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J.D. Salinger, el hombre que quería callar

En conmemoración a los cien años de su nacimiento y casi una década de su muerte, recordar a Salinger es encontrarse con la vida de un hombre que sufrió, encontró su vocación, alcanzó la fama con una de las novelas más importantes del siglo XX y luego, una vez en la cima, se retiró del mundo.

Escribir sobre Jerome David, más conocido como J.D., Salinger siempre tiene algo de paradójico ya que, aunque su vida eran las letras, fue un hombre que en definitiva eligió el silencio. No sin ironía, sus cuatro libros publicados en un espacio de 15 años tienen el estatus de clásicos y millones de personas conocen su nombre y su obra, pero su retiro prematuro y su decisión de abandonar el mundo público ha dado tanto o más que hablar que aquella.

Casi en contraste con su silencio posterior, es mucho lo que se sabe de su vida antes de ser Salinger. Llegó al mundo el primer día de 1919, hijo de una familia neoyorquina afluente; no se destacó especialmente en sus estudios por lo que sus padres lo terminaron mandando a la Academia Militar Valley Forge, en Pensilvania; y, después de una breve paso en 1937 por NYU y por Viena, a donde su padre lo mandó a familiarizarse con el negocio de los frigoríficos, terminó encontrando el aliento necesario para seguir su vocación de escritor en los cursos de Whit Burnett en la Universidad de Columbia.

Gracias a Burnett, publicó su primer cuento en la revista Story 1940, “The Young Folks”, y en diciembre de 1941 la revista The New Yorker aceptó su historia “Ligera rebelión en Madison” – que incluía la primera aparición de Holden Caulfield, luego protagonista de The catcher in the rye – pero la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial dilató su publicación por cinco años. En un terreno más personal, además de su frustración por el desaire de la revista, el conflicto armado afectó a Salinger en tanto que fue convocado por el Ejército en 1942. En Europa participó de varios combates como parte del 12° Regimiento de la 4° División de Infantería, estando presente en la playa de Utah en el Día D, en la Batalla de las Ardenas, y en la liberación del campo de concentración en Kaufering. Para cuando acabó la guerra, sin embargo, luego de internarse por “fatiga de combate” (hoy más conocido como estrés postraumático) y de concretar un frágil y fugaz matrimonio con la alemana Sylvia Welter, ya era claro que nada sería igual.

Instalado nuevamente en Nueva York, imbuido por el espíritu de la posguerra, comenzó a buscar respuestas a en religiones orientales y se consagró a la escritura. Para finales de los cuarenta tuvo algunos desencuentros con su antiguo mentor, Burnett, pero su carrera cobró un nuevo dinamismo a partir de la publicación en 1948 de “Un día perfecto para el pez banana” en The New Yorker. Este cuento, que inauguraba su saga de la familia Glass y lidiaba con los traumas de la posguerra, le dio reconocimiento e inauguró una fructífera relación con la revista, a quién dio la opción exclusiva de publicar primero todos sus relatos. En paralelo, sin embargo, Salinger había retomado interés en Holden Caulfield, el protagonista de su malograda historia de 1941, e insospechadamente se estaba gestando algo más grande.

En 1951 The catcher in the rye (traducida variablemente como El guardián entre el centeno o El cazador oculto) vio la luz. Una historia aparentemente simple, en esta obra Salinger construyó un narrador excepcional para relatar las experiencias de un chico de 16 años que, recién expulsado de su escuela, se irrita sobre la “falsedad” (“phonieness”) que encuentra en el mucho que lo rodea. La novela alcanzó la fama rápidamente y se mantuvo en el tope de las listas de más vendidos por meses. Pero también, con su espíritu adolescente e irreverente tan genuino, cautivaría a todas las generaciones de jóvenes subsiguientes que encontraban en Caulfield un modelo a seguir.

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Salinger.
Salinger.

Una vez que Catcher… hizo de él un hombre famoso, sin embargo, Salinger descubrió que odiaba el reconocimiento y comenzó su lento proceso de reclusión, mudándose de la ciudad al pueblo de Cornish, New Hampshire. En la siguiente década se casó, tuvo dos hijos, exploró su espiritualidad a través de las enseñanzas del Hinduismo Vedanta y publicó tres nuevos libros – Nueve Cuentos (1953), Franny y Zooey (1961) y Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción (1963). Todos estos se vendieron bien y, con su prosa entre dialogal, melancólica e inocente, se adentraron en la historia de la familia Glass; pero con cada nueva publicación, como muchos críticos contemporáneos han señalado, su literatura se fue volviendo más críptica, más autorreferencial y menos accesible. Esta actitud alienadora, que muchos leyeron como un preludio de lo que sería su largo silencio, alcanzó su cenit con la publicación en The New Yorker de su última historia “Hapsworth 16, 1924” en 1965. Después, excepto por un breve intento en la década del noventa de sacar en formato libro su último cuento, Salinger dejó de publicar y desapareció del ojo público.

Hasta este punto las cosas están más o menos claras, pero de ahí en adelante se comenzó a producir una especie de circo mediático abusivo que perseguiría a Salinger por el resto de su vida. Su silencio se volvió, irónicamente, una de las cosas más comentadas de su existencia, llegando a generar un foco de interés más grande que su obra literaria. El juego era vicioso y es normal, al recorrer las historias que lo involucraron en sus últimos cuarenta años, ver de qué manera, cuando un periodista, estudiante o biógrafo intentaba acercarse a un hombre que incontables veces había expresado que no quería que se le acercaran, el litigio y el escándalo terminaban volviéndose la noticia principal. El subtexto de los relatos de quienes lo fueron a buscar sin éxito siempre parece ser la indignación. Indignación frente a descubrir, según dijo Salinger en una muy rara entrevista telefónica que concedió en 1974 para pronunciarse en contra de una colección no autorizada de sus cuentos, que él seguía escribiendo pero que simplemente no quería publicar. Indignación frente a un hombre que expresó, según fue citado por Michael Clarkson, un fanático que lo fue a buscar, “soy una persona privada. ¿Por qué no puede ser mía mi vida?”. Indignación, sobre todo, frente a un hombre que en 1986 trabó, justicia de por medio, la publicación de una biografía que contendría cartas privadas y que inspiró al autor de este libro, Ian Hamilton, a relatar, en cambio, todo este proceso en En busca de J.D. Salinger (1988).

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Salinger enojado con un fotógrafo.
Salinger enojado con un fotógrafo.

Para todos los fines prácticos, Salinger había elegido matar a su persona pública en 1965, sin sospechar que haciéndolo generaría una persecución de décadas que llegaría a hacer que muchos de sus fanáticos se expresaran, como quedó claro en algunas piezas de la colección de Cartas a Salinger de Chris Kubica, a favor de su muerte real. Parece que vivir y callar, cuando la razón de su éxito había sido la palabra, era la peor traición que un escritor podía cometer para con sus lectores.

A pesar del silencio y de las declaraciones a regañadientes que salían cada vez que aquel se intentaba romper, la vida de Salinger siguió puertas adentro y no siempre sin controversia. En los sesenta se divorció de la madre de sus hijos y sostuvo relaciones con mujeres mucho menores que él, algunas de las cuales (como su infame lazo de diez meses en 1972 con Joyce Maynard, una joven de 18 años) terminaron mal. Convivió con una depresión constante que buscó mitigar, en distintos momentos, a través de prácticas esotéricas, la Cienciología y la Ciencia Cristiana. La relación con sus hijos fue variable y, aunque su hijo Matt se mantuvo extremadamente fiel a él y a su memoria, su hija Margaret publicó unas memorias en 2002 sobre su vida con Salinger que lo retrataron como un hombre a la vez controlador y ocasionalmente amable que logaron enemistarla con su padre.

Para cuando murió a los 91 años en enero de 2010, irónicamente, una de las principales preocupaciones en boca de todos fue acerca de qué pasaría con su obra inédita. Casi como si el mundo se hubiera desembarazado de un problema – y que problema, un autor decidiendo sobre su propia producción y parándose en el umbral que nos separa como fanáticos de un nuevo cuento de Salinger – las cosas han cambiado. J.D. Salinger se mantiene como uno de los escritores más icónicos de la literatura mundial y su producción, con casi 10 millones de ejemplares de Catcher… vendidos, continúa encantando a todo tipo de lectores, desde adolescentes perdidos hasta, polémicamente, asesinos seriales. Hoy, a casi una década de su muerte y en coincidencia con el centenario de su nacimiento se preparan toda una serie de homenajes como películas y reediciones de su obra que él, probablemente, habría detestado.

Salinger
Salinger es un documental escrito y dirigido por Shane Salerno que fue estrenado en los Estados Unidos el 6 de septiembre de 2013.

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