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Argentina se retira de la Sociedad de las Naciones

En noviembre de 1920 se celebró la primera reunión general de la Sociedad de las Naciones, en Ginebra. El presidente de los Estados Unidos, el demócrata Woodrow Wilson, había sido el promotor de la organización y su defensor más ferviente; sin embargo, su país no envió ningún representante a la flamante Sociedad. Mensajes, que le dicen.

Las graves consecuencias que dejó la Primera Guerra Mundial plantearon la necesidad de crear una organización internacional que velara por la paz y la seguridad a nivel mundial, y que evitara que el mundo volviera a padecer una guerra semejante.

En esa dirección, la Sociedad de las Naciones (claro antecesor de la ONU) se planeó y acordó como una organización internacional que trabajaría para el desarme mundial y otras cuestiones que tuvieran que ver, sobre todo, con las relaciones entre los países. Sus miembros se comprometían a mantener la independencia del territorio de cada uno (si hay que “comprometerse” a eso... ya algo de tufillo hay) y a establecer y cumplir un período de negociaciones, arbitrio internacional e incluso enfriamiento en el caso de que la guerra entre dos miembros de la Sociead se vislumbrara como inminente.

¡Ah! Y, a diferencia de las antiguas alianzas celebradas hasta entonces, admitiría a cualquier país del mundo. Pero claro, había que pasar por una especie de “derecho de admisión”, ya que había diferentes clases de miembros: los miembros “originarios” (tarjeta platino, digamos), que eran los 32 estados vencedorees de la guerra que habían firmado y ratificado el Tratado de Versailles; los miembros “invitados” (tarjeta gold), que eran 13 estados “neutrales” en la guerra (Argentina estaba entre ellos) invitados por los miembros originarios; finalmente, los miembros “admitidos” (“¡el patova me dejó entrar!”), que se comprometían a cumplir con las disposiciones del tratado. En otras palabras: si fundamos el club, lo manejamos nosotros, obvio.

Pero (siempre hay un “pero”...) el senado de los Estados Unidos no ratificó el Tratado de Versailles, que contenía, palablas más, palabras menos, el convenio de esta Superliga.

Woodrow Wilson inició una trabajosa disputa sobre la redacción del texto del estatuto de la Sociedad, viajando por el país para conseguir adeptos a su postura, y resultó que en septiembre de 1919 Wilson sufre una apoplejía, lo que le impide ser candidato a renovar su mandato en 1920 (de hecho, moriría en 1924 sin haberse recuperado plenamente).

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Thomas Woodrow Wilson, en 1919.
Thomas Woodrow Wilson, en 1919.

El candidato demócrata James Cox defendía la pertenencia a la Sociedad de las Naciones, pero los votantes eligieron a su oponente republicano, Warren Harding, que eludía la cuestión (eso, a buen entendedor, sería un “no estoy de acuerdo”, pero para qué decirlo taxativamente, no?).

Y el año siguiente, en su discurso de apertura, Harding anunció que Estados Unidos no se inmiscuiría en los “asuntos europeos”. Después de esa declaración, ni corto ni perezoso, pactó un tratado de paz por separado con Alemania. Así, Estados Unidos quedó “aislado del mundo” (Alemania, digámoslo, de alguna manera ya lo estaba, acababa de perder la guerra). Y afuera de la Sociedad de las Naciones, claro.

Argentina asiste a los encuentros en Ginebra con dos propuestas principales: la primera, que tratándose de una Sociedad llamada a establecer la paz, no debería hacerse distinción entre Estados “beligerantes” o “neutrales”; la segunda, que todos los Estados del mundo deberían ser admitidos por igual (!qué es eso de los socios VIP...!?).

Esta postura, que no parece estar en el espíritu inicial de los debates en Ginebra, comienza a hacer que Argentina mire medio de costado su futuro en la Gran Comilona. En este estado de cosas, el presidente Hipólito Yirigoyen instruye a la delegación argentina ante la Sociedad de las Naciones. Sostiene que Argentina no debe participar en dicho organismo si éste no admite a todos los países, dejando de lado si los mismos fueron vencedores o vencidos en la Primera Guerra Mundial. El jefe de la delegación argentina ante la Sociedad de las Naciones, Honorio Pueyrredón, después de un arduo debate interno, pronuncia un discurso en Ginebra (donde se realizaba, quedó dicho, la reunión del flamante organismo internacional), fundamentando su posición y anunciando que Argentina se abstendría de participar en la Sociedad de las Naciones. “La victoria no da derechos”, dijo Honorio en su discurso (para colmo de los ideólogos originales de la Sociedad, o sea, los victoriosos). Así que... siamo fuori. Argentina se retira.

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Honorio Pueyrredón.
Honorio Pueyrredón.

Volvería en 1932, bajo la presidencia de Agustín P. Justo. !Ah! Un detalle más: finalmente, en 1946, la Sociedad de las Naciones se disuelve... en parte (¿en parte?) por el estruendoso fracaso que significó el hecho de no haber podido evitar... la Segunda Guerra Mundial. No deja de ser interesante el hecho de que durante el transcurso de la guerra, la Sociedad... existía!! Pero claro, EEUU no era integrante...

Y así, muerto el rey, viva el rey: apenas terminó la Segunda Guerra Mundial, apareció la ONU.

Más de lo mismo.

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Mapamundi mostrando los países miembros de la Sociedad de Naciones (en verde y rojo) el 18 de abril de 1946, cuando la Sociedad de Naciones dejó de existir.
Mapamundi mostrando los países miembros de la Sociedad de Naciones (en verde y rojo) el 18 de abril de 1946, cuando la Sociedad de Naciones dejó de existir.

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