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Barbie, una muñeca con una misión

¿Pesadilla feminista o símbolo de empoderamiento? A sus sesenta años, recordamos la historia de Barbie, la muñeca más famosa del mundo.

Es difícil encontrar a alguien que no conozca a Barbie. Es rubia, es despampanante, mide 30 centímetros y está hecha de plástico. Amada y odiada casi en igual medida, lo cierto es que en sus sesenta años de vida Barbie logró marcar la infancia de niñas de todas las generaciones que la conocieron.

Ruth Handler con sus creaciones
Ruth Handler, la creadora de la muñeca más famosa del mundo.
Ruth Handler, la creadora de la muñeca más famosa del mundo.

Así y todo, quizás resulte sorprendente que Barbie, a pesar de su éxito comercial y de su estatus icónico, haya comenzado su carrera como una paria. El 9 de marzo de 1959, Ruth Handler –cofundadora de la compañía Mattel, creada en 1945, junto con su marido, Elliot, y su socio, Harold “Matt” Matson– presentó a la muñeca en la Feria Internacional Americana del Juguete en Nueva York. El proceso había sido largo y había estado repleto de objeciones, pero Handler creía fervientemente en lo que estaba haciendo. Años antes había notado que su hija Barbara y sus amigas jugaban con muñecas de papel y se le ocurrió que las niñas no estaban satisfechas con los juguetes que les ofrecía el mercado –como los bebés y las cocinitas, básicamente relacionados a la maternidad y el cuidado del hogar– sino que deseaban algún elemento concreto sobre el cual proyectarse como adultas en un sentido más amplio. Por entonces ya existían las llamadas “muñecas de moda”, como Dollikin o Miss Revlon, que estaban diseñadas más que nada para vestirlas, pero su aspecto se quedaba todavía a medio camino entre una niña y una adulta. La muñeca que quería Handler, en cambio, debía ser más realista, más sofisticada y lo más anatómicamente parecida a una mujer que fuera posible. Ella presentó su idea a Mattel, pero dentro de la empresa se encontró con muchísima resistencia e incluso su marido le aseguró que ninguna madre le iba a comprar a su hija un juguete con pechos.

Handler estaba decepcionada, pero no se dejó amedrentar. Finalmente, en 1956, durante unas vacaciones familiares en Suiza, se topó con Lilli. Esta muñeca alemana de plástico duro no se parecía a nada que ella hubiera visto antes, probablemente, porque había sido concebida para adultos. A pesar de lo que se cuenta en algunas notas más escandalosas, por entonces Lilli ya era usada como un juguete infantil, pero es cierto que en sus orígenes esta había surgido como un artículo promocional de fuertes connotaciones sexuales basado en una historieta picante del diario amarillista Bild. No se sabe si Handler conocía estos detalles, pero lo seguro es que Lilli era larga, sexy y estaba vestida con atuendos de moda, tal como el juguete que ella había imaginado.

Bild Lilli
Bild Lilli Doll fue una muñeca alemana a la moda producida de 1955 a 1964. Es la predecesora de la muñeca más famosa en el mundo: Barbie.
Bild Lilli Doll fue una muñeca alemana a la moda producida de 1955 a 1964. Es la predecesora de la muñeca más famosa en el mundo: Barbie.

Con la valija llena de muñecas, Handler regresó a Estados Unidos y le pidió a Jack Ryan, exdiseñador de misiles y encargado del área de Investigación y Desarrollo en Mattel, que proyectara algo similar. La muñeca, que ahora se llamaba Barbie en honor a la hija de Handler, empezaba a tomar forma.

Barbie 1959
Barbie, modelo de 1959.
Barbie, modelo de 1959.

Sin embargo, mientras se realizaban las primeras pruebas de manufactura en Japón y se pensaba en los atuendos que la muñeca llevaría, resultó evidente que la resistencia continuara. Ahora, además de las críticas de los hombres de Mattel, los focus groups indicaban que, aunque a las niñas les gustaba la muñeca, las madres sentían que la muñeca era demasiado sexy y, por lo tanto, una mala influencia. Dispuesta a usar todas las herramientas a su disposición, Handler convocó a Ernst Dichter, un austríaco especialista en marketing conocido como “el manipulador”, y descubrió que las niñas admiraban a Barbie porque querían ser como ella y que, en la medida en la que se presentara a la muñeca como un elemento para enseñar lo que era el refinamiento, las madres estaban dispuestas a aceptarla.

Apoyada por esta información clave, toda la campaña publicitaria se inclinó en este sentido. Barbie fue retratada como una modelo más que como una muñeca y, en su primera presentación en la Feria de Juguetes en marzo de 1959, usó un vestido de novia para mostrar que, a pesar de su cuerpo voluptuoso, la muñeca solamente aspiraba a relaciones honorables. Ese mismo vestido es el que se ve en el primer anuncio televisivo, en el cual se mostraba a Barbie en su versión rubia y morocha junto con sus múltiples accesorios mientras de fondo sonaba una canción que exaltaba su belleza y aseguraba, poniéndose en el lugar de la niña a la que apuntaba: “Algún día voy a ser exactamente como vos, (…) hasta entonces voy a hacer de cuenta que soy vos”.

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En la primera presentación de la Barbie, en la Feria de Juguetes, en marzo de 1959, usó un vestido de novia para mostrar que, a pesar de su cuerpo voluptuoso, la muñeca solamente aspiraba a relaciones honorables.
En la primera presentación de la Barbie, en la Feria de Juguetes, en marzo de 1959, usó un vestido de novia para mostrar que, a pesar de su cuerpo voluptuoso, la muñeca solamente aspiraba a relaciones honorables.

Para cuando Barbie salió al mercado, Handler había puesto toda la carne al asador, pero los primeros signos apuntaron al fracaso. El pecho turgente de Barbie seguía siendo un problema y los representantes de las grandes tiendas encargadas de distribuir los juguetes no se mostraron entusiasmados. La demanda fue muy limitada y Handler, incluso, tuvo que llamar a Japón para disminuir la producción en un 40 % porque temía no poder colocar la cantidad de Barbies que había mandado a hacer. Sin embargo, con la llegada de las vacaciones de verano a mediados de año, la situación se vio transformada repentinamente. Los comerciales televisivos, que no habían parado de salir desde marzo, el tiempo libre para jugar y la novedad de la muñeca impulsó a las niñas a pedir que sus padres les compraran una Barbie.

De repente, Barbie estaba en todos lados. Mientras la industria se quedó mirando atónita, Handler, de la mano de su muñeca, había transformado a Mattel en la empresa de juguetes líder en el mercado. Para finales del año se habían vendido más de 300 mil Barbies, número que continuaría creciendo exponencialmente hasta alcanzar, a inicios de la década del noventa, el impresionante promedio de 3 muñecas vendidas por segundo.

A pesar de los vaivenes que sufriría Mattel a lo largo de su historia –que incluyeron la salida de los Handler en los setenta luego de acusaciones de fraude, en coincidencia con un largo período de estancamiento en las ventas de Barbie– las novedades de los siguientes años no se limitaron a la cantidad de muñecas vendidas. En la década del sesenta, además de Barbie y sus múltiples accesorios, comenzaron a llegar más personajes al universo de la muñeca que incluyeron a su novio, Ken –hecho por demanda popular–, a su hermana menor, Skipper, y a figuras hoy olvidadas como los hermanos mellizos, Tutti y Todd. Para finales de la década, también cambió el diseño de la cara de Barbie para ajustarse más a los cánones de belleza, situación que se repetiría nuevamente en 1971 con el desarrollo de la Barbie Malibú –la primera con mirada hacia el frente–, en 1976, con la Barbie Superstar y en 1992, con la Neptune Barbie.

Barbie astronauta
Barbie astronauta y Barbie científica.
Barbie astronauta y Barbie científica.

Además de ser un barómetro de las tendencias contemporáneas, otro rasgo saliente fue que Barbie tuvo casi 200 carreras diferentes a lo largo de los años y adoptó diferentes identidades. En el principio de su historia Handler, que siempre admitió que ella no quería cambiar la realidad, sino más bien mostrarla como era, le dio a Barbie roles típicamente femeninos como azafata, editora de moda o enfermera. Sin embargo, para 1965 la tendencia comenzó a relajarse cuando, años antes de que la primera mujer estadounidense viajara al espacio, apareció una Barbie astronauta. Desde entonces, si bien no faltaron los traspiés en temas de género, el cielo se volvió el límite. Para la década del ochenta, en conjunto con una nueva campaña que hacía hincapié en el hecho de que las niñas podían hacer lo que quisieran, Barbie ya era ejecutiva y estrella de rock. En los noventa, la muñeca devino en maestra, dentista y piloto de avión, aunque famosamente se puso en duda su inteligencia cuando por 1992 una Barbie que hablaba se quejó de que le resultaba muy difícil la clase de matemáticas. Con la llegada del nuevo milenio, sin embargo, la muñeca llegó a ser científica, ingeniera informática y presidente.

A pesar del mensaje de empoderamiento femenino, ninguna descripción de la historia de Barbie estaría completa, por supuesto, sin sus controversias. Aunque era una muñeca que fue concebida para actuar como un ejemplo a seguir por las niñas, el epítome del refinamiento, a lo largo de las décadas Barbie sería demonizada una y otra vez. A inicios de los sesenta el problema principal que se le achacaba era el materialismo, representado por antonomasia por la Casa de los Sueños de Barbie y sus miles de atuendos. A su obsesión por la estética y los objetos se sumaron, especialmente a partir del advenimiento de la segunda ola del feminismo, las críticas a su cuerpo –largo, esbelto y con una cintura imposible–. Con el tiempo no solo se diría que este era completamente desproporcionado –algo hecho a propósito, según Mattel, para que al ponerle la ropa la Barbie no quedara deforme– sino que también se puso en tela de juicio el problema de la diversidad. Barbie era básicamente una chica flaca, alta y rubia de ojos celestes. Con los años se fueron introduciendo modificaciones, pero esas características primordiales, como las orejas de Mickey Mouse, se mantuvieron invariables. A nivel representación, por supuesto, millones de niñas no se veían reflejadas en Barbie. Aunque hubo toda una serie de personajes secundarios en su universo que comenzaron a experimentar con la diversidad –como la infame Francie “de color” de 1967 y la primera amiga negra de Barbie, Christie, salida en 1969–. Barbie recién apareció como una mujer hispánica en 1979 y como una mujer negra en 1980.

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Barbie y sus amigos en la serie Fashionistas, lanzada en 2016.
Barbie y sus amigos en la serie Fashionistas, lanzada en 2016.

Hoy, con Barbie cumpliendo sesenta, el futuro de la muñeca parece incierto mientras Mattel intenta dejar atrás los estigmas asociados con ella. A través de sus redes sociales –tiene 2 millones de seguidores en su Instagram, abierto en 2015– ella sigue exponiendo su estilo de vida glamoroso y dando tips de moda, pero también se muestra con sus amigos de la serie Fashionistas, lanzada en 2016, que presentan más variedad en cuanto a tipos de cuerpo, colores de piel y peinados. A pesar del cambio de imagen, muchos están de acuerdo con que todavía falta mucho para que Barbie llegue a satisfacer el, hoy prácticamente indefinible y voluble, ideal de belleza femenino sin perder su esencia. Con esta dura tarea sobre sus frágiles hombros, el futuro de Barbie en esta nueva década de su vida, con las ventas en el nivel más bajo de los últimos 23 años, resulta incierto. Así y todo, una cosa sigue siendo cierta: mientras una muñeca de la marca siga inspirando a una niña a realizarse, Barbie habrá cumplido su misión.

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