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Eduardo Gutiérrez

El hombre que le dio vida a Juan Moreira, eternizando la trama de este matón de comité, era un joven periodista, hermano del médico y poeta, Ricardo Gutiérrez.

Eduardo Gutiérrez nació en Buenos Aires, el 15 de julio de 1851. Pasó los primeros años sin contraerse al estudio. Estuvo seis meses en el Colegio Nacional, y un año en el de Junior, acreditado establecimiento donde aprendió inglés. Eduardo tenía facilidad para los idiomas, hablaba el francés, el italiano, el portugués y barruntando el vasco y el alemán.

Su humor lo hizo muy popular entre sus compañeros, porque reconocían su agudeza extraordinaria. Sin estudios de música, tenía la ejecución de un concertista, tocaba el piano y la guitarra de manera sorprendente.

A los quince años comenzó su vida periodística en “La Nación Argentina”, dirigido por su hermano, José María. A partir de 1866, publicó notas humorísticas en “La Crónica”. Luego trabajó intensamente en “La Patria Argentina”, desde 1870, y en el periódico “El Pueblo Argentino”, donde usó el pseudónimo de “Hermenegildo Espumita”. Desaparecido este periódico, fundó con sus hermanos (dos de ellos eran gemelos y se dedicaban a la crítica literaria y musical) “La Crónica”, y luego colaboró en “El Orden”, “La Tribuna”, “La Época”, “Sud América”, “El Mercantil”, “La Matraca”, “La Patria”, de Dolores, y “La Capital” de Rosario.

Pasando privaciones y sufrimientos, vivió largos años entre gauchos e indios en la campaña, de quienes conocía profundamente su lenguaje y costumbres. De 1871 a 1872, revistó en la Inspección General de Milicias, y luego partió hacia Balcarce, en el límite con Lobería, a la estancia de sus tíos, los Sáenz Valiente.

Ingreso al Ejército el 4 de agosto de 1874, con el grado de alférez, en el 2 de Caballería de Línea, que mandaba Hilario Lagos (hijo). Entonces prestó servicios en la frontera oeste de Buenos Aires, en el Fuerte General Paz. Hizo la campaña de 1874, contra Mitre y sus revolucionarios, y participó en el avance general de las fronteras en los años 1876 y 1877.

Se encontró en los combates contra los indios en la laguna del Monte, Guaminí y Bahía Grande, como así también en la batalla de los Corrales, en 1880. Su foja de servicios militares arroja un cómputo de más de diez años de duro trajinar. Se retiró con el grado de capitán, disconforme del gobierno de Avellaneda.

Sus folletines o “Romances”, como él los llamaba, comenzaron a publicarse hacia 1878 y 1879, en “El Pueblo Argentino”, y en su gran mayoría en “La Patria Argentina”.

Desde entonces escribió con una fecundidad extraordinaria. Escribía sin releer sus originales, y sin corregir las pruebas de sus libros, a tal extremo que, por descargo de conciencia, al editar en folleto sus obras ponía en la tapa: “Sin corrección del autor”.

Por los talleres de “La Patria Argentina” en 1879, aparecieron “Juan Moreira y “Un Capitán de ladrones”. Al año siguiente, salió la segunda edición de “Juan Moreira”, y sendas ediciones de “El Jorobado”, “El Tigre de Quequén” y “Juan Cuello”.

En 1881, la misma imprenta dio a luz “Santos Vega”, “Hormiga Negra”, “Los Grandes Ladrones” y “Juan sin Patria”. La pluma de Gutiérrez abundó también en los llamados “Dramas del Terror”, e incursionó en la historia argentina para publicar entre 1882 y 1883, su “Juan Manuel de Rosas”, “La Mazorca”, “Una tragedia de doce años”, donde ocupan un destacado lugar el proceso a los Reinafé y la defensa del doctor Marcelo Gamboa. También publicó “El asesinato de Álvarez” y “Amor funesto”, siempre con los tipos de “La Patria Argentina”.

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En 1886, se reeditaron varias de esas obras en otras imprentas, y aparecieron “Dramas cómicos” (Carlos Lanza y Lanza, el gran banquero); “Croquis y siluetas militares” y “El Chacho”, obra de reconstrucción histórica, seguida por “Los Montoneros”, “El rastreador” y “La muerte de un héroe”. “El Orden”, publicó “Los sietes bravos”, que se imprimió en mismo diario donde se ocupó de Ignacio Monges, autor del atentado contra Roca el día de su asunción.

El tiraje de las obras de Gutiérrez alcanzó cifras fabulosas para aquella época. Sus folletines concitaron el interés de la gente, que se agolpaban en las puertas de “La Patria Argentina” para adquirir el ejemplar continuando la serie de los que había escrito la noche anterior o pocos días antes.

La popularidad de Gutiérrez fue tan grande que provocó en José Hernández la intención de publicar de la segunda parte (“Vuelta”) de “Martín Fierro”.

A pesar de su carácter popular, las novelas de Gutiérrez no carecen de valores literarios. Su minucioso conocimiento de la campaña bonaerense le sirvió para componer “Croquis y Siluetas Militares”, un libro dedicado a las hazañas de su padrino de armas, el coronel Lagos en su prolongada guerra contra los malones.

Su “Juan Moreira” que apareció en folletines en “La Patria Argentina”, desde el 28 de noviembre de 1879 hasta el 8 de enero de 1880, es la biografía de un personaje que primero fue matón al servicio del gobierno para las luchas electorales y después buscado por la Ley. Gutiérrez estilizó el tipo de gaucho perseguido, cuyas desgracias comienzan con un drama de honor, destacando el perfil sociopático de este personaje, mezcla de bandido, renegado y héroe.

En 1884, el mismo Gutiérrez se ocupó de teatralizar su “Juan Moreira” a fin de que fuera representado en el circo de los hermanos Carlo, eligiendo para encarnar a su héroe al actor José J. Podestá. Su actuación resultó tan extraordinaria que se consideró dicho estreno como el punto de partida del teatro gauchesco, del moderno teatro rioplatense. Aunque su estilo es llano, su léxico resulta más vulgar que popular. Con una prosa elemental exalta la truculenta vida de este descastado.

“Un día vendrá” –escribió García Velloso, el más grande dramaturgo de la época-, “en el que se haga una revisión minuciosa y pulcra de ocho o diez obras de Eduardo Gutiérrez, y entonces se habrán incorporado a perpetuidad al acervo de la literatura argentina una de sus expresiones más nobles, más interesantes y más bellas, que por desidia de la crítica, por desprecio de los lectores de “elite” fueron excluidas o tenidas como cosas subalterna”.

Sarmiento, como otros intelectuales de su tiempo, mostró poco apego a sus folletines y para diferenciarlo de sus hermanos, lo llamaba con cierta displicencia “Gutierrito”.

Eduardo vivió en el pueblo de San José de Flores donde era bien conocido, y fue inspector municipal, aunque también se dice que desempeñó funciones de intendente.

Los derechos de autor de “Juan Moreira” le sirvieron para adquirir una quinta en Flores, pero la lucha por la vida lo azotó reciamente, y tuvo que trabajar mucho. “De noche, en su escritorio, interrumpiéndose con la atención de sus hijos, sano o en sus enfermedades, escribía teniendo a su lado una bandejita de cigarrillos turcos, los que al amanecer se agotaban. Así se hacía folletín para varios días, el que llevaba a la imprenta y estaba fresco para sus otros trabajos. Cuando le avisaban que el original del folletín se había agotado, leía el último folletín publicado y con solo esto se ponía al corriente y continuaba”.

Sus “Notas Risueñas” en “Sudamérica”, fueron las últimas de su labor, realizada ya en la cama, enfermo, pero sin entregarse. Mucha de su obra quedó dispersa, y artículos que podrían formar parte de sus “Croquis y Siluetas Militares” permanecen el en olvido de la página periodística.

Falleció en su casa del barrio de Caballito, no lejos de la pulpería que llevaba ese nombre, el 2 de agosto de 1889, a los 38 años. Sus restos fueron inhumados en el Cementerio de la Recoleta.

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