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Los comandantes de la rendición

Generalmente conocemos de los personajes históricos sus cinco minutos de gloria o de perdición, y poco o nada sobre su origen o destino. Beresford y Whitelocke fueron comandantes británicos derrotados en el Río de la Plata. Conocemos sus nombres y su actuación durante las invasiones, pero ¿qué sabemos de sus vidas? Estas son sus historias.

William Carr Beresford tenía 38 años cuando asistió al comodoro Home Riggs Popham en la segunda y definitiva conquista del Cabo de Buena Esperanza. Popham había conocido a Francisco de Miranda en 1803 y sabía de sus proyectos para liberar las colonias españolas. El asunto se había manejado al más alto nivel, y el mismo ministro William Pitt y el almirante Melville, gracias al informe de Miranda, habían diseñado un plan de conquista. El tema quedó en el olvido hasta que, estando el comodoro Home Popham en Sudáfrica, se enteró de la compleja situación en España. Home Popham era hijo de un diplomático británico que tuvo ¡44 hijos! Popham era el vigésimo. A los 13 años ingresó a la Universidad de Cambridge, donde estuvo solo un año, ingresó a la Armada Británica y comenzó una distinguida carrera, en la que también se destacó como cartógrafo.

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<font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif">William Carr Beresford.</font>
William Carr Beresford.

Viendo la oportunidad de hacerse del tesoro que se acumulaba en Buenos Aires, debido a la pérdida del dominio de los mares por España, Popham solicitó y obtuvo el permiso de su superior, el generan David Baird, de poner en práctica el plan de conquista, que elaborará con Miranda. Beresford había tenido una brillante carrera peleando en Norteamérica, Tolón, Jamaica y la India, junto a Wellington. Fue designado comandante del ejército invasor que contaba con el legendario Regimiento 71 de Highlanders, una compañía de Infantería de Línea y 600 marinos. Un total de 1600 hombres se lanzaron a la conquista.

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Home Riggs Popham.
Home Riggs Popham.

Después de enviar el tesoro capturado en Buenos Aires a Londres, donde fue paseado como trofeo por las calles de la ciudad, las fuerzas inglesas fueron derrotadas y Beresford hecho prisionero. Con la ayuda de Manuel Aniceto Padilla y Saturnino Rodríguez Peña pudo escapar a Montevideo y allí asesoró al general John Whitelocke sobre cómo capturar Buenos Aires.

En 1807, Whitelocke tenía entonces 50 años y había participado en la conquista de Haití en 1794. Posteriormente luchó en la India y Egipto. Desde Ciudad del Cabo se dirigió a Montevideo, donde fue puesto al mando de las fuerzas británicas enviadas como refuerzo de Beresford, al mando de Sir Samuel Auchmuty, oficial que quedó subordinado a Whitelocke.

Diez mil ingleses intentaron tomar Buenos Aires, pero fueron derrotados, después de perder casi 2.000 hombres. Whitelocke se vio obligado a capitular.

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John Whitelocke.
John Whitelocke.

Vuelto a Inglaterra, Whitelocke fue sometido a Consejo de Guerra en 1808. El contraste sufrido por el ejército a su mando había sido considerado una “calamidad nacional”, y toda la responsabilidad cayó sobre él. Sus subordinados, Crawford, Gower, Torrens, y Duff señalaron su impericia, aunque también destacaron la “implacable hostilidad” de los locales que los desconcertó. Whitelocke fue condenado y declarado inepto para servicio por carecer “de celo, tino y esfuerzo personal”.

Murió en 1833, en Beaconsfield.

Samuel Auchmuty, había nacido en New York pero hecho su carrera en el ejército británico. Después del desastre en Sudamérica fue destinado a la India Británica, donde dirigió la expedición a Java. Su conquista le valió el título de Sir y la Orden del Baño. Combatió junto a Wellington en la guerra de Independencia Española y murió en 1822 por una desafortunada caída de su caballo.

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Samuel Auchmuty.
Samuel Auchmuty.

Popham fue juzgado por haber actuado sin autorización, pero supo defenderse hábilmente, recurriendo a las conversaciones que oportunamente habían mantenido con Miranda y Pitt. Solo fue reprendido. Después de todo, la flota inglesa no había sufrido mayores bajas. La captura del tesoro calmó los ánimos y Popham volvió a su exitosa carrera. En las calles de Portsmouth fue saludado como un héroe.

Vuelto al mando efectivo, tan solo meses más tarde capturaba Copenhague junto al duque de Wellington. A él lo acompañó en la campaña de la Península, en la que también intervinieron Auchmuty y Beresford. En 1814, por su actuación contra los franceses en las costas de España, Popham fue nombrado contralmirante y recibió la Orden del Baño. Fue comandante de la flota británica en las Antillas hasta su muerte en 1820.

Beresford, uno de los oficiales preferidos de Wellington, asistió en la toma de la Isla de Madeira, participó en la toma de Coruña y le tocó organizar al ejército portugués. Con éste hizo toda la campaña de la Península contra las tropas francesas. Venció a los franceses en la batalla de La Albuera, donde conoció a un oficial español distinguido por su coraje: era José Francisco de San Martín. Gracias a estas victorias fue nombrado duque de Elvas y conde de Troncoso, se le concedió el título de barón y una pensión de £ 2.000.

Wellington lo tenía en tal alta estima que, en caso de su muerte, Beresford debía sucederlo en el mando.

En 1816, Beresford pasó a Río de Janeiro para organizar la invasión de la Banda Oriental. En 1821 volvió a Inglaterra, donde participó en el gabinete de Wellington, a quien llamaban el duque de Hierro, por su enérgica conducción.

Junto a Francis Napier escribió una reseña de las campañas en España.

Belgrano, quien lo trató durante su permanencia en Buenos Aires, decía que era bravo y honrado. El general Beresford murió en 1854.

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