HistoriaJuan Ramón Balcarce | Félix de Olazabal | Encarnación Ezcurra | Juan Manuel de Rosas

La Revuelta de los Restauradores: Rosas al poder

Después de que la Junta de Representantes le negara a Juan Manuel de Rosas el uso de las facultades extraordinarias en diciembre de 1831, los leales a su causa buscaron la excusa para que volviese a asumir el gobierno, gozando de la suma del poder público. El clima político se fue enrareciendo y las circunstancias se tornaron más adversas para el gobierno del general Juan Ramón Balcarce, mientras Rosas encabezaba la Conquista del Desierto que lo proyectaba al estrato más alto de la política nacional. En el ínterin, su esposa, Encarnación Ezcurra, y un grupo de leales de la Sociedad de los Restauradores, tramaban el retorno de Don Juan Manuel al poder. Se estaba gestando la Revolución de los Restauradores.

Si bien Juan Ramón Balcarce era de extracción federal, progresivamente se fue alejando de la esfera de influencia del Restaurador e incorporando figuras como Enrique Martínez y Félix de Olazabal, que no eran del agrado de Rosas. Además, tanto Balcarce como Martínez habían expresado su intención de dotar a la Provincia de Buenos Aires de una constitución, circunstancia que atentaba contra la intención de tener facultades extraordinarias.

Para 1833 el Partido Federal se dividió, no todos aceptaban el dominio de Don Juan Manuel de Rosas. Es así como surgen los Apostólicos, como Anchorena, Arana y Maza, que siguen las órdenes del Restaurador, y los Cismáticos, que pretenden liberarse de su tutela.

Mientras Rosas lidiaba con la indiada, su esposa, Encarnación Ezcurra, lidiaba con estos rebeldes con un grupo de fervientes seguidores, nucleados en la Sociedad Popular Restauradora. Esta agrupación era liderada por Vicente González (apodado el Carancho del Monte), y con el tiempo y la vehemencia daría lugar a la tristemente célebre Mazorca.

rosas restauradores

Las diferencias se llevaron al campo de la prensa, donde cada grupo expresaba sus opiniones en forma vehemente, sin dudar en llegar a vituperar a los oponentes. Entre éstos periódicos, se destacaba “El Restaurador de las Leyes”, dirigido por Nicolás Mariño, una de las plumas más mercuriales de la prensa rosista. El fiscal Pedro Agrelo encontró alguno de los textos del “Restaurador” insultantes y decidió enjuiciar a su director.

Fue entonces que los Apostólicos perpetraron una astuta maniobra, empapelando la ciudad con carteles donde se difundía la noticia del enjuiciamiento del “Restaurador de las Leyes”, omitiendo, ex profeso, que se refería al periódico y no a Rosas.

El 11 de octubre se reunió una multitud frente a los tribunales con la intención de defender a Rosas (que estaba a leguas de distancia, luchando contra la indiada). A las pocas horas la ciudad estaba paralizada. A la vez, le llegó al ministro Martínez una carta por el propio Juan Manuel advirtiendo que, si bien no iba a tomar las armas contra el gobierno, apoyaba la expresión popular. La efervescencia fue en aumento, hubo distintos choques entre las fuerzas del gobierno y los Apostólicos, hasta que Balcarce se vio obligado a dimitir el 4 de noviembre.

Si bien la Junta de Representantes le ofreció a Rosas el gobierno, éste lo rechazó por la no inclusión de la suma del Poder Público.

Juan José Viamonte fue nombrado gobernador, pero ya estaba jugado su destino. Doña Encarnación tensó los hilos del poder, y movió al coronel Cuitiño y Parra al frente de sus mazorqueros dispuestos a atacar las casas de las autoridades y todos aquellos que pudiesen resistirse a la voluntad apostólica. Ante la violencia desatada, varios opositores a la hegemonía rosista, optaron por el exilio en Montevideo. En 1835 Juan Manuel de Rosas volvió a ser gobernador, asumiendo con la Suma del Poder Público.

Al final, el Restaurador, se había salido con la suya.

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