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El misterio de las majas

María del Pilar Teresa Cayetana de Silva Álvarez de Toledo, XIII duquesa de Alba y Grande de España, fue la mujer más poderosa del país después de la Reina María Luisa. Única descendiente de una de las familias más ricas de la península, al casarse a los trece años con el duque de Villafranca, este debió comprometerse a llevar el apellido de su esposa y no viceversa, como era la costumbre. Nombre tan ilustre no debía perderse.

Los integrantes de este matrimonio no podían tener personalidades más diferentes, el duque era retraído, dado al estudio y un melómano empedernido; ella era una niña malcriada y egoísta, abandonada a un torbellino de placeres y despreocupada por sus consecuencias. No pasaba un día sin que en Madrid se comentase un romance de la duquesa, enamorada a su vez del escándalo.

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Duquesa de Alba  - Francisco Goya - 1795
Duquesa de Alba - Francisco Goya - 1795

La relación que unió a la duquesa con Goya no fue una excepción a esta regla, aunque muchas de las historias que nos han llegado sean fruto de una novela de Lion Feuchtwanger, carente del debido sustento histórico. La primera vez que el pintor retrató a la duquesa fue en 1795. Luce aquí un vestido blanco y tiene a sus pies un perro, ¿era éste un signo de fidelidad o sólo un leal compañero de la duquesa? Un año después, al morir el duque, Cayetana debió guardar luto por su difunto marido y se retiró a sus propiedades de Andalucía. Hacia allá marchó Goya en 1797 a cumplir el encargo de retratar a la duquesa durante su duelo. Nacen entonces las sospechas del romance, justificadas por este cuadro en el que Cayetana muestra dos anillos que aúnan los nombres de Goya y de Alba, además de la inscripción en la arena, a los pies de la duquesa, que afirma un enigmático “Solo Goya”. Debe destacarse que esta inscripción fue agregada después de finalizada la obra, y que en el anverso del cuadro figura un extraño “Londres 1800”, ciudad que el artista no conoció. Vale destacar a su vez que esta obra jamás estuvo en poder de la duquesa, pues Goya la conservó por años entre sus bienes. ¿Existió alguna relación entre el pintor y la duquesa? Difícil resulta afirmarlo, sobre todo porque Goya, condenado por su hipoacusia, se había convertido en un viejo escéptico, enfermo y amargado. Tal vez, Goya pudo haber sido sólo otro capricho de Cayetana, un nuevo trofeo en su larga lista de amantes. Cierto despecho del pintor se deja entrever en la última obra donde la retrató: es un curioso dibujo titulado “Volaverunt” (Salieron volando). Al pie del mismo, Goya anotó: “Su cabeza está tan llena de gas inflamable que no necesita globos ni brujas para volar”. Tomados de la duquesa se hallan tres personajes por los que el pintor no sentía simpatía alguna: Costillares el torero, José Romero y Pepe Higo. ¿Venganza póstuma de un amante abandonado?

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Volaverunt - Francisco Goya - 1799
Volaverunt - Francisco Goya - 1799

Lo cierto es que la duquesa siempre estuvo asociada a otras obras de Goya, aún más célebres por lo escandalosas: “La maja desnuda” y “La maja vestida”. Estos cuadros pertenecieron a Manuel de Godoy y Álvarez, Príncipe de la Paz, el ministro todopoderoso que gobernó España ante la abulia de Carlos IV y con la connivencia de la reina María Luisa, su amante.

La duquesa de Alba se había convertido en rival de la reina, quien junto a Godoy, encabezaba el grupo de los afrancesados. Estos promovían un acercamiento a Napoleón y a su política internacional. Brillaba entonces en la corte todo lo que fuera francés. Cayetana decidió ponerse a la cabeza del movimiento popular español vestida de maja, con mantilla y encaje negro. Se estableció entre la reina y la duquesa un enfrentamiento ideológico y de moda que dividió al reino. La duquesa murió en 1802 en extrañas circunstancias. Mucho se habló de envenenamiento, pero eso no se ha podido demostrar. Al no tener descendencia, la mayoría de los bienes de la casa de Alba pasaron a la corona, el resto quedaron en manos de Godoy, que había ascendido de cadete a mariscal gracias a sus proezas en el lecho real y no en los campos de batalla. Además de su ya comentada “amistad” con la reina, mantuvo una prolongada relación con su eterna amante Pepita Tudó, nombrada irónicamente por Luisa como condesa de Castillofiel. Godoy también tenía una esposa oficial, la condesa de Chinchón, impuesta por la reina para tratar de separarlo de Pepita.

Muchos señalan a Pepita como la modelo de las majas, mientras que otros consideran a la duquesa de Alba como inspiradora del cuadro. Es muy poco probable que una grande de España se prestase a posar desnuda para Goya. Por último, algunos sostienen que la modelo era una gitana conocida como la amante del “Agonizante”, un fraile ajusticiado por dar muerte justamente a esta gitana durante un ataque de celos. Lo cierto es que las majas adornaban el gabinete privado de Godoy. A través de un sistema de poleas, accionado por una palanca, Godoy reemplazaba la vestida por la desnuda y viceversa, según la ocasión. Después del motín de Aranjuez, Godoy fue apresado y debió huir a España. Sus bienes fueron incautados y la Inquisición llamó a Goya para que diese cuenta del porqué de estas obras impúdicas. No consta la respuesta del pintor a pregunta tan comprometedora, aunque es de suponer que satisfizo los pruritos teológicos del Santo Tribunal, pues no volvieron a molestarlo por el tema. Desde entonces, estos cuadros se mantuvieron ocultos de los ojos del público no educado hasta principios del siglo XX, cuando fueron expuestos por primera vez, después de un siglo de encierro, en la Academia de San Fernando.

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Manuel Godoy - Francisco Goya - 1801
Manuel Godoy - Francisco Goya - 1801

Godoy debió esperar a la muerte de su esposa para oficializar su relación con Pepita Tudó, la madre de sus dos hijos. A pesar de su perseverancia, el Príncipe de la Paz no tuvo suerte: al poco tiempo la mujer lo abandonó dejándolo en la ruina material y afectiva.Godoy murió en París hacia 1851. En ese entonces era capitán general y Duque de Alcadía y Suecia gracias a la ayuda de Isabel II. El Príncipe de la Paz se llevó a la tumba la identidad de las majas que vestía y desvestía con sólo accionar un botón.

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La maja vestida - Francisco de Goya - 1800-1808
La maja vestida - Francisco de Goya - 1800-1808
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La maja desnuda -  Francisco de Goya - 1790-1800
La maja desnuda - Francisco de Goya - 1790-1800

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