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La revuelta de los espartaquistas en Alemania

A principios de 1919, Alemania parecía un estado leninista. El kaiser Guillermo había abdicado, el país estaba gobernado por los seis diputados de la Junta del Pueblo y los trabajadores ocupaban las fábricas.

No había habido purgas de burócratas ni de militares (desacreditados por la reciente derrota del ejército) después de la Primera Guerra Mundial, que acababa de terminar. De hecho, los oficiales militares eran para Friedrich Ebert (un socialdemócrata moderado que dirigía la junta de gobierno) le mejor defensa que tenía el Estado contra un eventual golpe estilo bolchevique.

El levantamiento empezó al proclamarse, en diciembre de 1918, el Primer Congreso Soviético de Alemania, en Berlín. Sus delegados, miembros de los "Consejos de Trabajadores y Soldados", y bajo fuerte influencia del recientemente formado Partido Comunista de Alemania, solicitaron, poco antes de Navidad, la destitución del mariscal Paul von Hindenburg como Comandante en Jefe del Ejército, la disolución del ejército regular y su sustitución por una "guardia civil" cuyos oficiales serían elegidos por sus hombres, esperando que gracias a su mejor organización podrían copar tales designaciones de oficiales. Además, la División de la Marina del Pueblo (algo así como mil marinos y otros tantos aliados partidarios) fue a Berlín para apoyar a los tres miembros socialistas independientes de la junta contra sus colegas más “moderados”. Ebert pidió a los “marinos” que se marcharan, y cuando éstos se negaron y, además, se amotinaron, llamó a las tropas leales. Pero los manifestantes obligaron a los soldados a retirarse (no tenían muchas ganas de pelear, parece, los soldados) mientras los “independientes” de la junta renunciaron y se plegaron a la protesta.

Las cosas fueron pasando a mayores, el jefe de policía de Berlín fue fusilado, y el 5 de enero los extremistas llenaron las calles y ocuparon los periódicos. El Partido Cominista (que anteriormente se llamaba la “Liga Espartaco”), no inició ni dirigió el levantamiento, pero depuso al Consejo (o mejor dicho, a lo que quedaba de él) y apoyó las huelgas y las luchas en las calles.Este alzamiento fue conocido como la “revuelta de los espartaquistas”.

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Resultó que los comunistas (ya puestos a pelear, peleemos) estaban menos unidos de lo que parecía. Algunos de ellos, como Rosa Luxemburg (una de los líderes izquierdistas más elocuentes y fundadora del grupo Espartaco) se oponían a las tácticas bolcheviques. Sin embargo, la facción de Luxemburg fue anulada por la facción más favorable al golpe, liderada por Karl Liebknecht (cuyo seudónimo, “Espartaco”, había dado el nombre a esa heterogénea liga).

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Luxemburgo dando un discurso.
Luxemburgo dando un discurso.

Claramente atemorizado, Ebert autorizó (más que autorizar, pidió) al ministro de Defensa, Gustav Noske, que llamara al Freikorps, un grupo de mercenarios dirigido por oficiales del kaiser que acababa de formarse (lo que se dice un grupo de elite).

Noske se hizo cargo de la situación. ”Supongo que alguien tiene que ser el cerdo”, fueron las palabras que eligió para definir su posición. Sutil, el hombre. Así, el Freikorps mató a unos mil doscientos berlineses, entre ellos a Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht. Y como se quedaron con las ganas de seguir, parece, también aplastaron una rebelión en Baviera. Todo el asunto duró apenas una semana.

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Finalmente se realizaron las elecciones planeadas y Friedrich Ebert (quién si no) se convirtió en presidente. La capital de la nueva república fue Weimar (la ciudad de Goethe). La nueva constitución resultó una de las más liberales del mundo, pero el pequeño detalle es que las instituciones militares estaban en manos de hombres que, en realidad, despreciaban el liberalismo. Y también el comunismo. Y también la democracia (adivinen de quiénes se trataba...).

Pero claro, Ebert había llegado al poder luego de haberles pedido su ayuda para sofocar la revuelta espartaquista, así que ahora tenía que convivir con ellos. Y esa alianza facilitó el camino para la llegada de los nazis y el ascenso de Adolf Hitler a los primeros planos.

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