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Los cuatro evangelistas

Existe un razonable consenso en reconocer que los evangelios de Marcos, Mateo y Lucas (llamados evangelios sinópticos) son las fuentes principales de información sobre la vida de Jesús. El cuarto evangelio, de Juan, es muy diferente a los otros tres.

Marcos era un judío nacido en Jerusalén, hijo de María, una viuda discípula de Juan Bautista, de alta posición social, dueña de la casa en la que Jesús celebró la Última Cena con sus discípulos y del huerto de Getsemaní, lugar al que Jesús se retiró a orar y en el que fue arrestado. En esa misma casa se ocultaron algunos apóstoles luego de morir Jesús. Marcos estaba cerca de Jesús cuando fue arrestado, huyó del lugar y quedó desnudo al zafarse la sábana cuando trataron de aprehenderlo también a él. Marcos tenía entonces doce o trece años.

Marcos no fue discípulo de Jesús; fue discípulo de Pedro y más tarde se acercaría a Pablo. Era primo de Bernabé, un levita (encargado del templo) de Chipre. Marcos también se hizo levita, y cuando Bernabé (importante en los inicios de la cristiandad) y Pablo fueron de Jerusalén a Antioquía (Asia menor, hoy Turquía, sobre el mediterráneo, frente a Chipre) Marcos viajó con ellos como su ayudante; fueron sus primeros pasos en la evangelización, que luego durante mucho tiempo desarrollaría sobre todo en Egipto. Fundó la iglesia de Alejandría, lugar donde falleció.

Su evangelio fue el primero que se escribió, entre los años 65 y 71. Fue escrito en griego, idioma al que traduce términos arameos o hebreos, lo que hace pensar que sus escritos estaban dirigidos a gente fuera de Palestina, romanos, etc, que seguramente conocían poco del judaísmo palestino. Se cree que Marcos escribió el texto basado en las prédicas de Pedro y Pablo, sus dos maestros. Es el evangelio más breve, no tiene datos geográficos sobre Palestina y no hace referencia a la vida temprana de Jesús, sino que se centra en el tramo final de su vida, desde que comienza a predicar. El estilo es sencillo, rústico, con el lenguaje común y vulgar de los estratos populares; resalta la humildad y el sufrimiento de Jesús y busca demostrar que Jesús es el Hijo de Dios relatando milagro tras milagro. Marcos pone en boca del centurión romano lo que busca dejar claro en su evangelio: “verdaderamente, este hombre era el Hijo de Dios”.

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La primera página del Evangelio de Marcos en armenio, de Sargis Pitsak, siglo XIV.
La primera página del Evangelio de Marcos en armenio, de Sargis Pitsak, siglo XIV.

Mateo era galileo, nacido en Cafarnaúm, una ciudad llena de mercaderes y comerciantes. Su oficio era el de publicano (recaudador de impuestos para los romanos). Cuando Jesús lo convoca como discípulo (fue el séptimo convocado), Mateo, que era un hombre rico, culto y sabio, decide aceptar el costo que significaba seguir a Jesús y deja su familia y su oficio.

Mateo era diferente a los discípulos que hasta entonces seguían a Jesús, pescadores pobres, rústicos e ignorantes. Era mirado con desprecio por los otros discípulos, ya que el hecho de ser recaudador era muy mal visto por los judíos. Palestina era una especie de teocracia; al ser conquistada por Roma pasó a ser una provincia romana, pero los judíos consideraban un sacrilegio pagar impuestos a los romanos, así que quien “colaboraba” con eso (o sea, los recaudadores) eran considerados algo así como traidores. Mateo sobrellevó ese desprecio con entereza, y luego de morir Jesús predicó su palabra por Judea y sus cercanías. Murió en Hierápolis (Turquía).

El evangelio de Mateo fue redactado en arameo, posiblemente en Siria, en los años 80. El evangelio parece destinado a cristianos de origen judío, y su redacción es claramente judía. A diferencia del de Marcos, este evangelio (como el de Lucas) incluye relatos sobre el nacimiento y la infancia de Jesús, hace referencias al Antiguo Testamento y refleja escenas de la realidad de la sociedad judía del momento. El lenguaje transmite humildad y un componente “eclesiástico”, respetuoso de la ley, en el que sostiene a Jesús como el emblema de la “nueva ley judía”: amar al prójimo.

Lucas era un médico nacido en Antioquía (Asia menor, hoy Turquía), ciudad que era centro de comercio internacional ya que era escala de las rutas comerciales que venían de oriente y llegó a ser la tercera ciudad del Imperio Romano (detrás de Roma y Alejandría). Fue en Antioquía donde los seguidores de Jesús se llamaron por primera vez cristianos, y donde Pablo y Bernabé iniciaron la internacionalización de la iglesia cristiana.

Lucas era un pagano no judío que no conoció a Jesús. Cuando se hizo cristiano viajó a Roma y conoció a Marcos y a Pedro. Luego conoció a Pablo de Tarso (San Pablo), se hizo su discípulo, fue su confidente y su médico y viajó con él desde el año 50. Se transformó en un viajero incansable, un verdadero misionero, predicando por todos lados en forma enérgica y persistente. Luego de la muerte de Pablo siguió predicando en Macedonia, en toda Asia menor y falleció en Beocia (hoy Grecia occidental).

Lucas era un hombre inteligente y erudito; además de su evangelio, escribió los Hechos de los Apóstoles y una extensa obra sobre los orígenes del cristianismo. Su evangelio fue escrito alrededor del año 85 en Antioquía, está escrito en griego y parece estar dirigido a comunidades griegas anteriormente paganas, lejanas al judaísmo. El estilo es el de un hombre culto, educado en la cultura griega (conocía muy bien su lengua y su literatura), de buena pluma. En su evangelio aparecen algunos episodios ausentes en los otros evangelios, como el del buen samaritano.

En realidad Lucas no “firmó” su evangelio; se acepta tradicionalmente que fue escrito por él porque es el que utiliza más términos médicos, porque se acepta que está escrito por el mismo autor de los Hechos de los Apóstoles (ambas obras tienen el mismo estilo y escritura), porque en dicha obra se expresa que fue escrita por “el compañero de Pablo”, porque ambas obras están dedicadas a un mismo personaje, “Teófilo”, que parece ser un nombre en clave (Teófilo se interpreta como “amante o amigo de Dios”) y porque en el prólogo de los “Hechos...” se hace referencia a una “obra precedente”.

El mensaje de este evangelio es más “universal”, menos “judío”. Lucas no era judío, y Pablo, su maestro, era romano, lo cual generó bastantes rispideces iniciales entre Pablo-Lucas, por un lado, y Santiago-Pedro-Juan, por el otro. Transmite que cada cristiano es un templo de Dios, que Yahvé no está ubicado exclusivamente en determinados lugares santos como el templo de Jerusalén, sino que Dios está presente en cualquier lugar del mundo donde haya un cristiano.

Juan, apóstol y evangelista, fue un galileo nacido en Betsaida. Su madre, Salomé, era hermana de María, la madre de Jesús; por lo tanto, Juan era primo de Jesús. Él y su hermano fueron discípulos de Juan el Bautista. Juan era el más joven de los doce apóstoles, era pescador (como su padre Zebedeo) y trabajaba con su hermano Santiago en asociación con Andrés y Pedro.

Se sentaba habitualmente a la derecha de Jesús cuando los doce estaban comiendo, era el “discípulo amado” de Jesús. Era valiente (fue el único que permaneció junto a Jesús cuando lo arrestaron y lo acompañó hasta su última hora), leal, dedicado, algo vanidoso e intolerante. Era tranquilo, reservado, de pocas palabras, le preocupaba ver a Jesús sin hogar y lejos de su familia y temía que sufriera por ello.

Después de la muerte de Jesús se acercó más a Pedro, de quien se transformó en su brazo derecho en el inicio de la cristiandad hasta convertirse en uno de los pilares fundamentales de la iglesia de Jerusalén. Después de la muerte de Pedro y Pablo se estableció en Éfeso (Asia menor, Turquía, sobre el mar Egeo), lugar donde se escribió su evangelio, hacia la década del 90. Fue el último evangelio en escribirse, luego del cual Juan fue llamado Juan el evangelista. Juan formó un grupo de discípulos que se encargó de la redacción final de sus escritos; de hecho, la falta de unidad en su redacción y en el estilo instalan la posibilidad de que el evangelio de Juan fuera una obra escrita por esta comunidad fundada alrededor de Juan.

Varios años después del martirio de su hermano Santiago, Juan se casó con la viuda de su hermano. Estuvo varias veces en la cárcel y fue desterrado a la isla de Patmos (sobre el mar Egeo) por un período de cuatro años, exilio durante el cual escribió el libro del Apocalipsis. Juan se transformó en el teólogo más importante de los doce apóstoles, viajó mucho y después de convertirse en obispo de las iglesias de Asia se estableció en Éfeso. Una nieta amorosa le cuidó durante los últimos veinte años de su vida. Se acepta que murió de muerte natural en Éfeso en el año 103, a los ciento un años de edad.

El texto de este evangelio, muy diferente de los otros tres, parece ser el resultado de una larga elaboración literaria y parece estar dirigido a un público ávido de filosofía griega. Es una obra meditativa, que relata pocos hechos históricos concretos. El evangelio de Juan no sólo contiene muchos pasajes que no aparecen en los otros evangelios (por ejemplo, las bodas de Caná), sino que aun los pasajes similares son presentados de forma totalmente distinta en cuanto al contenido, al lenguaje y a las expresiones de Jesús. El evangelio de Juan insiste en la interpretación simbólica de los acontecimientos, que apelan a la reflexión y que deben ser reconocidos por quien los lee. Juan insiste en la relación estrecha que une a Jesús con Dios; presenta a Jesús como el Verbo, “el Logos que estaba junto a Dios y se hace carne poniendo su morada entre nosotros”.

¿Cómo saber si los textos evengélicos son veraces y confiables? Actualmente son aceptadas, como fuentes principales de datos, la tradición oral, las informaciones personales, la información de escritos anteriores (Mateo y Lucas habrían sacado datos del evangelio de Marcos, el primero en escribirse) y la “fuente Q”.

La fuente Q es una fuente de origen de textos evangélicos que está en discusión entre los estudiosos modernos del evangelio. Supuestamente está basada en la tradición oral y contendría un conjunto de hipotéticos dichos de Jesús, aunque otro grupo sostiene que la fuente Q fue un documento escrito redactado en griego cuyo contenido aparece en el evangelio de Mateo y Lucas. Otros sostienen que la fuente Q es tanto oral como escrita. Finalmente, otra línea de estudio sostiene la posición de “las dos fuentes”, que dice que tanto Mateo y Lucas habrían utilizado a Marcos y a la fuente Q como fuentes para sus escritos.

En definitiva, lo que sí es indiscutible es que el contenido de estos textos considerados sagrados han influido e influyen, han regido y rigen, la vida de miles de millones de personas a lo largo de la historia.

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