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Éamon de Valera: ¿un español presidente de Irlanda?

Fue un líder en la independencia de Reino Unido y en la oposición al Tratado Anglo-Irlandés que desató la guerra civil irlandesa

La política española es como el sonido de un cencerro después de escuchar un nocturno de Chopin. - Zenk

Creer que todo tiene solución no es optimismo, es talento. Hubo un tiempo en el que un soñador nato, espigado y austero, de orígenes rayanos en una pobreza de solemnidad, creyó en un gran sueño y lo creó, creó una Irlanda libre del ominoso lastre de la centenaria represión inglesa, y pensó que era posible y por ende, se puso manos a la obra.

Irlanda padecía desde tiempos inmemoriales en el cogote, el proverbial mal aliento de los ingleses. Desde el temprano siglo XII, allá por la Baja Edad Media hasta bien entrado el siglo XX, sufrió de forma literal y contable, uno de los mayores genocidios de la historia de la humanidad aplicado unas veces a través del extermino de la población bajo cualquier medio al alcance de sus aplicados e indeseables vecinos, otras veces, por la crueldad de gentes como Cromwell, que desplazó a grandes masas de población ejerciendo matanzas antológicas, otras por las terribles hambrunas (1845-1849) y otras porque a los anglos del otro lado no les salía de sus partes pudendas paliar el hambre que campaba por el país teniendo sus silos llenos de cereales y sus mejores cultivos a pleno rendimiento.

La patata, que junto a la leche, eran los alimentos básicos de la misérrima población local, durante la Gran Hambruna –en el caso de las primeras– un hongo pelín cabroncete acabaría con las precarias cosechas de subsistencia de los pelirrojos. Un período de inanición, enfermedades y emigraciones masivas, junto al acúmulo de reservas por parte de los granjeros ingleses y falta de acceso de los autóctonos a las bien surtidas granjas del este, hicieron que más de 1.000.000 de irlandeses cruzaran el Atlántico en dirección a Norte América mientras otro millón morían ante la inmisericorde guadaña del hambre.

Los ingleses, siempre tan educados ellos, durante mucho tiempo, en sus herméticos y excluyentes círculos cerrados –entiéndase clubs de caballeros con derecho a admisión–, llamaron al ilustre luchador Éamon de Valera y varias veces presidente y primer ministros de Irlanda, nieto e hijo de españoles nacidos en Cuba (cuando era provincia española), “el hombre de la patata”, haciendo alusión con su proverbial arrogancia y sarcasmo a la procedencia de este valeroso luchador por la independencia, de lo que hoy llamamos Eire; Irlanda en su acepción gaélica.

En la famosa película que vio la luz en el año 1999, obra del escritor irlandés Frank Mc Court y dirigida magistralmente por el director Inglés Alan Parker con protagonistas de la talla de la tristísima –en la película claro–, Emily Watson y el sempiterno “pieza” que hace de marido a tiempo parcial (normalmente inmerso en profundas melopeas), Robert Carlyle, recibe el título basado en la experiencia personal del autor de “Las cenizas de Ángela”, cuyos padres en su periplo americano e irlandés, y debido a las enormes penurias económicas padecidas, pierden a tres de sus seis retoños en una tragedia sin ambages donde el hambre y las enfermedades se ceban con los pequeños. Se cree que Alan Parker se inspiró en un rendido tributo a la familia de Éamon de Valera a la que él asocia en una entrevista ante la 'BBC', con su terrible infancia, infancia que guarda un paralelismo innegable con la dramática película de Parker.

Nieto de vascos

Éamon De Valera, hijo de Juan Vivión de Valera asentado en Cuba cuando esta todavía no había sido alevosamente arrebatada por el “amigo americano”, nació en la Nursery and Child's Hospital de Nueva York en 1882, hijo a su vez de madre irlandesa –Catherine Coll– y de padre español a la vez que nieto de abuelo paterno nacido en el País Vasco en 1853. La tramoya sobre el nacimiento del futuro presidente de Irlanda es muy confusa. Español por ser hijo y nieto de vascos afincados en Cuba, acaba como ciudadano norteamericano a la par que Irlandes. Muchas nacionalidades, incluso para una diáspora tan bulliciosa y cosmopolita como lo ha sido siempre la irlandesa. Aunque las investigaciones de los registros civiles y religiosos efectuadas por diversos genealogistas entre los que destaca su biógrafo Tim Pat Coogan, no encontraron en su momento pruebas de tal matrimonio, posteriormente un gabinete de abogados de Dublín en una investigación exhaustiva, si lo hicieron.

Aunque en principio nunca se encontraron certificados de nacimiento, bautismales, de matrimonio o deceso de nadie llamado con ese nombre; Juan Vivión de Valera o derivados, como podría ser el caso de miles de los registrados en la famosa isla de Ellis, adulteraban sus nombres y apellidos para poder adentrarse en lo más profundo del sueño americano. Obviamente, la supervivencia en un medio tan hostil como lo era la Norteamérica del momento, exigía modificaciones de los apellidos para estar más en consonancia con la legitimación fonética requerida para “ser uno de los nuestros”…

En aquel miserable hogar del Bajo Manhattan, un día de octubre de 1882, Kate y Juan traerían al mundo a Éamon. La pobreza era insoportable, la electricidad para iluminarse inexistente, todo funcionaba a base de velas y lámparas de parafina, y la salud del padre español que era más que precaria, se saldaría con una pronta baja en este eterno presente de sufrimiento y decepciones. La humedad del sótano en donde vivían hacinados, acabó con las esperanzas en aquella lucha desigual. Kate Coll empujada a cruzar el Atlántico en pos de una vida mejor, fugitiva del hambre que la acosaba en su Irlanda natal, perdería a su marido y dos hijos en aquella aventura infernal. Finalmente tuvo que enviar al chico Éamon a Irlanda para que recibiera una educación solvente siendo su abuela la que se haría cargo del chaval. Tuvo que ser duro para su madre, Kate Coll ver partir al hijo y seguir con su trabajo de asistenta multiusos.

Tras hacer un recorrido diario a la escuela de Tipperay en régimen de ida y vuelta a razón de 15 kilómetros diarios y en burro, sometido a la incesante niebla que sobrevolaba las turberas de la región y en ocasiones a las pertinaces lluvias locales, este combatiente, ejemplo de supervivencia se licenciaría como matemático y profesor de idiomas.

Por aquel entonces, el amor por Jennis O'Flanagan, su profesora de gaélico, le acercó a la ancestral cultura irlandesa, con ella se casaría en 1910. Alistado en el ultra secreto ejército de los Voluntarios Irlandeses del Sinn Fein, acabaría convirtiéndose en uno de los líderes del sangriento Lunes de Pascua de 1916 en el que morirían más de un centenar de alzados contra el dominio colonial de los vecinitos de al lado, Inglaterra siempre fue, una madre torva dispuesta a aterrorizar a sus súbditos con cualquier medio, genocidios incluidos, capítulo aparte, de los que ha sido muy prolífica –y sagaz en borrarlos de su cínica historia–. La retahíla de estos genocidios en Kenia, India, Irlanda, Bengala, Canadá, Australia, etc. da para una enciclopedia; pero si algo hay que reconocerles, es que tienen un marketing inapelable…

Lucha por una república independiente

La lucha por construir una república independiente entre las que estaba inserto Éamon, le llevó en repetidas ocasiones a la cárcel. Sufriendo tortura y palizas, hambre y humillaciones. Pero, este empecinamiento –muy irlandés por otra parte– pasados los años le convertiría en el presidente del País del Eire, iniciando su larga carrera política al frente de la república.

En Historia, como en todas las ciencias, hay que tener presentes todas las versiones de un mismo hecho para calibrarlo correctamente. Pero en la historia moderna y en particular en el revisionismo de algunos historiadores meticulosos, constan algunos escándalos y auténticos atropellos como la valoración de la revista francesa –probritánica–, “J´ai vu”, sobre la cuestión irlandesa, visión sesgada, inexacta y capciosa.

Se borró en muchos periódicos continentales la verdad de la barbarie inglesa sobre la población autóctona, se habló de submarinos alemanes trayendo armas para los rebeldes. Aquel escenario de bulos y calumnias parecía sustratado en acontecimientos tales como el Anno Domini o “tiempo fantasma“ del contestado Heribert Illig o las famosas Damnatio Memoriae aplicadas a tantísimos personajes de elevado nivel moral o intelectual barridos de los libros por la guadaña de algunos insensatos; caso por ejemplo, el caso de Hatshepsut y su cabroncete primito Tutmosis III o el de Caracalla con su hermano Geta o el del infame asesino de masas Iosif Stalin que prohibía hablar a los rusos de según qué nombres so pena de ir a un gulag en un abrir y cerrar de ojos.

Por lo tanto, lo del coctel identitario de nuestro hispano-cubano-americano-irlandés pasa a ser un tema crudo pero también cercano a las grandes infamias. Si bien hay una nota manuscrita que registra los detalles en el certificado de matrimonio de Vivión de Valera y Catherine Coll casados en Greenville, Nueva Jersey un 19 de septiembre de 1881 que da fe de aquel enlace; no hay que olvidar que durante su carrera política hacia el gobierno de la República de Irlanda, sus enemigos políticos tanto en Inglaterra como entre la oligarquía local, intentaron por todos los medios descalificarle incluso, apelando a bulos tales como que era hijo de padre desconocido, para así, erosionar su imagen pública a fondo.

Difamación a sus padres

Es el caso del dueño del 'The Irish Times', Kevin Myers que era un difamador profesional que desde su tronera privilegiada no paraba de denigrar a los luchadores por la independencia de Irlanda. Ante la no probada orfandad de Éamon de Valera, en un giro copernicano, le dio por vilipendiarle con supuestos padres de toda laya y procedencia geográfica. Durante años, en las columnas de su periódico, atacaba con saña a aquellos que luchaban por poner fin a la onerosa presencia inglesa.

En aquella guerra desigual, los estándares de los periódicos habían caído en picado, pero la conducta de este sujeto no solo era ruin sino que atentaba contra el honor y la dignidad de la pobre madre, Kate Coll, una mujer indefensa, sin recursos y ya entrada en años.

Kate Coll, finalmente fue defendida por abogados pro bono ante las calumnias de impresentable editor y se investigó a fondo la trazabilidad de la paternidad del que sería futuro presidente y primer ministro de Irlanda, dando como resultado que Juan Vivión de Valera asistió al oficio de su boda con su mujer irlandesa en la que el padre Hennessey, un 19 de septiembre de 1881, en la Iglesia de San Patricio en Greenville, Nueva Jersey, daría el visto bueno a la pareja que fueron hasta el día de la muerte de este referente de la nueva República de Irlanda. Lily Brady y Fred Hamilton serían los testigos. El castigo de los lectores al infumable director de aquella impresentable gaceta fue apabullante, cayendo las ventas cerca del 50%. Una forma de justicia poética.

Logros de Varela

De vuelta a la Irlanda que nos importa, la de los logros de De Valera, decir que el 16 de febrero de 1932 se convocaron las elecciones generales. El partido fundado por Éamon de Valera, el Fianna Fail sería la segunda fuerza política. El Fianna Fail ascendía al poder y formaba gobierno con los laboristas. La situación social y económica estaba tremendamente condicionada por la terrible Gran Depresión o Crack de 1929 y sus repercusiones a nivel mundial. La coyuntura, plasmada en un programa electoral ambicioso por las reformas contra la secular pobreza irlandesa, entre otras cosas, aboliría el juramento de fidelidad a la Corona, promocionaría inversiones en sectores como las viviendas de bajo coste y la educación pública para los menesterosos.

En un extraño verano irlandés en el que la lluvia azotaba de lado, algo muy frecuente y llamativo en la isla, murió un 29 de agosto de 1975, en una residencia de ancianos de Dublín, uno de los hombres de más talla de la política internacional del siglo XX (llegaría a ser presidente de la Sociedad de Naciones también). Además, su probada integridad era legendaria. Como anécdota, sus escasos efectos personales desaparecieron por ensalmo para convertirse en reliquias entre sus devotos. Su vida, la de este hijo de españoles, fue una entrega absoluta de fidelidad probada hacia su verdadero –que no único amor–, Irlanda.

Texto publicado originalmente en https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2020-06-06/eamon-de-valera-un-espanol-presidente-de-irlanda_2626228/

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