HistoriaBosnia-Herzegovina | Serbia | Franz Ferdinand | Dragutin Dimitrijević | Primera Guerra Mundial

El inicio de la Primera Guerra Mundial

Francisco Fernando (Franz Ferdinand en su idioma original) fue archiduque de Austria, príncipe imperial de Austria, príncipe real de Hungría y Bohemia y, desde 1896 hasta su muerte, el heredero al trono austrohúngaro. Su asesinato en Sarajevo precipitó la declaración de guerra de Austria contra Serbia que desencadenó la Primera Guerra Mundial.

Bosnia-Herzegovina había permanecido bajo dominio turco hasta 1878; en el siglo XIX creció la enemistad entre las partes, acrecentada por el nacionalismo en la vecina Serbia. Luego de una guerra entre los balcánicos (apoyados por Rusia, nada menos) y el Imperio otomano, el mismo perdió su influencia en la región y en 1878 Bosnia pasó a estar administrada por el Imperio austroúngaro, que la anexionaría en 1908. En 1913, luego de las guerras balcánicas, el nacionalismo en la región aumentó más que nunca.

El equilibrio de poder era frágil; Serbia, que se sentía amenazada por el mencionado control austrohúngaro sobre Bosnia-Herzegovina (una provincia imperial), reforzó su alineamiento con Rusia. Un solo incidente que ocurriera por cualquier razón empujaría a un enfrentamiento directo entre Rusia y Austria, y seguramente arrastraría a los países aliados de uno u otro lado a una guerra. Y el hecho desencadenante del conflicto no tardaría mucho en aparecer.

Sarajevo, la capital de Bosnia ,se había convertido en un nido de nacionalistas serbios. Aunque el archiduque apoyaba en gran medida la autonomía de la región, era el heredero del trono austrohúngaro y ya simplemente por eso era odiado.

Franz Ferdinand
Franz Ferdinand
Franz Ferdinand

El archiduque Franz Ferdinand sabía que su primera visita oficial a Sarajevo podía ser peligrosa. El 28 de junio de 1914, mientras circulaba en un coche descubierto por la ciudad (con el diario del lunes diríamos: “Francisco Fernando, ¿cómo se te ocurre?”), alguien le lanzó una bomba que no lo alcanzó. Sin embargo, su suerte no le duraría mucho más. Después de asistir a una recepción en el ayuntamiento, el archiduque se dirigió a visitar justamente a quienes habían sido heridos en el atentado. En esas circunstancias, un estudiante bosnio llamado Gavrilo Princip se abalanzó contra el coche del archiduque, disparó tres tiros y los mató a él y a su esposa, la duquesa Sofía Chotek.

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A partir del crimen los acontecimientos se precipitaron. Las responsabilidades del atentado generaron controversias desde el inicio, ya que hubo una sucesión de hechos inexplicables, graves negligencias de seguridad por parte de las autoridades austrohúngaras e indicios claros sobre una eventual participación de las autoridades serbias. A mediados de julio, investigadores austríacos vincularon los atentados (el frustado y el fatal) con el grupo terrorista “Mano Negra”, que tenía su cuartel general en Serbia. Debido a que el autor del atentado era bosnio, otros lo adjudicaron al grupo “Joven Bosnia”, autodefinido como una “organización irredenta”.

Detrás de los conspiradores (o al mando, según se mire) había militares: Dragutin Dimitrijević, jefe del espionaje serbio; Vojislav Tankosić (su brazo derecho) y el espía Rade Malobabić.

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Dragutin Dimitrijević (derecha) y dos asociados de la Mano Negra.

Dragutin Dimitrijević (derecha) y dos asociados de la Mano Negra.

El 23 de julio el gobierno imperial austrohúngaro lanzó un ultimátum, exigiendo que Serbia detuviera en 48 horas “las intrigas permanentes que constituyen una amenaza perpetua para la tranquilidad de la monarquía”.

Una de las demandas austrohúngaras exigía que Belgrado censurara las publicaciones “antiaustríacas” y arrestara a los activistas contrarios al Imperio. Serbia rechazó esta demanda y varias más, aunque aceptó algunas y propuso un arbitraje internacional. Las autoridades austríacas, decididas a terminar con los rebeldes serbios, rechazaron de plano cualquier intervención extranjera.

Serbia fue apoyada por Rusia, Gran Bretaña y Francia, que eran las tres naciones de la “Triple Entente”, un triple pacto franco-británico-ruso formado entre 1904 y 1907 constituido para enfrentar a la “Triple Alianza”, formada a su vez por Alemania, el Imperio austrohúngaro e Italia (cuándo no, Dios los cría y ellos se juntan, de un lado y del otro).

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Telegrama del 28 de julio de 1914 donde Austria-Hungría declaraba la guerra al Reino de Serbia.

Telegrama del 28 de julio de 1914 donde Austria-Hungría declaraba la guerra al Reino de Serbia.

Alemania apoyó a su aliada austríaca; los esfuerzos diplomáticos fueron infructuosos, la escalada de amenazas fue creciendo y el 28 de julio el Imperio austrohúngaro le declaró la guerra a Serbia. Al día siguiente Rusia ya empezó a movilizar tropas para defender a Serbia. El 1 de agosto, Alemania, temiendo la integridad de su frontera oriental, le declaró la guerra a Rusia. Las tropas de Francia también empezaron a movilizarse y el 3 de agosto Alemania le declaró la guerra a Francia (se ve que estaban que se salían de la vaina por un poco de acción). Los soldados alemanes invadieron Luxemburgo anunciando su intención de avanzar sobre Bélgica (territorio neutral) camino a Francia. Esto provocó que Gran Bretaña le declarara la guerra a Alemania el 4 de agosto.

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Soldados alemanes el 1 de agosto de 1914 en un vagón de mercancías.
Soldados alemanes el 1 de agosto de 1914 en un vagón de mercancías.

Al cabo de un mes, Montenegro ya luchaba junto a Serbia, Japón se había unido a su por entonces aliada Gran Bretaña y Turquía se había arrimado a favor de Alemania. Sucesivamente, en un impresionante dominó de agresiones y muerte, nación tras nación se fueron sumando e involucrando en lo que constituiría la Primera Guerra Mundial, “La Gran Guerra”, que aterrorizó y asoló a Europa durante cuatro años y medio.

Los involucrados en el atentado fueron apresados y luego juzgados en Sarajevo; el resto de los conspiradores fueron sometidos a una corte serbia, lo que culminó con la ejecución de los tres principales oficiales involucrados.

Esto ocurrió antes de fines de 1914; sin embargo, la guerra no se detuvo.

Ya no importaba qué fósforo había encendido la mecha.

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