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Corea: después de la Segunda Guerra, dividida en dos

Cuando en 1945 Japón terminó como uno de los derrotados de la Segunda Guerra Mundial, los coreanos siguieron siendo peones del juego de las grandes potencias.

En la conferencia de Postdam, poco antes de la derrota final de Japón, había quedado estipulado (y así terminó ocurriendo) que las fuerzas japonesas que ocupaban Corea se rendirían a los norteamericanos en el sur y a los soviéticos en el norte; el paralelo 38 sería la línea de separación.

Seis días antes de que finalizara la guerra, 200.000 soldados soviéticos ocuparon el norte de Corea junto con un ejército de coreanos comunistas exiliados. Las desmoralizadas fuerzas japonesas huyeron.

Un mes más tarde, soldados norteamericanos consolidaron la ocupación del sur de Corea; para entonces, los soviéticos ya habían establecido un gobierno comunista en el norte.

Sin que estuviera tan claro si estaban conquistando los restos del imperio japonés o si estaban liberando a una nación oprimida, los norteamericanos administraron el sur de Corea con mano dura y cierta incertidumbre política; su único objetivo claro era evitar que los soviéticos controlaran todo el país.

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Para complicar el escenario, la economía colonial coreana se había derrumbado con la retirada de los japoneses. Huelgas, manifestaciones y revueltas de los campesinos se multiplicaban en la zona norteamericana. El general John Hodge, comandante de las fuerzas estadounidenses, sostenía que “un gobierno militar es completamente inadecuado para controlar esta situación” (comentario singular y sorprendente, si los hay). Pero claro, los soviéticos ya estaban instalados allí, así que los norteamericanos debían quedarse también. La independencia prometida debería esperar. Con la creación de dos Estados separados por el paralelo 38, de ideologías opuestas pero oficialmente establecidos como democráticos (ja), dejó de existir la Corea unificada; la unidad fue sacrificada debido a las estrategias de la Guerra Fría.

Las cosas se mantuvieron con idas y venidas diplomáticas, escaramuzas políticas y esa tensión no resuelta (o resuelta de la peor manera, a veces) que ha caracterizado a la relación de las grandes potencias a lo largo de la historia.

En 1947 hubo algunos intentos de soviéticos y estadounidenses por establecer un gobierno único, pero fracasaron. Los soviéticos sugirieron retirarse (guiñando un ojo, eh) y dejar que los propios coreanos fomaran un gobierno a su modo. Temiendo que los comunistas del norte (los díscolos muchachos de siempre) invadieran el sur si ellos también se retiraban, EEUU propuso elecciones generales supervisadas por la ONU (ja, de nuevo). Conocedores del juego, los soviéticos se levantaron de la mesa y prohibieron la entrada de los funcionarios de la ONU. La península de Corea se convirtió en el escenario de un enfrentamiento (otro más) entre la URSS y EEUU, esos dos jugadores de ajedrez que mueven piezas (regiones, países) sobre el tablero (el mundo) desde que tenemos memoria.

En 1948, la ONU convocó a elecciones en el sur. En unas elecciones bastante violentas y con rumores de coacción norteamericana (ja, otra vez), los coreanos del sur eligieron una Asamblea General. Su presidente fue Syngman Rhee, un activista de la independencia de Corea que había presidido el gobierno en el exilio durante la Segunda Guerra Mundial y ferviente anticomunista recién llegado de Estaos Unidos tras 33 años de exilio (una de esas historias que se repiten a lo largo del tiempo en todos lados).

Mientras tanto, los soviéticos nombraron como primer ministro a Kim Il Sung en el norte, región que pasó a llamarse República Popular de Corea. Kim Il Sung, un militante de la Juventudes Comunistas coreanas de origen campesino que había participado activamente en la lucha contra la ocupación japonesa, asumió el 1 de mayo de 1948. Moscú anunció entonces que todos los soldados soviéticos estarían fuera de Corea a finales de ese año. Los norteamericanos se retiraron en junio de 1949, pero dejaron 500 “consejeros militares” para entrenar al ejército de Corea del Sur (por si las moscas).

Kim Il Sung instauró una dictadura comunista apoyada por la URSS y luego por China. En 1950 lanzó un ataque sorpresivo contra Corea del Sur, con la intención de unificar el país... bajo su régimen, claro. La reacción de los Estados Unidos impidiendo esto dio lugar a otra guerra: la Guerra de Corea.

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