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Mariano José de Escalada y Bustillo de Zevallos

Mariano José de Escalada y Bustillo de Zevallos nació en Buenos Aires, el 26 de noviembre de 1799, siendo hijo de don Francisco Antonio de Escalada y Sarría, y de doña Gertrudis Bustillo de Zevallos y Ryan. Cursó estudios en el Real Colegio de San Carlos. Ante la ausencia del Obispo de la Argentina que pudiera conferirle las sagradas órdenes e impulsado por decidida vocación sacerdotal, viajó a Chile donde completó sus estudios y obtuvo el grado de doctor en teología. El obispo Mons. José Santiago Rodríguez Zorrilla le confirió la tonsura y las órdenes menores el 13 de abril de 1821, y le consagró presbítero el 3 de noviembre de 1822, a los 23 años de edad. Dos días después, dijo su primera misa. De regreso a Buenos Aires se destacó por sus notables cualidades en la oratoria sagrada. Mons. Mariano Medrano, después Obispo de Buenos Aires, le hizo su secretario, y en su compañía se trasladó a Río de Janeiro para recibir su consagración como diocesano. El 25 de octubre de 1831, fue nombrado Provisor y Vicario General, cargos que ocupó hasta fines de marzo de 1834, fecha en que renunció. Fue electo Obispo de Aulon in partibus, el 2 de junio de 1835 por Gregorio XVI, y consagrado el 21 de junio del mismo año, de manos de Mons. Medrano en la iglesia de San Ignacio. El novel prelado compartió las tareas del diocesano, y dedicóse con infatigable celo a la obra de las misiones rurales. Al producirse el retorno de la Compañía de Jesús, en 1836, pronunció Mons. Escalada en dicha iglesia el 6 de noviembre, un sermón panegírico de acción de gracias que corre hoy impreso. En esa pieza oratoria realizó “un elogio pocas veces superado de la Compañía de Jesús”. Débese destacar también el franco apoyo que prestó a la recta doctrina del Patronato Regio, sustentada en Roma en contra de la opinión de constitucionalistas argentinos. En el archivo Vaticano existen cartas de Mons. Escalada a Mons. Fabrini de 1833 y 1834 – siendo este último, en ese entonces, delegado apostólico ante la Corte de Río de Janeiro –, en la que se demuestra el profundo conocimiento teológico del representante de la iglesia argentina. Los asuntos eclesiásticos del Río de la Plata, por el entredicho existente, no se tramitaba directamente con Roma, y todo lo que interesaba a la Iglesia argentina pasaba por el representante del Papa ante la Corte de Río de Janeiro. Son documentos de gran valor histórico que ha publicado don José Pacífico Otero. De 1836 a 1839, fue elegido diputado a la Legislatura de la provincia de Buenos Aires.

Se opuso a la política del gobernador Juan Manuel de Rosas en 1840, por lo cual éste lo declaró su enemigo y le fijó la ciudad por cárcel. Permaneció aislado hasta la caída de Rosas en 1852, en que fue designado miembro de la Comisión de Notables que se apersonaron al general Urquiza para pedirle garantías políticas. En dicho año, fue electo nuevamente diputado, cargo que declinó. En 1855, se le consagró Obispo Diocesano. Su acción abarcó todos los órdenes ante el problema de la falta de clero diocesano, se empeñó en la erección del Seminario, que se abrió en su quinta de Salinas, el 12 de marzo de 1857. En su afán misional recorrió la campaña y dio a los pueblos su ayuda espiritual. Favoreció la venida al país de los Lazaristas, Bayoneses, Escolapios y de las Hermanas de Caridad. Auspició por todos los medios a su alcance el mayor aprovechamiento del clero. Por bula del 5 de marzo de 1865, la sede bonaerense era elevada a la categoría de arzobispado, y Escalada fue designado primer Arzobispo de Buenos Aires. Partió hacia Roma, el 26 de setiembre de 1869, para asistir al Concilio Ecuménico Vaticano bajo el Pontificado de Pío IX. En esa ciudad, le sorprendió la muerte el 28 de julio de 1870. Embalsamado su cadáver por disposición del Santo Padre, llegaron sus restos a Buenos Aires el 5 de marzo de 1871, siendo depositados en la Catedral Metropolitana hasta el 28 de julio, fecha en que fueron trasladados para su descanso definitivo a la iglesia Regina Martyrum de esta ciudad. Sus honras fúnebres fueron presididas por S. E. el Cardenal Moreno, Arzobispo de Valladolid, y la misa pontificada por el doctor Pedro de Puch, Arzobispo de La Plata (Bolivia). La prensa argentina rindió cumplido homenaje a sus merecimientos, pudiendo verse La Nación, del 10 de setiembre de 1870, y los artículos de Guido y Estrada registrados en La Discusión, del 9 del mismo (reproducido en La Tribuna e Intereses Argentinos, y en la Revista Argentina, correspondiente al 1º de octubre de 1870.

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