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Canción de amor

Francesco Petrarca, muerto un día antes de cumplir 70 años un 19 de julio en 1374, fue una de las figuras más famosas de la literatura italiana. Erudito, poeta y humanista innovador que influyó en la literatura durante siglos. Petrarca fue admirado por sus emotivos sonetos y sus reflexiones sobre la cultura, pero sobre todo, despertó asombro con sus obras que describen el amor prohibido de su vida, una mujer llamada Laura.

Petrarca nació en Arezzo en el año 1304, en una época en que el mundo se alejaba de la oscura Edad Media y el Renacimiento comenzaba a rebosar. Su padre fue Sir Petracco, un notario que fue expulsado de Florencia cuando los güelfos tomaron la ciudad. Petrarca pasó su primera infancia en un pequeño pueblo fuera de Florencia, y más tarde en Avignón y Carpentras. Entre 1319 y 1323, Petrarca se dedicó a estudiar en Montpellier, después estudió Derecho en Bolonia durante dos años más. Se sintió atraído por la literatura y la escritura latina, y eventualmente se hizo amigo de otro escritor histórico italiano, Giovanni Boccaccio. Petrarca compuso muchos sonetos durante su estancia en Avignón e incluso a su corta edad, comenzó a adquirir la reputación de un escritor admirado.

Petrarca se esforzó por comprender mejor la literatura latina, viajando por gran parte de Europa para hacerse de antiguas obras latinas. En 1326 cuando murió su padre, Petrarca decidió regresar a Avignón. Trabajó en varias oficinas administrativas bajo el mando del cardenal Colonna. Durante su servicio, se hizo el tiempo para componer numerosas versos y sonetos. Sin embargo, Petrarca aún tenía que conocer a la mujer que se convertiría en su máxima inspiración para algunos de los versos románticos más famosos de la época.

Era el 6 de abril de 1327 y Petrarca se encontraba en la iglesia de Sainte-Claire d’Avignon, cuando de repente sus ojos se posaron en la mujer más hermosa que jamás haya visto. En ese momento, Laura tenía diecinueve años y era la esposa de Hugues de Sade. Petrarca sintió un alud de emociones en su corazón, y fue natural para él transmitir estas emociones en sus escritos. Desde la perspectiva de esta pasión, Petrarca escribió sobre el amor ilimitado e indescriptible para el cual no existía cura. Su amor no fue correspondido, pero esto no evitó que se sintiera completamente cautivado por el simple hecho de estar en presencia de Laura. Aunque agonizaba por la idea de que su amor no fuera recíproco, celebró ese sentimiento en muchos sonetos. En Canzoniere, Petrarca relató su primer encuentro con Laura y los indescriptibles deseos que provocó. La interpretación de Laura puso en cuestión la imagen típica de las mujeres en los escritos, describiendo a las mujeres como criaturas espirituales de inmensa profundidad.

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Laura y Petrarca, miniatura del                  Canzoniere.
Laura y Petrarca, miniatura del Canzoniere.

Petrarca encontró mayor satisfacción en la escritura en latín, y consideraba que las obras que compuso en ese idioma eran las mejores. Una de las obras latinas más famosas de Petrarca fue África, una epopeya que echó luz sobre las prácticas de la república romana. Algunas de sus otras obras en latín incluyen las Cartas, El desprecio por la vida mundana y La soledad.

Con el paso de los años, las composiciones de Petrarca fueron volviéndose famosas y, en 1341, fue coronado como un laureado poeta en Roma. Con este reconocimiento llegaron cargos diplomáticos para Petrarca, y mientras viajaba por el norte de Italia, se dio cuenta de que su fama se estaba haciendo más grande. Su escritura lo había vuelto una celebridad internacional. Sin embargo, al aumentar su popularidad, Petrarca sufrió un revés emocional devastador.

En la época de Petrarca, la peste bubónica todavía arrasaba en toda Europa, y casi todos en la época habían sufrido alguna pérdida asociada con la enfermedad.

Petrarca terminaría convirtiéndose en una de esas víctimas. En 1348, su amada Laura cayó presa de la plaga y murió poco después. La pena causada por la muerte de Laura inspiró tantos sonetos y poemas como su amor por ella cuando estaba viva. Para aliviar su dolor, Petrarca continuó viajando por el mundo, para finalmente establecerse alrededor de 1367 en Padua. Pasó lo años que le quedaban en varios servicios religiosos. Petrarca murió el 18 de julio de 1374 en Arqua, en las colinas Euganeas. Le dejó una pequeña suma de dinero a su amigo Boccaccio, y varias obras de literatura que ganarían aún más fama después de su muerte.

La dedicación de Petrarca por alcanzar niveles superiores en el trabajo literario lo mantuvieron reconocido durante siglos. Sus obras dejaron un fuerte impacto en la literatura europea, e influyeron en el camino que seguiría la literatura en los años posteriores a su muerte. Algunos recuerdan a Petrarca como un humanista elocuente, pero la mayoría siempre recordará su profundo e inigualable amor por Laura.

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Estatua de Petrarca, Galería Uffizi, Florencia.
Estatua de Petrarca, Galería Uffizi, Florencia.

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