El Proyecto Artigas y las ideas del Protector: Artigas y la repartición de la tierra

Una de las primeras tareas encomendadas a Artigas como teniente de Blandengue fue acompañar a Félix de Azara en su tarea de fijar los limites del Imperio y repartir parte de las enormes extensiones para entre la población en zonas fronterizas.

Mientras Azara prefería a los portugueses “por industria, aseo y racionalidad”. Artigas favorecía a los criollos, a los indios y a los descendientes de españoles quienes, a su entender, serían los más idóneos para proteger los limites del Imperio de la codicia lusitana.

Con Azara, un hombre de cultura enciclopédica, un típico caballero del siglo de las luces que había recorrido el mundo, un liberal en el más amplio sentido de la palabra, Artigas pasó largas horas de charlas alrededor de fogones, en prolongadas cabalgatas por las cuchillas uruguayas. Imposible no haber recibido la impronta de este hombre que años más tarde, en 1815, rechazará el reconocimiento del gobierno español por ser el reinado de Fernando VII un régimen “absolutamente absolutista”, como gustaba definirse. Azara declinó la distinción del monarca y permaneció fiel a su ideario liberal. Artigas quedó prendado de la idea de distribuir tierras vacías e improductivas a fin de incorporarlas al desarrollo del país.

Cuando Artigas fue consagrado gobernador durante el Congreso de Tres Cruces, en abril de 1813, entre las tareas encomendadas estaba la administración de las tierras de los emigrados de Montevideo. La mayor parte de estos españoles o criollos aun adherían al régimen ibérico.

Con estos recursos Artigas debía asistir al ejército (una práctica común en las guerras cuando prevalecía la prerrogativa del vencedor). Este “gobierno económico”, como dio en llamarse, quiso instrumentar el Reglamento Agrario que permitía repartir enormes extensiones de tierra improductiva o que habían sido de españoles o “malos americanos”. Este distribucionismo sostenía principios de avanzada para la época en los que algunos pretenden ver un comunismo pre-marxista (faltaban más de 50 años para la impresión de Das Kapital). Sin embargo, la obra de Artigas estaba inspirada en la caridad cristiana, fe en la que Artigas había sido educado. No sólo eso, sino que muchos de sus colaboradores más estrechos eran sacerdotes. “Los más infelices serán los más privilegiados”, declaró Artigas siguiendo las consignas cristianas. Un verso del leal Negro Ansina decía;

“Serán dignos de esta gracia

Los que la tierra fecunden

Y con su trabajo funden

La grandeza de la Patria”

Artigas no cometió ninguna discriminación a la hora de entregar las tierras. Los negros libres, los zambos, indios y criollos “todos podrán ser agraciados en suerte de estancia“. No era está una entrega sin obligaciones, los designados debían construir un rancho y dos corrales en el término de dos meses. Las extensiones eran generosas, según criterios actuales, “legua y media de frente por dos por dos de fondo” (la legua es lo que anda un caballo en una hora, más o menos 5.5 kilómetros). Es menester entender que eran parcelas para ganadería que entonces, y por muchos años, no se hizo en forma intensiva. En dicha área, entonces era difícil criar más de 1000 vacunos. En caso de incumplimiento, la parcela volvía al Estado.

En ese tiempo, Artigas leía atentamente sus dos tomos sobre la revolución norteamericana (obra de 1807) que el Cabildo de Montevideo le había regalado. Pero no fue de ese texto del que tomó el concepto comunitario de la propiedad sino de la tradición hispana – que instituía junto a la propiedad individual tierras de usufructo común – y la ley consuetudinaria colonial que consideraba a la tierra y sus frutos como cosa de todos. Artigas había conocido, de primera mano, la experiencia misionera, los principios jesuíticos y las costumbres comunitarias de los indígenas, pero, sobre todo, estaba influenciado por el fraile (mejor dicho, para entonces ex fraile) José Monterroso – asesor, secretario y guía espiritual del caudillo -.

Lector de San Agustín por influencia de este asesor tan especial, Artigas intentó la construcción de una sociedad cristiana, de la Ciudad de Dios que inspiró la fundación de Purificación, pueblo levantado a orillas del Río Uruguay cerca del arroyo Hervidero

Pretendía el Protector poblar la campaña distribuyendo la tierra improductiva para arraigar a los hombres que andaban sueltos sin fijar residencia, aumentar la producción, favorecer a los desposeídos, a las viudas y a los hombres casados y con familia, tratando a su vez de imponer orden y reducir la vagancia – génesis de todos los males en su percepción decimonónica -. Purificación era, a su vez, la encarnación de la redención por el trabajo y el espíritu de la justicia divina, atenta a disminuir las desigualdades sociales

Como dijimos, Artigas fue uno de los pocos caudillos que propuso esta distribución de tierras siguiendo preceptos cristianos y el ejemplo de los comuneros de Castilla. Jamás infligió el principio de propiedad (sólo aquellos que habían delinquido), ni propuso usurpaciones sino usar tierra improductiva o de difícil acceso y tratar de convertirlas en fuente de progreso ¿Fue exitoso este modelo? Pues no. Fracasó por muchos factores, intrínsecos y ajenos a esta concepción. Las guerras, sobre todo, cambiaron las perspectivas de proyecto. Los hombres debían guerrear y la invasión portuguesa truncó los proyectos del Protector.

A lo largo de la historia, estos modelos de socialismo utópico han sido motivo de frustraciones por distintos motivos. El mismo Marx hablaba del minifundio antieconómico, como un modelo destinado al fracaso. No han cambiado las circunstancias para pensar que hoy podrían ser exitosos. Y menos aun cuando infringen el principio de propiedad privada creando una falta de seguridad juridica y de confianza, esencia y base del crecimiento económico.

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