EfeméridesElizabeth Cady Stanton | Lucretia Mott | Mary Shelley | Frankenstein | Mary Wollstonecraft | Nueva Zelanda | Kate Sheppard | Emily Davison | Emmeline Pankhurst | Carrie Chapman Catt | Australia | Tasmania | Finlandia | Revolución Rusa | Cecilia Grierson | Alicia Moreau de Justo | Julieta Lanteri | Juan Domingo Perón | Eva Duarte

Has recorrido un largo camino, muchacha*

La primera vez que votaron las mujeres fue, curiosamente, por error y aconteció en New Jersey en 1776, cuando se convocó al sufragio de «personas», sin especificar el sexo de los convocados, error que fue aprovechado por las damas para expresar su opinión. Muchas de ellas habían participado en las Guerras de la Independencia. Si podían pelear contra los ingleses, si cuidaban la economía del hogar mientras sus hombres guerreaban, y entregaban a sus hijos a la patria, ¿por qué no tenían derecho a expresar sus opiniones? Como diría Bob Dylan en Blowin' in the Wind («Soplando en el viento»), cuando un grupo minoritario pelea por su nación, como lo hicieron los afroamericanos durante las guerras en las que se involucraron los Estados Unidos, era inexorable que a la larga se reconocieran sus derechos cívicos.

Otra curiosidad que rodeó a la gesta sufragista es que en algunos lugares el voto femenino fue reconocido antes que el voto universal. En 1869, en el territorio de Wyoming, las mujeres votaron antes que la gente de color.

Si bien el primer lugar donde se aprobó el voto femenino fue en las remotas islas Pitcairn, el verdadero inicio del reclamo de las mujeres se concretó en 1848, en la «Declaración de Seneca Falls», donde 78 mujeres —entre las que se contaban Elizabeth Cady Stanton y Lucretia Mott— y 32 varones, denuncian las restricciones políticas de las mujeres, siguiendo la línea declamatoria iniciada por Mary Wollstonecraft (la madre de Mary Shelley, autora de Frankenstein).

El paso más importante se dio en Nueva Zelanda en 1893, cuando el movimiento iniciado por Kate Sheppard (curiosamente, pasó a la historia con su nombre de casada) logró el reconocimiento del voto femenino. Kate viajó por el mundo relatando su experiencia con sufragistas británicas como Emily Davison y Emmeline Pankhurst, y estadounidenses como Carrie Chapman Catt, quienes en 1904 fundaron la Alianza Internacional de Mujeres en Berlín. Ya para entonces, el voto femenino había sido adoptado en Australia del Sur, Tasmania y Finlandia.

A pesar de la resistencia inicial, tras la Revolución Rusa se reconoció este derecho a las mujeres. En 1920 la Decimonovena Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos reconoce el derecho a voto de las mujeres. Uruguay fue el primer país de Latinoamérica en reconocer el voto femenino, tras el Plebiscito de Cerro Chato.

En Argentina las primeras sufragistas fueron también las primeras médicas, Cecilia Grierson, Alicia Moreau de Justo, Elvira Dellepiane de Rawson y Julieta Lanteri, siguiendo el ejemplo de sus pares europeas.

Le cupo a la Dra. Julieta Lanteri ser la primera mujer en sufragar en 1911. En 1919 el radical Rogelio Araya presentó el primer proyecto de ley en el que se reconoce el derecho a voto femenino, aunque se concretará recién en 1947, cuando el General Juan Domingo Perón y su esposa, Eva Duarte, consagran la igualdad de derechos a través de la Ley 13.010.

Desde entonces, gracias a la lucha de mujeres como Clara Campoamor en España y Elvia Carrillo Puerto en México, se ha consagrado en el mundo el derecho a voto de las mujeres, hecha la excepción de El Vaticano, donde aún hoy éstas no pueden ejercer el derecho a sufragar.

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