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El apagón de 1977 en la ciudad de Nueva York

El 13 de julio de 1977, después de que un rayo impactara sobre una subestación eléctrica en Westchester y no mucho después otro rayo destruyera dos líneas eléctricas más provocando que la planta de energía Ravenswood 3 en Queens se derrumbara, la ciudad de Nueva York quedó a oscuras. El apagón de 25 horas que comenzó alrededor de las 9:30 p.m. produjo en la población marginalizada de la ciudad un tipo euforia delictiva que la ciudad no había vivido hasta entonces.

La oscuridad provocó una noche de caos y saqueos en muchas partes de la ciudad, desde el Bronx hasta East Harlem y desde Bushwick hasta Coney Island, que dejaron un saldo de 3,700 arrestos, el mayor arresto en masa en la historia de la ciudad, con daños estimados en $ 300 millones de dólares.

Según Charles Luce, el presidente de Con Edison, la combinación de relámpagos / ola de calor que acabó con los generadores fue "un acto de Dios". El alcalde Abraham Beame dijo que fue una "noche de terror".

"Miles de saqueadores, envalentonados por la oscuridad y la confusión, recorrieron la ciudad anoche y esta madrugada en una ola delictiva", fue la portada del New York Times, junto a una foto de la ciudad completamente negra, en la mañana del 14 de julio. "Entre cristales destrozados, sirenas y el sonido de los contenedores de basura utilizados para derribar las fachadas metálicas de los negocios, ladrones y vándalos arrasaron tienda tras tienda".

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Era Nueva York en la década de 1970, y la ciudad se tambaleaba al borde del colapso financiero. El desempleo y la pobreza iban en aumento, se habían eliminado los programas sociales, la delincuencia era desenfrenada y las calles estaban repletas de basura. El apagón, fue el único disturbio civil en la historia de la ciudad que abarcó los cinco condados a la vez.

La tensión racial y política de ese momento se reflejó en la reacción inmediata al apagón. En cartas a los periódicos, muchos exigieron que los saqueadores fueran fusilados, otros que los puertorriqueños fueran enviados a su país y que las familias negras fueran trasladadas al sur. Para la opinión pública, la destrucción era la evidencia de que el liberalismo cosmopolita de NY había fracasado, y que una vuelta a la disciplina estricta era la única solución posible.

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Tan interesante como el análisis del panorama general son las historias de primera mano y las pequeñas anécdotas que muestran lo surrealista que fue estar en la ciudad durante la noche del apagón. Locutores de radio confundidos después de perder la transmisión del juego entre Mets vs Cubs. El Lincoln Center evacuado en medio del ballet. Los espectadores en las salas de cine de Queens pusieron literalmente el grito en el cielo cuando se apagaron las luces, creyendo que David Berkowitz, el asesino en serie estaba al acecho. Otros residentes recuerdan haber ayudado a dirigir el tráfico, o caminar entre los túneles del subte.

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Cuando finalmente llegó la luz de la mañana, se reveló una nueva ciudad, una zona de guerra llena de vidrios rotos, barrios destrozados, calles llenas de escombros y el murmullo de los dueños de los negocios diciendo que cerraban y no volverían a abrir.

Con Ed no pudo devolver la electricidad hasta alrededor de las 10:30 p.m., lo que hizo que gran parte de la ciudad se preguntara nerviosa si el ejército de saqueadores se reagruparía cuando volviera la noche.

Pero en los barrios devastados y cubiertos de escombros donde se produjeron los saqueos, simplemente no quedaba mucho que pudieran llevarse.

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