Como consecuencia de la epidemia de fiebre amarilla que castigó a Buenos Aires en 1871, más de catorce mil personas murieron; la enfermedad afectó principalmente a los habitantes hacinados en los conventillos de Montserrat y del Alto de San Pedro (barrio de San Telmo). Las autoridades gubernamentales abandonaron sus residencias del área, como así también lo hicieron los vecinos más adinerados de esos barrios y de las quintas contiguas de Barracas. La mayoría emigró hacia el pueblo de Belgrano, a una legua y media, una zona baja y aislada, y al oeste hacia San José de Flores (Santabaya, s/f). En 1880 a raíz del levantamiento del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Carlos Tejedor, contra el presidente Nicolás Avellaneda, Belgrano comenzó a tener gran relevancia al haberse convertido abruptamente en sede del Gobierno nacional. Aquella tranquila localidad bonaerense pasó a ser la capital provisoria del país.

El surgimiento del Hospital Pirovano se vincula directamente al pueblo de Belgrano, que había padecido varias epidemias: en 1857 y 1867, la de cólera asiático y en 1857 y 1871, la de fiebre amarilla (Grinzpan, Mytnik, Aisenberg, Siverino, A., Cesarsky y Siverino, M., 1996). De todas formas, el impacto de estas enfermedades fue mucho mayor en las zonas más pobladas de la ciudad de Buenos Aires; sin embargo, la virulenta epidemia de tifoidea de 1881, cuya trasmisión está muy condicionada a la disponibilidad de cloacas y de agua potable, obligó a las autoridades de Belgrano a extremar los cuidados sanitarios. Por esta razón, resolvieron crear una comisión integrada por los doctores Benjamín Carranza y Manuel Podestá, los diputados Dr. Julio Fonrouge y Mariano Billinghurst y el cura párroco del pueblo.

El crecimiento repentino de la población planteaba la necesidad de que la zona contara con un hospital propio, dadas las largas distancias que se debían recorrer para acceder a un puesto sanitario, y los pocos medios de transporte que existían en la época. Además, era necesario contar con una nueva infraestructura urbana.

El 28 de septiembre de 1887, la provincia de Buenos Aires cedió a la Nación los partidos de San José de Flores y de Belgrano, que pasaron a depender de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires y se transformaron así en dos nuevos barrios.

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Vista del jardín y servicios del Hospital Pirovano en la década de 1900. El proyecto inicial incluía un pabellón central y dos salas laterales Sus salas eran espaciosas y luminosas; sus pasillos y jardines conectaban las diferentes dependencias
Vista del jardín y servicios del Hospital Pirovano en la década de 1900. El proyecto inicial incluía un pabellón central y dos salas laterales Sus salas eran espaciosas y luminosas; sus pasillos y jardines conectaban las diferentes dependencias

En este contexto, los pobladores, liderados por la Sociedad de Damas de Caridad de Belgrano, solicitaron al intendente municipal, Francisco Seeber, la creación de un hospital. A finales de 1889, la Municipalidad aprobó una ordenanza que autorizaba la edificación de una Casa de Socorro en la Parroquia de Belgrano. A tal fin, el 12 de noviembre de ese año se adquirió un terreno que pertenecía a los señores Francisco y Tomás Chas, delimitado por las calles Monroe, Melián, Guanacache (actualmente Pedro Ignacio Rivera) y Roque Pérez. Sin embargo, en un principio el proyecto no prosperó. Es importante mencionar que el sifilicomio1 era la institución médica más cercana pero no brindaba atención a la comunidad en general, por lo cual la zona norte de la ciudad no disponía de un hospital general.

En 1893, las Damas de Caridad volvieron a realizar el pedido de construir un hospital zonal al nuevo intendente, Dr. Federico Pinedo, y ofrecieron sus ahorros de 5.000 pesos para acelerar las obras. El funcionario comprendió la urgencia de la solicitud y, el 23 de diciembre de 1893 por medio de un decreto, cedió los terrenos que habían sido adquiridos por Seeber. Además, se nombró una comisión para la proyección del nuevo hospital integrada por los ingenieros Emilio Agrelo y Juan Cagnoni, los doctores Juan Señorans (director de la Asistencia Pública), Arturo Billinghurst, Nicolás Ramallo y don Joaquín Sánchez (Grinzpan et. al., 1996).

Es importante mencionar que hay disparidad de fechas en cuanto a la colocación de la piedra fundamental del hospital. Según Oscar Vaccarezza (1981) en coincidencia con Pérgola (2009), fue el 26 de agosto de 1894; para otras fuentes, incluida la página web oficial del Hospital Pirovano, se emplazó unos meses después, el 12 de octubre. Las obras contaron con el padrinazgo del presidente de la Nación, Dr. Luis Sáenz Peña, y su esposa; Juan Señorans, y la señora Josefina Caprile de Mitre. Inicialmente se lo iba a bautizar como Hospital de Belgrano, pero a raíz de la muerte del Dr. Ignacio Pirovano el 2 de julio de 1895, el Dr. Señorans sugirió a las autoridades homenajear al distinguido cirujano colocándole su nombre.

En septiembre de 1895, la Municipalidad le compró también a los hermanos Chas la finca contigua al hospital y posteriormente, se adquirió un terreno sobre la calle Monroe frente al predio, para establecer las cocheras y caballerizas ya que el hospital contaba con un carruaje para asistir a las consultas domiciliaras y con una ambulancia para atender a la población de la vasta zona que le estaba asignada. A los domicilios debían concurrir los médicos y a los de la vía pública, el practicante mayor de Guardia (Grinzpan et. al., 1996). En ese momento, Belgrano contaba con siete escuelas, dos líneas de ferrocarril, un tranvía que iba al centro y otro local, dos bancos, un mercado, varios clubes sociales, un templo, una biblioteca pública y algunas industrias. El número de habitantes era de once mil doscientos sesenta y ocho, lo que demostraba que la creación del hospital era una necesidad concreta.

El proyecto contemplaba originalmente un pabellón central para administración y dos pabellones laterales (salas 1 y 2), uno para mujeres y otro para hombres con una dotación de veinte camas cada uno y, además, seis camas pediátricas. Antes de finalizar las obras, el Concejo Municipal, en la sesión del 10 de julio de 1896, designó con el nombre Martín García a la sala 1 y González Catán a la sala 2 (Actualidad Hospitalaria, julio de 1996).

El 12 de julio de 1896 se inauguró oficialmente el Hospital Pirovano, como consta en la medalla que se distribuyó ese día entre los presentes4 . Su primer director fue el Dr. Arturo Billinghurst y se designó como primer médico de sala al Dr. Nicolás Ramallo, y a cargo del área de cirugía, al Dr. Miguel Juan Petty. El 28 de julio de ese mismo año a pedido de la señora Cipriana Lahite de Saénz Peña, esposa del expresidente de la Nación, ingresaron a prestar sus servicios las Hermanas de la Inmaculada Concepción, que ya colaboraban en el Hospital de Flores (actualmente Hospital Álvarez).

En 1897, el hospital accedió a la categoría de vecinal. Belgrano crecía rápidamente y con ello lo hacían las necesidades sanitarias de sus habitantes. Tal es así que ese año, se adicionaron dos edificaciones precarias de madera que se habían desmontado del Hospicio de las Mercedes y que aumentarían la capacidad a ciento treinta camas. Una idea del acelerado aumento de la actividad asistencial la dan las estadísticas: en 1896, el Pirovano había atendido ciento noventa y ocho consultas; en 1908, treparon a mil ochocientas ochenta y tres. En 1904, las edificaciones de madera se retiraron y dos años después, se inauguraron nuevos pabellones en los cuales funcionarían las salas 3, 4, 5 y 6, el pabellón de las hermanas, la capilla, la cocina y un anfiteatro. “Para esa época, se hicieron cargo de la conducción de la Sala I el Dr. Sumblan; el Dr. Ramallo de la Sala II; por su parte la Sala III fue subdividida en dos secciones: Ginecología, a cargo del Dr. Marcelo Viñas, y Partos cuya jefatura ejerció el Dr. Enrique Pardo; la Sala iv a cargo del Dr. Fortunato Canevari. Las salas v y vi dedicadas a Cirugía, fueron dirigidas por los Dres. Juan B. Emina y Aquiles Pirovano, respectivamente” (Grinzpan et. al., 1996, p. 32).

El censo de 1904 reveló que el Hospital Pirovano, junto al Álvarez y al Fernández, era de segunda categoría por la cantidad de camas con las que contaba. Sus pacientes eran considerados pacientes pobres de solemnidad o de primera categoría, razón por la cual tenían acceso a la asistencia gratuita; también había enfermos de segunda categoría, que si bien eran pobres podían pagar 30 centavos por receta.

La señora Rosa de Bancalari donó 10.000 pesos para ampliar la sala 5 y así convertirla en el pabellón de Cirugía con todas sus dependencias. El material quirúrgico lo aportó el Dr. Emina, jefe del servicio. Con respecto a la sala 6, la viuda del Dr. Ignacio Pirovano legó todo el material quirúrgico de su esposo. El hospital continúo expandiéndose y en 1906, se inauguró el Laboratorio Central (seis años después, se lograría dotarlo de todos los elementos necesarios para mejorar la calidad de trabajo aunque recién en 1926, se ampliaría y remodelaría). En 1907, se incorporó la especialidad de oftalmología, que funcionaba en los consultorios externos; el Dr. Raúl Zubizarreta donó el material necesario.

Según consta en la Memoria de la Intendencia de 1908, el Pirovano se ubicaba en segundo lugar en lo referido al movimiento hospitalario de la ciudad “por el número de enfermos asistidos, 9.543, con 21.437 visitas en total […] Las salas actuales llenan su misión de un modo deficiente, siendo permanente la necesidad de ubicar en su centro y pasillos camas extraordinarias” (Grinzpan et. al., 1996, p. 35). Para 1910 contaba con ciento ochenta camas y brindaba asistencia a la población de los actuales barrios de Belgrano, Núñez, Coghlan, Urquiza, Colegiales, Villa Ortúzar y Saavedra.

Fue también en 1910 cuando el Dr. Aquiles Pirovano (sobrino de Ignacio Pirovano formado en Francia con el Dr. Alexis Carrel, el gran pionero en trasplantes de órganos en el mundo) realizó en el hospital el primer homotrasplante arterial con nuevas técnicas de cirugía vascular. Era la primera vez que se aplicaba este procedimiento en el mundo, pero como consigna Vaccarezza (1981) el hecho fue publicado en una revista médica de París y no fue adjudicado en un principio a la cirugía argentina porque se creía que Pirovano era italiano.

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Durante la década de 1910, se realizó una modificación a la entrada aunque se conserva casi intacta hasta la actualidad. En ese año, ya contaba con ciento ochenta camas y asistía a los barrios de Belgrano, Núñez, Coghlan, Urquiza, Colegiales, Villa Ortúzar y Saavedra
Durante la década de 1910, se realizó una modificación a la entrada aunque se conserva casi intacta hasta la actualidad. En ese año, ya contaba con ciento ochenta camas y asistía a los barrios de Belgrano, Núñez, Coghlan, Urquiza, Colegiales, Villa Ortúzar y Saavedra

Las limitaciones que presentaba el lugar motivaron el inicio de nuevas obras y en 1914, se puso en funcionamiento un pabellón destinado a Obstetricia y Ginecología y a niños y lactantes. Cada sala contaba con cuarenta y siete camas y, además, el subsuelo estaba destinado a Enfermería. También, se construyó un pequeño pabellón para consultorios externos. Trasladado el servicio de Obstetricia al nuevo pabellón, se habilitó la internación de niños en la sala 2 y el 30 de julio de 1912 se decidió que llevaría el nombre Nicolás Ramallo.

En 1917, el Jockey Club contribuyó con una cifra inicial de 50.000 pesos, incrementada durante los cuatro años siguientes, para la construcción del pabellón homónimo en la esquina de Monroe y Melián, habilitado el 9 de abril de 1922 y destinado a consultorios externos de todas las especialidades. El nuevo edificio contaba con un salón para la docencia. Para 1918, el hospital disponía de trescientas cuarenta y cuatro camas distribuidas en diez salas. Por otra parte, el 29 de septiembre de 1923 se abrieron los pabellones 7 y 8, donde se ubicaron Clínica Médica y Pediatría.

Cada uno contaba con cuarenta camas y con equipamiento acorde a los avances de la época. Para la construcción del servicio de niños, contribuyó la activa comunidad del barrio de Belgrano representada por la Sociedad Pro Hospital Pirovano y la comisión de vecinos.

A pesar de estas ampliaciones, las instalaciones seguían siendo insuficientes. El Dr. Emina manifestó durante el acto en el que se pusieron en funcionamiento las salas: “La dedicación de los médicos y practicantes del hospital, así mismo el empeño del personal de hermanas y enfermeros, eran dignos de todo encomio; pero que ese esfuerzo se estrellaba contra el invencible obstáculo que representaba la carencia de camas, cuyo reducido número apenas permitía atender una mínima parte de los enfermos que necesitaban auxilios médico oficial” (Grinzpan et. al., 1996, p. 38).

En 1924, el intendente Carlos Noel solicitó al Concejo Deliberante la ampliación del Hospital Pirovano. En su presentación recalcó que su actual director, el Dr. Juan Emina, había logrado que el hospital tuviera una gran organización y lo había transformado en el más completo e importante de la comuna. Como consecuencia de las remodelaciones, para 1926 la dotación de camas pasó a ser de quinientas; las obras se inauguraron oficialmente en enero de 1927. Al año siguiente, se habilitaron la salas 11 y 12 para Clínica Médica, y en 1929, la Municipalidad autorizó la edificación de un pabellón de dos pisos para los servicios de Garganta, Nariz y Oídos, y Urología.

Durante la dirección de la Asistencia Pública del Dr. Juan Obarrio, el 24 de junio de 1937, se inauguró el primer servicio de Proctología de la Municipalidad. Además, en los años siguientes, se ampliaron la Maternidad, se crearon nuevos sectores como el de Cardiología Infantil, se refaccionaron y ampliaron pabellones y salas. En 1938, se fundó la biblioteca del hospital. Para 1940, el Hospital Pirovano ocupaba una vasta construcción de dos manzanas en donde se erigía un total de diez pabellones.

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Las Hermanas de la Inmaculada Concepción comenzaron a colaborar con el hospital desde el año en que se inauguró y continúan haciéndolo en la actualidad. La sala de internación de mujeres contó inicialmente con veinte camas, dotación que se extendería con las reformas y ampliaciones que se realizaron
Las Hermanas de la Inmaculada Concepción comenzaron a colaborar con el hospital desde el año en que se inauguró y continúan haciéndolo en la actualidad. La sala de internación de mujeres contó inicialmente con veinte camas, dotación que se extendería con las reformas y ampliaciones que se realizaron

En la década de 1960 ante la falta de renovación de material y de la existencia de equipamiento obsoleto, el Rotary Club donó a la Cooperadora 100.000 pesos.

Si bien el hospital no tuvo una vinculación efectiva con la enseñanza universitaria porque no se instalaron cátedras oficiales cuando la Ordenanza Nº 17263 de 1962 creó el sistema de residencias médicas para la ciudad de Buenos Aires “el Hospital Pirovano recoge el primer antecedente a nivel hospitales municipales, ya que ese mismo año y con carácter honorario son designados seis médicos residentes para el servicio de Cirugía Infantil” (Dell´ Acqua, 1997, p. 16).

En 1963, se instauró el área de Neurocirugía gracias a la donación de la Fundación Delcasse. Un año después se dio cumplimiento a un decreto y a un plan de reestructuración por medio del cual se efectivizaron ampliaciones y traslados de servicios. En 1969, se estableció el servicio de internación de Psiquiatría. En la década de 1970, se concretaron varias reformas y en agosto de 1980, se puso en funcionamiento un pabellón de tres pisos destinado al departamento de Urgencia, y los servicios de Neurología y Neurocirugía. Para la misma época, se habilitó un salón de actos y el Servicio Social.

En 1976 fue designado hospital base del proyecto de modernización llevado a cabo por el gobierno militar.

Entre 1979 y 1981, llegaron al hospital reconocidos profesionales provenientes del Hospital Alvear, que dejó de funcionar como general de agudos como parte del plan de cierre de hospitales (al igual que el Hospital Rawson) implementado por la dictadura en el marco del denominado Proceso de Reorganización Nacional. También se trasladaron y fusionaron las residencias (Dell´ Acqua, 1997).

En 1992, el Hospital Pirovano fue designado como hospital asociado a la Facultad de Medicina aunque siempre realizó una tarea docente liderada por los grandes maestros de la medicina que transitaron sus salas.

Dado su origen muy vinculado a la población de Belgrano, el hospital realiza aún hoy un trabajo muy activo y participativo con los vecinos desde su Área Programática y centros de salud comunitarios. A pesar de sus reformas y transformaciones, siempre permaneció emplazado en el mismo predio y conservó, con algunas pocas alteraciones, su fachada original. Es cabecera de la Región Sanitaria IV.

Como señaló el Dr. Emina en la década de 1920, el compromiso del equipo de salud ha permitido que el hospital superara los problemas edilicios, de recursos y de falta de camas, y ha posibilitado que hoy se erija como un referente indiscutido del sistema de salud porteño.

Ignacio Pirovano (1844-1895)

Es considerado el padre de la cirugía argentina. Fue formador de una gran cantidad de cirujanos y perfeccionó los métodos de la asepsia quirúrgica en el país

Ignacio Pirovano nació el 23 de agosto de 1844 en el barrio de Belgrano de la ciudad de Buenos Aires. Sus padres fueron Aquiles Pirovano y Catalina Ayeno. Cursó sus estudios secundarios en el Colegio San Carlos (actualmente Colegio Nacional de Buenos Aires) y tuvo como profesor a Amadeo Jaques, entre otros. En 1865 ingresó a la Universidad de Buenos Aires para estudiar Farmacia ; una vez recibido, fue nombrado farmacéutico del Hospital General de Hombres. Al mismo tiempo, inició la carrera de Medicina. Presentó su tesis titulada La herniotomía y se graduó en 1872.

El Gobierno le otorgó una beca para perfeccionarse en París. Allí se doctoró en la Facultad de Medicina; frecuentó los lugares de trabajo del biólogo Claude Bérnard y del científico francés Louis Pasteur, y participó de las sesiones quirúrgicas de los prestigiosos cirujanos Auguste Nélaton y Jules Péan. Además, conoció al cirujano Joseph Lister, que había creado el método antiséptico que años más tarde Pirovano implementaría en la Argentina. Tres años después, regresó a Buenos Aires y fue nombrado profesor titular de la cátedra de Histología y Anatomía Patológica.

En 1876, contrajo matrimonio con Petrona de Alzaga con quien tuvo cuatro hijos: un varón y tres mujeres. Dos años después, la Sociedad de Beneficencia lo designó cirujano del actual Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez, donde inició y desarrolló la cirugía infantil en la Argentina (Depalma, 2012). Al año siguiente, ocupó la cátedra de Medicina Operatoria y en 1882 a raíz del fallecimiento del Dr. Manuel Augusto Montes de Oca, asumió la titularidad de la de Clínica Quirúrgica. Montes de Oca había introducido la antisepsia en el país; sin embargo, Pirovano perfeccionó su aplicación, la extendió al medio hospitalario y la defendió a pesar de los resultados que muchas veces distaban de los ideales (Universidad de Buenos Aires, 2015).

Se especializó en cirugía de cabeza y cuello y de las extremidades; también, practicaba la traqueotomía –operación frecuente en esa época– en un solo tiempo, que no dudó en aplicarla en su propia hija (Sicardi y Buzzi, s/f). Por su experiencia profesional y su labor como catedrático, se lo considera el padre de la cirugía argentina. Formó a destacados profesionales, entre ellos: Juan B. Justo, Pascual Palma, Daniel Cranwell, Marcelino Herrera Vegas, Nicolás Repetto y Alejandro Posadas.

Pirovano padeció un cáncer de la base de la lengua que él mismo se diagnosticó y envió las biopsias al Dr. Péan sin decir quién era el paciente. La respuesta telegráfica que recibió fue: “Cáncer. Caso perdido”. De este modo, en 1895 presentó su renuncia a la Facultad de Medicina y pasó sus últimos meses recluido en su quinta de la zona de Tigre. Falleció el 2 de julio de 1895 en Buenos Aires. El senador Carlos Pellegrini dijo en sus exequias: “Sentimos que algo nos falta, algo así como el centinela armado que velaba por nuestra vida contra el ataque de enemigos invisibles, y por eso, sobre su tumba hasta el egoísmo llora” (Sicardi y Buzzi, s/f).

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Estatua de bronce del doctor Pirovano realizada por su amigo personal, el artista Lucio Correa Morales. Se encuentra en Plaza Houssay sobre la calle Paraguay, frente a la Facultad de Medicina. Antiguamente estaba emplazada en el patio central del viejo Hospital de Clínicas, donde fue colocada el 6 de julio de 1900.
Estatua de bronce del doctor Pirovano realizada por su amigo personal, el artista Lucio Correa Morales. Se encuentra en Plaza Houssay sobre la calle Paraguay, frente a la Facultad de Medicina. Antiguamente estaba emplazada en el patio central del viejo Hospital de Clínicas, donde fue colocada el 6 de julio de 1900.
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Medalla conmemorativa de la inauguración del Hospital Pirovano en julio de 1896
Medalla conmemorativa de la inauguración del Hospital Pirovano en julio de 1896

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