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Juan Bautista Thorne

Juan Bautista Thorne nació en Nueva York, el 8 de marzo de 1807. Era hijo de don Enrique Thorne, ingeniero naval, y de doña Margarita Breger. Hizo sus estudios en la escuela de marinería de su patria. En 1818, el comodoro Chelter lo llevó en viaje de instrucción al Río de la Plata. Luego realizó otros viajes a Francia, dio la vuelta al mundo por el Pacífico, y vino por segunda vez a América fijando su residencia en el Brasil hasta que, en 1825, se radicó en Buenos Aires.

El 1º de junio de 1826, fue dado de alta en la Armada como pilotín, siendo destinado a la barca “Congreso” durante la guerra contra el imperio del Brasil. De baja el 1º de setiembre de ese año, fue reincorporado en calidad de aspirante el 6 de enero de 1827, por pedido del comandante Santiago Bynnon. Bajo su mando se embarcó en la corbeta “Chacabuco” surta en Carmen de Patagones. Thorne contribuyó a la defensa de esa población en lucha contra las fuerzas navales enemigas, habiendo sido capturados todos los buques brasileños. Trasladado a uno de ellos, como segundo comandante hizo en 1827 una guerra de corso con los demás buques de la división argentina. Intervino en un reñido combate con el bergantín imperial “Pedro el Real”, donde fue herido y tomado prisionero. Se lo remitió a los calabozos de la fortaleza de Santa Cruz, en Río de Janeiro, donde permaneció un año hasta el fin de la contienda. De espíritu inquieto, nuevamente solicitó su baja para dedicarse a las actividades del comercio marítimo, pero en 1831, por segunda vez, fue reincorporado al servicio naval.

Ascendido a teniente el 23 de febrero, al año siguiente revistaba en el bergantín “Republicano”. Pasó como segundo comandante al bergantín-goleta “Gral. Balcarce” que formaba parte de la escuadra mandada por el coronel Coe que hizo la expedición al Uruguay contra los unitarios encabezados por el general Lavalle que había invadido la provincia de Entre Ríos para poner en el gobierno a López Jordán.

En 1833, le tocó el honor de ser el primero en remontar el río Colorado hasta alcanzar Patagones, en la campaña del desierto que hizo a las órdenes de Rosas. Thorne recibió la condecoración otorgada a los participantes, y fue promovido a capitán de marina, el 2 de agosto de 1834. Destinado como ayudante de la Capitanía del Puerto de Buenos Aires, en 1835, volvió al comando de la goleta “Sarandí”, encargada de la sanidad y vigilancia de ese puerto. Habilitado de la guarnición de la isla de Martín García, fue ascendido a sargento mayor el 10 de setiembre de 1838, y puesto al mando de la goleta “Manuelita”. Participó en el combate que se libró en la isla contra las fuerzas navales francesas superiores en número, en 1838, oportunidad en que cayó prisionero con el comandante Gerónimo Costa del que era su segundo, y el resto de la guarnición, siendo trasladados a Buenos Aires. El comandante Daguenet le pasó una comunicación al gobernador Rosas, haciendo resaltar el valor y decisión de esos dos militares. Después pasó a Entre Ríos a las órdenes del general Pascual Echagüe, y asistió a las batallas de Pago Largo, Cagancha, Don Cristóbal, Sauce Grande y luego Caaguazú, donde fue herido de un lanzazo.

Bajo el mando del almirante Brown comandó los buques “General Belgrano”, “9 de Julio” y el bergantín-goleta “Vigilante”, y en 1844, una escuadrilla que operó en el río Paraná. El 20 de noviembre de 1845, comandó una de las cuatro baterías que intentaron detener el avance de las fuerzas navales anglo-francesas que remontaban el río Paraná. En un lugar estratégico denominado Vuelta de Obligado, 21 cañones de los patriotas hicieron frente a más de 100 de los extranjeros. Con extraordinario valor, Thorne se expuso al fuego cruzado del adversario, comandando la batería “Manuelita” durante seis horas y se negó al término de combate a suspender su acción a pesar de sus heridas en la cabeza y la fractura de una pierna. La violencia del cañoneo a corta distancia del lugar donde se encontraba le hizo perder el sentido del oído hasta el fin de sus días, lo que le valió el apodo de “el sordo de Obligado”. Adicto al partido federal, luego de Caseros tuvo una breve actuación en el sitio de Buenos Aires por el ejército del general Hilario Lagos, sirviendo en sus filas, hasta que fue dado de baja el 15 de mayo de 1852. Enfermo y agobiado, solicitó su incorporación al Cuerpo de Inválidos, señalando en una nota: “Llevo en mi cuerpo las severas impresiones del plomo de Brasil, del plomo de Francia, del plomo de Gran Bretaña, y estos signos me hermosean a mi vista y me recrean al contemplarlos”. Dado de alta en el mismo, en 1855, ejerció la jefatura de la flota de la Confederación que mantuvo el bloqueo de los puertos paraguayos, siendo éste el último cargo. Falleció en Buenos Aires, el 1º de agosto de 1865. Se había casado con doña María Abad. En 1927, la Municipalidad inauguró un monumento suyo en el cementerio Británico, y el Gobierno argentino dio su nombre a una de las torpederas de la Armada Nacional. Al celebrarse el centenario de su nacimiento, el doctor Adolfo Alsina pronunció un discurso para recordarlo (“El País”, 11 de marzo de 1907).

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