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La Mafia, esa gran familia

La Mafia consigue muchas veces lo que quiere utilizando a sus matones. Sin embargo la mayoría de las veces los mafiosos logran lo que se proponen entablando una relación amistosa con las personas, congraciándose con las ellas, pidiendo simplemente lo que quieren.

Lucky Luciano es considerado el padre del Crimen Organizado en EEUU. Fue el primer capo de la familia Genovese y desarolló junto con Meyer Lansky el Sindicato Nacional del Crimen (nombre de fantasía dado por el periodismo), una especie de confederación del crimen que conectaba a varias organizaciones criminales. Dicha confederación está formada mayormente por la Mafia ítalonorteamericana y la Mafia judía, y en menor medida por la Mafia irlandesa y otros grupos étnicos de menor cantidad de miembros al momento de su formación. Luciano abogó además por instituir un consejo intermafioso llamado “La Comisión” (La Cupola), que es el órgano rector nacional de toda la Mafia italiana en EEUU, que se formó en 1931 y está dirigido por un “gobierno” formado por los jefes de las Cinco Familias de New York y el jefe de la Mafia de Chicago. La Comisión demarcó los terrenos de cada clan y gobierna y supervisa las actividades de La Cosa Nostra en EEUU.

Las Cinco Familias de la Mafia ítaloestadounidense de New York han dominado el crimen organizado en la ciudad desde fines del siglo XIX, aunque su poder visible ha disminuido desde los comienzos del siglo XXI ya que muchos de sus miembros han sido apresados.

Ellas son la familia Bonanno, la familia Colombo (también llamada Profaci por Joe Profaci, uno de sus fundadores), la familia Gambino (que en la película El Padrino es la familia Corleone, siendo Don Corleone el personaje que representa a Carlo Gambino), la familia Genovese y la familia Lucchese.

Las familias raramente usan el término “Mafia” para referirse al crimen organizado; se refieren a su organización como La Cosa Nostra, que significa “nuestra cosa”.

La estructura de la Mafia tiene rangos y jerarquías que se respetan y se sostienen a lo largo del tiempo. El conocido título de “Capo di tutti capi” (“jefe de todos los jefes”) en realidad no hace referencia a una persona, sino al conjunto de jefes que toman decisiones en conjunto, tal como ocurre en La Comisión.

El Don es el jefe de la familia. El Sottocapo es el subjefe, el eventual sucesor, la mano derecha del Don en asuntos “armados”, por así decir. Suele ser familiar directo del Don.

El Consigliere es el consejero y asesor, más referido a negocios y estrategia.

El Capo (o Caporegime) es que tiene a su cargo a un grupo de “soldados”. Cada familia tiene un número diferente de “regimes” (grupos de soldados, como pandillas organizadas dentro de la familia) que puede llegar hasta siete u ocho. Es como si fuera un capitán.

El Antonegra es el matón, el que se encarga del trabajo sucio.

El Soldado es el rango más bajo, el rango inicial. Deben hacer lo que se les mande, se trate de lo que se trate, desde matar gente hasta cobrar deudas o extorsionar. Deben ser sicilianos o descendientes de sicilianos.

Hay puestos aledaños: el “asociado” (aspirante a convertirse en soldado), no es considerado miembro de la familia, y si no es italiano nunca pasará de ese rango; el “avvocato”, que se encarga de los asuntos legales; el “numerale”, que es como un contratista o sicario a quien el Don le da órdenes o le hace encargos en forma directa, sin intermediarios; el “cassetto”, que es el que lleva las cuentas de la familia.

La Mafia es la corporación que más ha durado a lo largo de la historia. Prospera (al igual que muchas empresas) durante los buenos tiempos y crece inclusive más en los períodos de sufrimiento económico. Para la Mafia las épocas de abundancia o sequía no marcan diferencia.

Las sopas de Al Capone alimentaron a miles de personas todos los días durante la Gran Depresión. Bugsy Siegel y Meyer Lansky visualizaron un centro turístico multimillonario en el desierto, cuando sus contemporáneos veían en Las Vegas sólo una pequeña y empobrecida ciudad. La Mafia adquiere inmuebles en todo el país mientras millones de personas luchan para no ser embargadas. Y así hay cientos de ejemplos.

A pesar de la merecida reputación de violencia que tiene la Mafia, sus miembros más exitosos siempre han sido empresarios muy astutos con una visión poco común para los negocios e incluso con sólidos valores que traen desde sus orígenes.

Acostumbrados a la lucha diaria por la supervivencia primero y por la supremacía después, los mafiosos están muy preparados para triunfar en cualquier esfera y circunstancia. Los mafiosos que se han introducido exitosamente en el mundo legal han logrado “contener” su veta agresiva para no intimidar a aquellos con quienes hacían negocios, combinando una firmeza estricta con una persuasión carismática, enterrando pistolas y garrotes para revestirse con rasgos humanos más avanzados.

Muchas grandes y exitosas empresas pertenecen o son dirigidas por ex-mafiosos o incluso mafiosos activos. Aún siendo legales, su prosperidad se debe muchas veces a la política pulida, astuta y agresiva que los mafiosos emplean para todos los negocios, incluso los legales. Los mafiosos suelen ser hombres extraordinariamente hábiles para los negocios, y sus técnicas de gestión demuestran ser sin duda eficaces.

El éxito de la Mafia depende de la excelencia de sus servicios... y de la lealtad de sus satisfechos clientes

¿Cómo es posible que un mafioso de la calle se introduzca en el Vaticano, en la Casa Blanca, o sea miembro de la Junta Directiva de las empresas multinacionales más importantes? Prejuicios aparte, los mafiosos exitosos no son muy distintos a los empresarios de élite o los líderes políticos y tampoco se comportan de manera muy diferente.

La Mafia comparte puntos en común, en lo que hace a la distribución del poder, con cualquier gobierno o corporación; se necesita la misma astucia para ascender en la escala jerárquica de cualquiera de las tres organizaciones. Como la naturaleza humana es constante, una persona con destrezas diplomáticas, de liderazgo, de persuasión y con una ambición y astucia dispuestas a hacer lo necesario para triunfar, puede lograr el éxito en cualquiera de las tres organizaciones. Y la oveja negra de este trío de poder, la Mafia, es la mejor escuela: no pide requisito alguno (ni apellido, ni antecedentes, ni dinero, ni estudios) y un paso en falso no tiene retorno.

“Mi palabra es lo mejor que puedo ofrecer.” (Joe Profaci, fundador de la que luego sería la familia Colombo)

La Mafia tiene una línea de conducta simple, lineal y brutal a la vez, y justifica sus acciones de una manera entre ingenua y cínica. “Cuando era prestamista, jamás incrementaba el interés de los préstamos que concedía; al contrario, incluso reducía el interés como compensación por pagar antes de tiempo. Las empresas de las tarjetas de crédito incrementan el interés sin importarles tu historia, y además lo hacen sin tu consentimiento. ¿De dónde salen todas esas ocultas comisiones? “'Están en la letra chica,'” te dicen, “'usted debería haberla leído.'” Es como si yo, al aumentar los intereses de un préstamo, le hubiera dicho a alguien: “'cuando te dejé el dinero, te susurré eso; deberías haberlo oído.'” “Las agencias de cobro de deudas telefonean a las casas de las personas y acosan a cualquiera que conteste el teléfono; les da igual si tu madre o tu abuela están enfermas o a punto de morir. “'¡Me importa un carajo! ¡Páganos!'”, te dicen. Pueden pensar lo que quieran de la Mafia, pero sus códigos prohíben que los mafiosos se acerquen a la casa del hombre y mucho menos que acosen a su familia.” (Louis Ferrante, ex capo del clan Gambino).

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