gran enigma que creen que se esconde tras semejante virtuosismo.

Mitos y leyendas

La leyenda del músico comienza en su temprana edad, cuando su madre soñó que Niccolò Paganini sería un gran violinista.

A partir de ese momento sus padres lo obligaron a practicar 10 horas diarias esta tarea, logrando en poco tiempo eclipsar incluso la labor de sus maestros.

Niccolò Paganini, nació el 27 de octubre en Génova, Italia. Guitarrista, violinista y compositor. Procede de una familia muy humilde y quien, desde muy corta edad, dejó florecer sus talentos musicales que, hoy en día lo perpetúan en la memoria musical de la historia.

Un niño prodigio de eso no cabe duda, no tenía aún catorce años, y ya era capaz de dominar por completo el violín; sus maestros lejos de enseñarle, recibían el más grande aprendizaje, pues el chico ya lo sabía todo al respecto.

En 1828 emprendió una gira por Praga, Viena, Berlín y Varsovia, y en ella se consagró como el más destacado violinista de aquella época. Dueño de una capacidad impresionante para emitir con su instrumento, sonidos y efectos antes nunca pensados, inconcebibles de realizar y que, en sus manos versátiles, todo era posible, a nivel musical.

A pesar de que Paganini no era un hombre atractivo, ejercía cierta atracción sobre las bellas mujeres que muchos jamás pudieron comprender.

Quizás se deba a su personalidad cautivante que fue capaz de conquistar los corazones de Elisa y Paulina, hermanas de Napoleón Bonaparte y la bailarina Antonia Bianchi con quien tendría un hijo.

Paganini alcanzó la fama muy rápido y; a diferencia de grandes talentos musicales de la época que vivían en la ruina, supo hacer de su arte un negocio rentable. Con 41 años era un personaje reconocido, admirado y se daba el lujo de cobrar copiosos honorarios.

No obstante, a pesar de la gran fortuna que supo cosechar en tiempo record, el músico mantuvo siempre un perfil bajo y esto se manifestó fundamentalmente en su modo de vestir, su vestuario estaba compuesto por trajes oscuros deshilachados que lo acompañaron por décadas.

La habilidad de Paganini con el violín era sumamente extraordinaria. Niccolò era capaz de interpretar notas imposibles de ejecutar para sus pares y esto dio pie a rumores y leyendas que le daban cualidades extraterrenales.

Guardando cierto paralelismo con Mefistófeles, uno de los personajes de Fausto (Goethe) nació la leyenda en la cual se sostenía que Paganini en una oportunidad había asesinado a uno de sus rivales y por ello se lo había condenado a la prisión, lugar donde el músico habría vendido su alma al demonio a cambio de esa destreza y talento universal insuperable por los siglos de los siglos… Aunque en realidad, su virtuosismo de debía a una enfermedad.

El síndrome de Marfan

Ningún músico logró jamás equiparar a Paganini y uno de los motivos fundamentales de ello se debió a su increíble flexibilidad articular.

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El misterio del codo de Paganini

Su hombro y codo poseían una gran elasticidad que le permitía incluso, cuando su codo se cruzaba por encima del otro codo, tocar la palma de su mano con la uña del dedo pulgar, hiperlaxitud que lo hizo capaz de ejecutar tres octavos sin el más mínimo esfuerzo.

En reiteradas ocasiones le pedían al maravilloso compositor que revelara la fuente de su secreto a lo que Niccolò Paganini siempre respondía que lo haría al momento de retirarse, algo que jamás sucedió, pero cientos de años después la respuesta se encontraría en un problema con su tejido conectivo, el síndrome de Marfan.

Este síndrome permite un estiramiento único de las articulaciones

Paganini poseía hipermovilidad y laxitud articular, lo que permitió revelar el secreto del misterio: independientemente de ser uno de los compositores más geniales de todos los tiempos, podía interpretar notas únicas e imposibles para otros músicos gracias al síndrome de Marfan.

Pocos días antes de su fallecimiento, con 58 años de edad, Niccoló Paganini se negó a recibir la extremaunción, hecho que le valió que el arzobispo de Niza le negara sepultura eclesiástica y que no hizo más que alimentar el mito del pacto del músico con el demonio.

El cuerpo del genio Paganini fue embalsamado, permaneció en el sótano de su hijo Aquiles por un año y luego de una larga peregrinación de su cadáver por varios cementerios, el músico fue enterrado en Parma, lugar donde se encuentra hoy en día.

Un misterio, un pacto con el demonio y muchas otras versiones se le atribuían a su manera tan particular, versátil y fantástica de interpretar y manejar el violín.

Como era de esperarse entre sus pertenecías era lógico que hubiera un violín; sin embargo, se pudo verificar entre sus posesiones contaba, no con uno, sino con siete violines Stradivarius; teniendo entre estos, un Guarneri del Gesù de 1742, el célebre “Cannone” que se encuentra en la actualidad en el Palacio cívico de Génova.

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