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Egipto se independiza del imperio británico

En 1922, Egipto consiguió su independencia tras siglos de dominación extranjera. Con excepción de un breve período de ocupación del ejército napoleónico, la tierra de los faraones, poderosa en otros tiempos, funcionó como una provincia autogobernada del imperio otomano (el imperio otomano conquistó Egipto en 1517) hasta que en 1882 los británicos comenzaron su ocupación del país.

En 1914, cuando Turquía entró en la Primera Guerra Mundial del lado de Alemania, Gran Bretaña declaró a Egipto como protectorado británico y destituyó al “khedive” (algo así como un virrey) nombrado por los otomanos Abbas Hilmi II en favor de su tío, Hussein Kamel, a quien se le concedió el título de sultán. Los británicos impusieron la ley marcial en el territorio egipcio, que fue estratégicamente importante durante la guerra. Por entonces, la represión provocada y relacionada con la guerra así como las privaciones que formaban parte de la vida cotidiana del pueblo dieron un fuerte impulso al nacionalismo egipcio.

Sin embargo, el estallido de la Primera Guerra Mundial limitó las actividades nacionalistas. Los vínculos nominales entre Egipto y Turquía se rompieron, y Gran Bretaña prometió a Egipto algunos cambios que lo llevarían al autogobierno cuando terminara la guerra.

Los años de guerra originaron grandes dificultades para los egipcios, sobre todo para los campesinos. Los fellahin fueron reclutados para cavar zanjas y sus ganados fueron confiscados por el ejército; la inflación se aceleró y todos estos factores fueron responsables del creciente resentimiento contra los británicos, que desembocaron en un estallido de violenta agitación al término del conflicto.

Husayn Kamel murió en 1917, y lo sucedió su hermano, Ahmad Fuad. Acabada la guerra, se esperaba el cumplimiento de las promesas de autodeterminación. En 1918 se originó un nuevo movimiento nacionalista en torno al partido Wafd, a fin de garantizar la independencia del país. Los políticos egipcios comenzaron a reclamar la autonomía, tal como había sido estipulado. Pero las esperanzas se desvanecieron cuando Gran Bretaña rechazó considerar las peticiones egipcias y el bajá Zaglul, carismático líder y dirigente del Wafd, que fue enviado a Londres para reclamar la independencia, fue “exiliado” a la fuerza (más bien, fue arrestado por los británicos). Estalló una revuelta violenta en el país, con huelgas y ataques contra todo lo británico, y Gran Bretaña se vio forzada a reconsiderar su decisión.

Lord Edmund Allenby, mariscal de campo británico, llegó a Egipto para asumir el mando de las tropas británicas que combatían a los otomanos en el Levante. Había estado al mando cuando los británicos vencieron a los otomanos en Palestina, y como frutilla del postre le fue encargado negociar con los nacionalistas egipcios, a esta altura tan acérrimos como persistentes. Luego de muchas idas y venidas, Zaglul fue finalmente puesto en libertad, pero la violencia continuó.

Y en febrero de 1922, los británicos pusieron punto final al protectorado, declarando (los británicos, eh, no los egipcios) la independencia egipcia “con algunas salvedades” (por eso...). De hecho, los británicos se reservaron el derecho para intervenir en los asuntos egipcios si sus propios intereses (los británicos, eh) eran amenazados, por lo que Egipto no logró una independencia real, ya que permitía a los británicos mantener un control constante sobre el país.

El sultán Fuad se transformó en el rey Fuad I, y Egipto se convirtió en una monarquía constitucional. Así se produjo el final del sultanato de Egipto (entre 1914 y 1922) y dio comienzo el reino de Egipto.

El amplio espectro político nacionalista se opuso firmemente a la influencia británica, tarea que no sería nada sencilla, ya que los británicos estaban decididos a mantener el control sobre el Canal de Suez. Otras fuerzas políticas emergieron por entonces: el partido comunista y los “Hermanos Musulmanes”, paetido que finalmente se convirtió en una potente fuerza política y religiosa.

Se redactó una nueva Constitución en 1924, en la que se establecía un sistema parlamentario bicameral que, bajo influencia de los británicos y del rey Fuad I, daba a este último el derecho de nombrar al primer ministro y suspender las actividades del Parlamento. El resultado fue una lucha tripartita por el dominio de Egipto que implicaba al rey, al embajador británico y al Wafd, que era el partido dominante. Los sucesivos gobiernos fracasaron en su intento de lograr concesiones de los británicos; en 1936, bajo la presión originada por la invasión italiana de Etiopía, se firmó un tratado anglo-egipcio, si bien se mantuvo la injerencia británica en los asuntos internos del país.

Finalmente, en el año 1953 fue abolida la monarquía y Egipto se transformó en una república.

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