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La luchadora incasable

Simone Veil, abogada, política y sobreviviente del holocausto, dedicó su vida al respeto por la memoria, al mejoramiento de las políticas de salud en Francia y al fortalecimiento de Europa.

El de Simone Veil es un nombre que resuena mucho últimamente. En la Argentina, aparece en general relacionada con el debate sobre la interrupción voluntaria del embarazo, ley que ella promovió activamente en Francia como ministra de salud en 1974. En su país acaba de ser noticia por el traslado de sus restos al Panteón en París, transformándose así en la quinta mujer en ser enterrada junto a las grandes figuras de Francia.

Es, por todo esto, que aún a 92 años de su nacimiento y a tan solo uno de su muerte, sigue siendo relevante recordar quién fue esta mujer excepcional, pionera en muchas de sus funciones y dueña de una vida que encarna muchas de las problemáticas del siglo XX en Europa.

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De Niza a Auschwitz

Su nombre original era Simone Jacob y nació en el seno de una familia judía en 1927 en Niza. Su infancia estuvo marcada por la crisis de económica en la década del 30 y su juventud por las penurias de la guerra. Luego de la ofensiva alemana de 1940 y del desembarco de la Gestapo en el sur de Francia en el año ’43, las cosas se volvieron muy complicadas para la familia Jacob. El 30 de marzo de 1944, el día después de haber rendido los exámenes finales del bachillerato, Simone y su familia fueron arrestados, excepto por una de sus hermanas que se encontraba oculta como parte de la resistencia.

Su padre y su hermano fueron deportados a Estonia, de donde nunca volvieron, y Simone, junto con su hermana y su madre fueron puestas en un tren con destino a Auschwitz. Luego de dos días de viaje, al arribar al campo de exterminio, Simone, de 16 años, mintió sobre su edad y se salvó de la muerte. Fue obligada a marchar de Polonia a Alemania a inicios de 1945 en la infame evacuación de Auschwitz conocida como la «marcha de la muerte». En el campo de Bergen-Belsen su madre murió de tifus, apenas un mes antes de la liberación a manos de los ingleses en marzo de 1945.

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Al volver a Francia, decidió callar sobre su pasado, como tantos otros sobrevivientes del Holocausto. Sin embargo, ella nunca logró escapar de su pasado y años más tarde hablando sobre esta experiencia afirmó: «Nosotros nunca hemos salido de la Shoah, vivimos en la Shoah».

Entre el silencio y la incomprensión, descubrió que había aprobado los exámenes que había tomado el día anterior a su detención y decidió dedicarse al estudio del derecho y de la ciencia política en el recientemente inaugurado Instituto de Estudios Políticos, conocido comúnmente como Sciences-Po. Allí conoció a su esposo, Antoine Veil, con quien se casó en 1946.

La ley Veil

Luego de dedicar casi una década exclusivamente a la vida familiar y a la crianza de sus tres hijos, ingresó en 1957 a la Magistratura como agregada del Ministerio de Justicia. En ese puesto tuvo una importante actuación bregando por los derechos de los detenidos y consiguiendo importantes victorias en la mejora del sistema penitenciario francés.

Su momento de mayor reconocimiento, sin embargo, llegó en 1974 cuando se convirtió en la primera mujer en ejercer un ministerio en la V República. Chirac, primer ministro del gobierno de Giscard d’Estaing la llamó para ocupar la dirección del Ministerio de Sanidad y Seguridad Social, encargándole además que promoviera la ley de interrupción voluntaria del embarazo (IVE) que el gobierno consideraba como una medida de urgencia.

Simone Veil, poco conocida en ese momento, sin considerarse feminista y sin siquiera pertenecer a un partido político, pensándose como una mujer de centro, se transformó en la defensora más apasionada del proyecto. A pesar de amenazas, insultos e incluso gestos de violencia como encontrar esvásticas pintadas en su auto, Simone siguió adelante. Se presentó frente a la Asamblea Nacional el 26 de noviembre de 1974 y dio un discurso de cuarenta minutos que la catapultó a la historia.

Después de un agitado debate, la ley que hoy lleva su nombre finalmente fue aprobada por ambas cámaras y promulgada a inicios de 1975.

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El sueño europeo y su legado

Con su nombre ahora conocido por todos, Simone Veil decidió, una vez terminado su período al frente del ministerio, entregarse a otro de sus objetivos: la unión en Europa. Para ella, lograr que se formara una Unión Europea sólida era evitar que se repitieran los horrores del pasado y, con esto en mente, se lanzó su candidatura como parlamentaria europea. No sólo su lista ganó con amplio margen, sino que en 1979 se transformó en la primera mujer en presidir el Parlamento Europeo. Su compromiso por la unidad europea era tal que, al terminar su mandato en 1982, siguió trabajando en la Comisión Jurídica del Parlamento hasta el año 1993.

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Ese mismo año, el primer ministro Eduard Balladur, la convocó una vez más como ministra de Estado en Asuntos Sociales, Sanidad y Ciudad, cargo que ejerció hasta 1995. Se mantuvo relevante en diversos cargos políticos y funciones, destacándose como la primera presidente de la Fundación para el Recuerdo del Holocausto, posición que ocupó entre 2001 y 2007.

Por decisión de todos los franceses, como afirmó Emmanuel Macrón el 1° de julio del 2018, los restos de Simone Veil se depositaron, junto con los de su esposo, en el Panteón nacional.

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