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El marqués de Sade

El 2 de junio de 1740, el conde de Sade, Jean-Baptiste François Joseph, y su esposa Marié-Éléonore, trajeron al mundo un futuro heredero. Pero ostentaría el título de marqués, y así se lo conoció. Su verdadero nombre era Donatien Alphonse François.

El conde buscó brindarle la mejor educación a su hijo, procuró que nunca le faltara nada y trató de que se relacionara con lo más elevado de la sociedad francesa. Sin embargo, el exceso de cuidados sólo sirvió para desarrollar sus vicios.

Sus primeros años los vive en un palacio cerca de París, rodeado de todo lujo y cuidados, cosas que él mismo criticaría años más tarde. El conde de Charolais fue uno de sus preceptores y su referencia, a pesar de ser de su primerísima infancia, resulta de utilidad a Donatien en sus obras futuras; este sujeto, feroz y sanguinario, mataba para entretenerse; practicaba con su mosquete disparando a trabajadores en los techos del palacio y era uno de los puntales del libertinaje sin límites.

Donatien se traslada a Provenza a los cinco años, al castillo familiar de Saumane. Fueron años en compañía de unas mujeres amigas de su padre que siguieron “mimándolo” y de su tío el abad, quien tendría influencia en su formación humanística.

A los diez años vuelve a París y entra al colegio jesuita de Louis-le-Grand; aquí desarrolla su entusiasmo por el teatro. Se cree también que en esta etapa recibe las primeras impresiones en lo referente a la fustigación y la sodomía, habida cuenta de que en aquella época en esos colegios de nobleza se estilaba el castigo con el látigo o con las varas, así como se decía que la sodomía era tanto fomentada entre los alumnos como ejercida por lo maestros. Un par de años después Donatien se incorpora al ejército, licenciándose del mismo en 1763, al terminar la Guerra de los Siete Años.

Su padre consiguió unirlo en matrimonio con Renée-Pélagie de Montreuil, una joven de muy buena posición económica y de buen carácter, con el fin de tratar de apaciguar el estado de libertinaje en el que el marqués ya se desenvolvía por entonces. Los recién casados se trasladan al castillo de Échaffars, en Normandía, propiedad de la familia de su mujer. Donatien se gana el afecto de la familia de su esposa, con la cual tendría tres hijos, dos varones y una mujer.

Su libertinaje comienza a causarle problemas: una joven lo denuncia por actos impropios hacia ella y a causa de ello Donatien es recluido en Vincennes durante quince días; es liberado por gestión de su suegra y durante una temporada se dedica a una de sus grandes pasiones: el teatro.

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Retrato imaginado de Sade durante su encierro en Vincennes.

Retrato imaginado de Sade durante su encierro en Vincennes.

En 1767 muere su padre, por lo que Donatien hereda varios feudos, así como el título de conde de Sade. Él sigue utilizando su título de marqués como era costumbre en la familia, que utilizaba uno y otro título alternativamente de generación en generación.

Pero los escándalos continuaron.

En abril de 1768 se produce el escándalo de Arcueil: Sade recurre a los servicios de una mujer llamada Rose Keller. Esta mujer declara luego que estaba mendigando y acusa a Sade de atraerla con engaños a su casa de Arcueil, donde la flageló. Sade, por orden del rey, fue encerrado en diferentes lugares y pasó en prisión siete meses, pero su mayor perjuicio fue que el incidente se convirtió en un escándalo que llegó a traspasar las fronteras de Francia, y en el que las declaraciones de la demandante, deformadas y amplificadas, lo mostraban como un noble disoluto y perverso que malhirió a una pobre mendiga.

Recobrada la libertad, el matrimonio Sade viviría los siguientes años en Lacoste. Allí Sade prosigue su afición por el teatro. Monta un teatro en el castillo, donde da representaciones; más adelante forma una compañía profesional y recorre con ella las ciudades cercanas con un repertorio superior a las veinte obras.

En el verano de 1772 tiene lugar el “caso Marsella”. Sade, tras un encuentro con varias prostitutas, es acusado por ellas de maltrato, vejación y envenenamiento tras un día de orgía. El marqués es sentenciado a muerte por sodomía y envenenamiento. Pero antes del veredicto de los jueces, Sade secuestra a su cuñada del convento donde estaba encerrada y escapa con ella a Italia. En 1777 vuelve a Francia engañado por unos amigos que le aseguran que ya no corría peligro, pero las autoridades lo encarcelan en Vincennes y años más tarde es trasladado a la Bastilla.

Allí comenzó a escribir.

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En la Bastilla, Sade fue recluido en los pisos segundo y sexto de la tour Liberté (sección B del plano).

En la Bastilla, Sade fue recluido en los pisos segundo y sexto de la tour Liberté (sección B del plano).

En esos momentos experimentaba un profundo dolor y desarrolla penas y obsesiones expresadas en sus cartas, la mayoría de ellas dirigidas a su mujer. Se volvió un personaje molesto para quienes lo rodeaban, los hostigaba con preguntas y discursos, se volvió sensible y vulnerable. Esto se agravó cuando su mujer, por un tiempo, dejó de contestarle.

Sade creía que estaba condenado de por vida y se consideraba un revolucionario en potencia. No creía en los poderes establecidos como la monarquía y la Iglesia, a los que terminó aborreciendo, y se creó enemigos entre la nobleza conservadora. Vendió sus posesiones debido a sus problemas de dinero y, al no tener otra profesión, recurrió a la de escritor.

Escribió novelas, cuentos, ensayos y obras de teatro. En sus obras son característicos los protagonistas de vejaciones y violaciones que en sus disertaciones justifican sus actos. Se expresa en ellas un ateísmo y anticlericalismo absoluto y agresivo y la descripción de violencia sexual y filiaciones sexuales que horrorizaron a la época son los temas más recurrentes de sus escritos, en los que se promueve el vicio sobre la virtud.

En esa época publica muchas de sus obras: “Justine o los infortunios de la virtud”, “La nueva Justine”, “Historia de Juliette”, “Los crímenes del amor” y “Filosofía en el tocador”, entre otras.

Cuando el cónsul Napoleón Bonaparte comenzó a conducir los destinos del país, Sade imaginó que mejoraría su destino; después de todo, la monarquía lo había encarcelado por razones morales y no políticas. Sin embargo, la revolución aprovecharía los mismos argumentos; no sería Napoleón quien lo perdonara. Sade incorpora entonces a su obra un carácter perverso y crítico hacia la sociedad burguesa de la época.

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Napoleón Bonaparte arrojando a las llamas la novela Justine (grabado atribuido a P. Cousturier). Napoleón escribió: «Es el libro más abominable jamás engendrado por la imaginación más depravada» (Memorial de Santa Elena, Pléyades, t.II, p.360).
Napoleón Bonaparte arrojando a las llamas la novela Justine (grabado atribuido a P. Cousturier). Napoleón escribió: «Es el libro más abominable jamás engendrado por la imaginación más depravada» (Memorial de Santa Elena, Pléyades, t.II, p.360).

Los escritos de Sade fueron estrictamente prohibidos; eran considerados “un atentado a la moral pública en general, a todos los estamentos sociales y gubernamentales del país y del mundo entero.” Sade pasó veintisiete años de su vida encerrado en diferentes fortalezas y “asilos para locos”; encarcelado, varias de las obras de Sade fueron escritas en papel para envolver y eran sacadas de prisión por los amigos que iban a visitarlo. Pero ningún editor se animaba a publicarlas, y por esa razón no se conocieron hasta el siglo siguiente.

Sus obras estuvieron incluidas en el “Index librorum prohibitorum” (índice de libros prohibidos) de la Iglesia católica. Nadie ha mostrado tantas brutalidades en su literatura ni ha sido tan explícitamente crudo en el plano sexual como Sade; a él se debe la característica sexual denominada sadismo. Nada de lo que contaba era imaginario sino que se practicaba en la realidad. Los poderosos lo hacían, él lo había hecho. Pero se ocultaba, hasta que Sade lo publicó y en detalle en sus escritos, provocando escándalo en las clases altas, muchos de cuyos miembros se vieron reflejados en textos que circulaban clandestinamente.

El marqués de Sade termina siendo recluido en el manicomio de Charenton, en el que permaneció hasta su muerte, en 1814.

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Retrato imaginario del marqués de Sade.

Retrato imaginario del marqués de Sade.

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