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La Saturnalia

Muchos pueblos tenían un período anual de libertinaje en el que la ley y los preceptos morales de la sociedad se dejaban de lado. La población se entregaba al festejo extravagante y a los excesos, y las pasiones eran satisfechas en una forma que no era permitida en transcurso de la vida ordinaria.

Estas explosiones de jolgorio desatado, que con frecuencia degeneraban en orgías y crímenes, habitualmente estaban relacionadas con alguna de las temporadas agrícolas, ya fuera la siembra o la recolección, aunque al final fueron decantando hacia los fines de año. De todas estas celebraciones, la más conocida es la Saturnalia, que se llevaba a cabo en diciembre, último mes del calendario romano, y cuyo objeto era conmemorar el reinado de Saturno, dios de la siembra, la cosecha y la agricultura.

Resumidamente, el mito de Saturno sería más o menos así: los griegos consideraban el cielo como el más antiguo de los titanes y le daban el nombre de Urano. De la unión de Urano con la tierra (más bien con su diosa, Cibeles) nacieron dos hijos: Titán y Saturno. Saturno (para los griegos, Cronos), el menor, pidió a Titán ser quien reinara. Titán aceptó, pero le puso como condición que no criara hijos. Saturno se casó con Ops (para los griegos, Rea), con quien tuvo varios hijos, y para no romper el pacto con su hermano Titán, se los devoraba. Pero Ops se le plantó y ocultó a Júpiter, a Neptuno y a Plutón, y los hizo criar en secreto. Saturno se hizo el distraído, pero Titán descubrió el engaño y encarceló a Saturno y a Ops. Una vez adulto, Júpiter combatió a su tío Titán, lo venció y devolvió el imperio del cielo a su padre Saturno. Saturno (un desagradecido, parece) trató de matar a su hijo Júpiter, pero este también lo derrotó y se quedó con el imperio del cielo. Entonces, según el mito, Saturno quedó reducido a la condición de simple mortal, yendo a refugiarse al Lazio (cuya capital es Roma), donde se convirtió en rey, puso orden entre los hombres, les dio leyes y enseñó a los romanos a cultivar el suelo.

El reinado de Saturno fue llamado la Edad de Oro: la tierra producía en abundancia y no había guerras ni discordias. La propiedad privada y la esclavitud eran desconocidas y la armonía reinaba entre los hombres. Saturno, el buen dios y a la vez el rey afable, desapareció súbitamente, pero fue amado por años, su memoria perduró y se erigieron templos en su honor. La parte sombría de esto es que la leyenda dice que esos monumentos y altares eran efigies de víctimas humanas sacrificadas. En fin, verdadera o no, la historia da tela para cortar.

Sigamos con la Saturnalia. Esta especie de francachela de la antigüedad, que se desarrollaba entre comilonas, borracheras y una desenfrenada búsqueda del placer eran los rasgos salientes de esta especie de carnaval de la antigüedad, que duraba siete días y se celebraba en las casas, las calles y las plazas de Roma, entre el 17 y el 23 de diciembre.

El rasgo más notable de esta juerga era la licencia que se concedía en estos días a los esclavos. La diferencia entre las clases libres y las serviles quedaba abolida temporalmente; los esclavos podían sentarse a la mesa con sus amos, emborracharse como ellos e incluso injuriarlos, conductas que en cualquier otra época del año habrían sido castigadas con apaleamiento, prisión o muerte. Más aún: los amos no sólo no podían emitir ningún reproche sino que cambiaban su puesto con los esclavos y les servían la mesa para que comieran antes que ellos. Estos cambios ocurrían incluso en las funciones del Estado: algunos esclavos elegidos daban órdenes y cambiaban de hecho leyes por ese breve período conocido como “el reinado de las burlas”. A quien a quien le tocara en suerte gozar del título de rey, decretaba mandatos irónicos y burlescos a sus temporales súbditos: a uno que mezclase el vino, a otro que lo bebiera, a otro que cantara para él, a otro que lo elogiara en un discurso, a otro que se ridiculizara a sí mismo, a otro que fornicara ante su mirada, etc.

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Saturnalia de Ernesto Biondi (1909), en el Jardín Botánico de Buenos Aires.
Saturnalia de Ernesto Biondi (1909), en el Jardín Botánico de Buenos Aires.

La libertad permitida en esta fiesta suponía una imitación de la sociedad en los tiempos de Saturno, una especie de resurrección de su reinado. Esta hipótesis es confirmada por la narración de un manuscrito griego llamado “Martirio de san Dasio”, en la que se destaca un relato de los soldados romanos de Durostorum en tiempos de Maximiliano y Diocleciano, narración cuya autenticidad ha sido confirmada por estudios hagiográficos.

Esta narración describe que “el rey de las burlas”, el mencionado rey de la Saturnalia, era un hombre joven que era elegido treinta días antes del festival, a quien vestían de rey en conmemoración de Saturno. Así era presentado a la gente con plena libertad para entregarse a sus pasiones y placeres, por repugnantes que fuesen. Pero su reinado era corto y terminaba trágicamente, ya que al final del festival era degollado en el altar de Saturno. En el año 303 de nuestra era, ese destino le tocó al soldado cristiano Dacio, quien se negó a hacer el papel de dios pagano y ensuciar así los últimos días de su vida. Aún ante las amenazas de su jefe se negó a aceptar ese papel, y por esa razón fue de todas maneras degollado, en este caso varios días antes.

Este relato coincide con los relatos más antiguos aún conocidos sobre “el rey de la Saturnalia”, antiguo señor del desorden de esa festividad en la Roma contemporánea de Horacio y Tácito, en el primer siglo de nuestra era, en la que describía la función de un simple bufón cuya preocupación principal era la de mantener en auge el fuego de la fiesta descontrolada, llevando una corona bufonesca y terminando envuelto en una mortaja de rey. Era, en definitiva, la reiteración de la práctica universal en la Italia antigua, en la que el culto a Saturno implicaba escoger a un hombre que representaba su papel y gozaba de sus privilegios durante un corto tiempo y después moría, por propia mano o por mano ajena, representando al buen dios que da la vida por el mundo.

Con el paso del tiempo, el avance de la “civilización” fue atenuando esta costumbre cruel asociada a la Saturnalia, transformándola en una ficción mucho más inocente; sin embargo, en lugares alejados y ámbitos rudos, aquella práctica de excesos seguidos de muerte sobrevivió durante un tiempo más. Luego de la unificación italiana (el proceso histórico que a lo largo del siglo XIX llevó a la unión de los diversos Estados en los que estaba dividida la península itálica), esa costumbre bárbara y criminal fue suprimida por el gobierno romano.

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