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La sombra de Osvaldo Soriano

Osvaldo Soriano, uno de los escritores más leídos de la década 80/90, nació el 6 de enero de 1943. Paso su infancia y adolescencia deambulando por pueblos de la provincia de Buenos Aires, donde su padre se desempeñaba como inspector de Obras Sanitarias. Matizaba las tardes pueblerinas con picados, donde nacería su pasión por el fútbol y su fanatismo por San Lorenzo.

Después de trabajar como sereno, comenzó su carrera como periodista en el “Eco de Tandil”, donde escribía –no podría ser de otra manera- sobre los avatares del balón pie.

A los 26 años tentó suerte en Buenos Aires, donde se integró a la redacción de la revista “Primera Plana”. No tuvo suerte, ya que ésta fue cerrada por la censura de gobierno militar (al parecer, el pecado fue revelar la edad de la señora del presidente argentino).

De allí pasó a “Semana Gráfica”, “Panorama” y “La Opinión”, a la vez que publicaba su primera novela: “Triste y solitario final”.

Un año más tarde escribió “No habrá más penas ni olvidos”, donde refleja la difícil situación política que vivía el país. Años más tarde se haría una película. Con Aída Bornik redactó el guion de una mujer, mientras trabajaba en “La Opinión” y la revista “Noticias”.

Después de la asunción de la Junta Militar, estando su vida en peligro, optó por trasladarse a Europa, donde conoció a Catherine Brucker, con quien se casó.

Junto a Julio Cortazar publicaron “Sin censura”, una revista mensual que analizaba la situación de los países latinoamericanos, a la vez que participaba en diarios como “Il Manifesto”, “Le Monde” (Francia), y “El País” (España).

Su novela, “Cuarteles de Invierno”, fue considerada por la crítica italiana, la mejor novela extranjera.

Vuelto al país, con sus novelas en un notable éxito de ventas, y comenzó a participar en la redacción de Página 12.

Sus libros fueron llevados al cine bajo la dirección de Héctor Olivera.

El cigarrillo minó su salud y murió en 1997 en la ciudad de Buenos Aires, cumpliendo la predicción de una de sus últimas obras: “Una sombra ya pronto serás”.

Fue enterrado en el Cementerio de la Chacarita. Su tumba, como decía su libro, es triste, solitaria y final.

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