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Ali vs Frazier, enemigos esenciales

Muhammad Ali y Joe Frazier han representado posiblemente la más enorme rivalidad boxística conocida, cuya intensidad comenzó antes de la primera de sus tres inigualables peleas y se fue amainando recién cuando ambos fueron archivando sus recuerdos.

La primera de sus tres inolvidables batallas fue el 8 de marzo de 1971. Frazier (campeón olímpico en Tokio 1964) era el invicto campeón mundial de los pesos pesados, un peleador tremendo con un gancho de izquierda capaz de noquear a cualquier ente animado y partir una roca en dos. Ali (campeón olímpico en Roma 1960) estaba recuperando su nivel de extraordinario boxeador luego de que se le retirara la licencia de boxeador profesional (siendo campeón mundial vigente) entre 1967 y 1970 por negarse a ir a la guerra de Vietnam alegando objeción de conciencia.

Luego de que Muhammad Ali fuera despojado de su título, los ocho primeros boxeadores del ranking combatieron en una eliminatoria para designar un uevo campeón. En la pelea final de esa eliminatoria, en febrero de 1970, Joe Frazier derrotó por KOT 5 a Jimmy Ellis y se consagró campeón mundial; luego defendió el título por primera vez ante Bob Foster en noviembre del mismo año, ganando por KO 2. “Smokin Joe” dominaba la división pesada con un boxeo eficiente que incluía un poderoso gancho de izquierda moldeado en los gimnasios de Philadelphia.

Para Ali era su tercera pelea luego de su regreso al ring. Había vencido a Jerry Quarry (GKOT 3) en octubre de 1970 y a Oscar Bonavena (GKO15) en diciembre del mismo año. Ali era “The Greatest”, la prensa lo consideraba el más grande de todos los tiempos y sus admiradores no concebían la posibilidad de que fuera derrotado. Y menos ante Frazier.

La pelea fue más que “una pelea”. Tuvo una connotación política y social como nunca había ocurrido; Ali era idolatrado (mucho) pero también despreciado (bastante) por charlatán, por su negativa a ser reclutado por el ejército y por ser musulmán. Frazier era un boxeador esforzado y duro, a quien Ali llamaba “Tío Tom” porque decía que los blancos de Estados Unidos lo apoyaban y que Joe representaba a los negros complacientes con los blancos. Ese fue el insulto que más le dolió a Joe y nunca se lo perdonó a Ali, que era un símbolo para los opositores de la guerra pero para otros un simple desertor antiamericano. Para muchos, Joe Frazier representaba a esa mayoría silenciosa que estaba de acuerdo con la guerra y Muhammad Ali era el rebelde, el inconformista. El combate se había politizado y cargado de simbolismos.

Frazier había ayudado económicamente a Ali mientras éste no podía boxear por la suspensión impuesta, pero a pesar de eso Ali lo ninguneaba públicamente. Los insultos fueron más allá de las tradicionales bravuconadas promocionales. En ese terreno ganó Ali, como era de esperar, que llamaba a su rival “ignorante”, “campeón de los blancos”, “gorila”, “punching bag”. “No parece un campeón peso pesado. Es demasiado bajo” (Frazier medía 1.82 m, Alí 1,91 m). Frazier estaba muy resentido con Ali por todo esto y lo provocaba refiriéndose a él como Cassius Clay (el nombre de nacimiento de Ali era Cassius Marcellus Clay; Ali se lo cambió al convertirse a la fe musulmana y detestaba que lo llamaran por su nombre “de esclavo”) y le decía “Louisville Lip” y “Mariposa”. “Estoy cansado de él, mis hijos van a la escuela y les dicen que su padre es un gorila”, decía Joe. Ali le decía a su entorno “Joe sabe que lo hago para promocionar la pelea”. Le contestaban “¡no, Joe se lo toma en serio!”.

La pelea se realizó en el Madison Square Garden de New York y fue rotulada como “La Pelea del Siglo”, título que, por una vez, fue cierto. La demanda de tickets superó todo lo imaginable, nadie quería quedarse afuera. Frank Sinatra tuvo que conformarse con una credencial de reportero gráfico para la revista Life, Burt Lancaster fue acreditado como comentarista radial y hasta se hicieron presentes los tres astronautas de la misión Apolo 14, que habían regresado de la Luna hacía menos de un mes. Frazier era levemente favorito en las apuestas (6-5), la pelea paralizó al mundo, se transmitió en vivo por circuito cerrado a 370 lugares del país y fue vista por 300 millones de personas en todo el mundo.

Aquel 8 de marzo de 1971 “Smokin Joe” Frazier rompió el aura de Ali, lo castigó con dureza con su poderosa zurda durante toda la pelea y así hizo historia, derrotando al hasta entonces invencible Ali por decisión unánime. La pelea era a 15 rounds y fueron todos intensos. Frazier, con inolvidables pantaloncitos dorados, avanzaba agazapado, tirando sus ganchos de izquierda y el resto de sus golpes de abajo hacia arriba, en contra de la inercia; Ali, de pantaloncitos rojos con vivos blancos, arrojaba, desde su postura erguida, veloces jabs y derechazos de trayecto más largo. Ali tenía más movilidad y recorría el ring; Frazier lo perseguía, como atado a él por una cuerda invisible. Ali casi nunca pudo llevar la distancia entre ambos a la que más le hubiera convenido; Joe nunca se lo permitió. Así que Ali tuvo que plantarse y fajarse, renunciando por momentos a su mejor arma: su movilidad y ese “toco y me voy” magistral que le permitía dañar a su adversario quedando a la vez fuera de su alcance.

Ali sumó puntos en los primeros rounds con jabs y derechazos que sacudían la cabeza de Frazier, pero Frazier seguía encima y su gancho izquierdo empezó a llegar con más frecuencia. Se decían de todo mientras intercambiaban golpes; el árbitro Arthur Mercante les pidió que dejasen de hablar tanto, pero no le hicieron caso. En el 11er round Frazier sometió a Ali con dureza y aparecía con más resto en el tramo final de la pelea. Sin embargo, Ali ganó el 14to round. En el comienzo del último round, ambos se sentían ganadores pero inseguros de un resultado favorable. En ese inolvidable round Frazier soltó su mejor gancho de la noche y Ali cayó, de espaldas, rotundamente. Ali estaba en el piso, por primera vez en su carrera. Logró pararse y terminar la pelea, pero su suerte estaba echada. Frazier ganó en fallo unánime (9-6, 11-4 y 8-7). Su voluntad inquebrantable, su extraordinario estado físico, su fuerza y su resistencia fueron más que el gran talento y la extarordinaria técnica de Ali. Nadie le hubiera ganado a Joe Frazier esa noche.

“¿Quién es el campeón?” gritaba con orgullo y desahogo Frazier después de la pelea. Ambos tenían sus caras hinchadas, la mandíbula de Ali estaba muy deformada y ambos tuvieron que ir al hospital.

Al día siguiente Ali habló con la prensa desde su cama en el Hotel New Yorker. “Perder es una sensación extraña. Dentro de una semana será historia antigua”. Ali seguía siendo Ali, el que generaba amores y odios, a quien querían verlo mantener su invicto o derrotado sobre el ring, dependiendo de en qué lado estuviera cada uno. Por su parte, al ser consultado sobre una posible revancha, Joe Frazier contestó “no creo que Clay la quiera”. Empezaba a calentarse el segundo combate.

Cuando la revancha se transformó en una posibilidad cierta, Frazier rechazó la propuesta económica. La oferta era una bolsa de 3.000.000 U$D para cada uno. “Soy el campeón y lo reafirmé ante él. No acepto cobrar el mismo dinero, me iré al infierno antes de aceptar darle la mitad de la bolsa.” Joe terminó aceptando 1.000.000 U$D para defender su título contra George Foreman, y se quedó sin él: lo perdió con Foreman por KO 2, cayendo seis veces a la lona, en enero de 1973.

Mientras tanto, a Ali no le iba mucho mejor. Perdió por puntos con Ken Norton en marzo de 1973 (luego se sabría que peleó con su mandíbula fracturada desde el 3er round), y si bien se tomó revancha en septiembre, el fallo fue dividido y muy discutido; Ali no había sido superior a Norton.

Ali-Frazier II fue la menos destacada de la trilogía; ninguno de los dos era campeón, pero era la pelea más atractiva que podía ofrecer el mundo. El escenario estaba listo para una revancha entre Frazier y Ali, y el ganador obtendría una oportunidad para enfrentar a George Foreman, el nuevo campeón. Ali seguía con sus provocaciones, a las que agregó la de “feo”, mientras Frazier odiaba a “Clay” cada vez más.

El 28 de enero de 1974, el Madison Square Garden se agotó de nuevo para Ali vs Frazier II, pero el ambiente no se parecía en nada a la del ’71. La primera pelea había sido “la” historia entre dos campeones invictos de peso pesado; ahora, Ali y Frazier eran ex campeones, más viejos y más lentos. Sin embargo, la tensión entre los dos hombres era quizá aún mayor.

Ali había aprendido bien su lección; no cometió los mismos errores, no entró en los intercambios golpe por golpe y se cuidó mucho más. Dio vueltas por todo el ring, bailaba, conectaba golpes rápidos y uno-dos. En una pelea menos emocionante, Ali fue estableciendo de a poco una ventaja en las tarjetas. Joe se movió con menos perseverancia que en la primera pelea y sus golpes llevaban menos potencia. Otra vez persiguió a Ali obstinadamente, llegando ocasionalmente con su gran izquierda, pero en su mayor parte Ali logró mantenerse un paso por delante del toro y sus piernas se mostraron más ágiles que en el ´71. Y cuando Joe se echaba encima, Ali lo amarraba hasta que el árbitro los separaba.

En los rounds 7mo y 8vo Frazier encontró su fuego y conectó varios ganchos de izquierda, pero aún así no pudo tomar el control de la pelea como en el '71. Parecía obvio que Frazier necesitaba un nocaut para ganar. Joe conectó más ganchos de izquierda en el 10mo, pero ninguno lastimó a Ali. Ambos se conectaron en el 11er round, el mejor de la pelea, pero Ali cerró el espectáculo prevaleciendo con golpes más vistosos que efectivos y abrazando en cada embate de Joe.

La pelea no tuvo la acción y el drama del primer duelo y esta vez no hubo suspenso en las tarjetas; Ali ganó la pelea (que fue a 12 rounds y sin título mundial en juego) por puntos en decisión unánime. Frazier y su entrenador, Eddie Futch, se quejarían del árbitro por no penalizar a Ali por sus constantes abrazos y trabas. Había sido una buena pelea de pesos pesados, y la cosa quedaba equilibrada.

Después de la pelea, la atención empezó a centrarse en la perspectiva de que Muhammad Ali desafiara el asombroso poder del aparentemente invencible George Foreman. Así, el 30 de octubre de 1974, Muhammad Ali derrotaba por KO 8 a Foreman en Kinshasa, Zaire, en la famosa “Rumble in the Jungle”, y se transformaba en campeón mundial de los pesados.

Pero faltaba algo: la pelea final. La última ocasión en que chocaron Ali y Frazier fue el 1 de octubre de 1975, y aún se recuerda a este tercer combate entre ambos como uno de los más brutales (si no el más brutal) que sostuvieran jamás dos pesos pesados, ya que intercambiaron durísimos golpes durante 14 rounds. Muhammad Ali tenía 33 años, Joe Frazier 31. El combate fue promocionado como “The Thrilla in Manila”, y el escenario elegido fue el Coliseo Araneta, en Quezón City, Manila, que estuvo colmado por 26.000 espectadores. En medio de graves problemas sociales, políticos y económicos que atravesaba Filipinas, el dictador Ferdinando Marcos quiso mostrarle al mundo que en su país reinaba la paz, que no había conflictos ni marchas de protesta y que la población estaba contenta y tranquila, a pesar de vivía bajo la ley marcial desde hacía tres años. Nada que no se haya visto antes. Incluso el Estado filipino se hizo cargo de varios gastos organizativos y de la bolsa de Ali, que fue de 4.500.00 U$D.

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Don King, el ex convicto de los pelos parados, se aseguró los derechos del combate, llegó a un rápido acuerdo con Marcos y organizó la pelea, que fue transmitida a 62 países, entre los que fue incluida por primera vez la Unión Soviética. Para que se viera en horario central en los Estados Unidos, la misma empezó a las 10.45 de la mañana (hora filipina) del miércoles 1 de octubre. El horario de comienzo en EEUU fue el martes 30 de septiembre a las 21.45hs en Nueva York, a las 20.45 en Chicago, y a las 18.45 en Los Ángeles; por eso esta pelea es recordada con las dos fechas.

En la previa, la palabrería de Ali funcionó como siempre. En esta ocasión hasta llevó un gorila de peluche, al que golpeaba en las conferencias de prensa. “¡Vamos, gorila, estamos en Manila!” “Él no sabe hablar, él no sabe boxear, él no sabe bailar”, disparó Ali en la ceremonia del pesaje, que se realizó (insólitamente) cinco días antes del combate. Ali acusó en la balanza 101 kg; Frazier, 97,300 kg.

El día de la pelea el programa comenzó a las siete de la mañana, y poco después Ferdinando Marcos ordenaba sorpresivamente que la pelea fuera televisada en directo a todo el país. Con la llegada al ringside preferencial del presidente Marcos y su esposa Imelda, la atmósfera estaba a punto de estallar. El show en el ring, antes del comienzo de la pelea, se dio en miradas de enojo, en gestos despectivos, en saludos al público. Y cuando sonó la campana comenzó una batalla tremenda, la más dura jamás vista.

La pelea fue de palo y palo permanente desde el principio. Frazier con su juego de cintura e inclinación permanente hacia adelante con su centro de gravedad bajo acortaba distancias y con sus devastadores ganchos de izquierda impactaba en el cuerpo de Ali, que con sus jabs elegantes y sus derechazos a fondo golpeaba a Joe (ahora, el retador) con fiereza una y otra vez, sobre todo en la cabeza. Pero el duelo también fue dialéctico, ya que Ali provocó a su archirrival durante toda la pelea: “¿Esto es todo lo que puedes, gorila?”, fue su frase permanente.

Ali había predicho (para variar) que ganaría por KO, y salió a buscarlo en los primeros rounds. Frazier se lanzó también a un ataque salvaje, lo que obligó a Ali a pelear de contragolpe. En los rounds 4to, 5to y 6to Frazier prevaleció, mientras Ali no encontraba la medida de distancia justa para sacar provecho de sus brazos más largos. Frazier era un tanque lanzado hacia adelante, dispuesto a forzar las acciones en todo momento, a no dar un respiro. La pelea se hacía cada vez más dramática. En los rounds 7mo y 8vo Ali logró bailotear alejándose del alcance de Frazier; al comienzo del 9no Ali se refugió en las sogas con su ojo derecho muy hinchado, mientras Frazier persistía en su trabajo de demolición. Los contragolpes de Ali también llegaban, un salvaje griterío recorría el estadio. Para lograr la distancia que le convenía, Joe recibía mucho castigo. Su actitud era suicida, pero nunca se detuvo; siguió incansable, una verdadera máquina de avanzar y tirar golpes.

El 11vo round fue el comienzo del fin. Ambos estaban dañados, lastimados, cansados. Ali salió decidido y conectó derechas justas y tremendas. Su izquierda fue imparable, Frazier terminó el round con el ojo derecho totalmente cerrado, y ahí comenzó su derrota. Durante ese último tramo de su carrera, Frazier peleaba con la visión de su ojo izquierdo bastante disminuida ya que tenía catarata, de la que recién se operó tras su retiro. “No podía ver bien con el izquierdo y Mariposa (así lo llamaba Joe a Ali) me cerró el derecho. Estuve casi ciego toda la pelea“, recordaría.

Bajo un calor sofocante de más de 40°, los dos habían recibido un castigo tremendo. En forma casi inverosímil, Ali hizo un round casi demoledor en el 12vo round, con más amor propio que reservas físicas. La cara de Frazier estaba tumefacta. En el 13vo round un derechazo de Ali hizo volar el protector bucal de Frazier, que escupiendo sangre, tozudamente, seguía buscando achicar las distancias. Inútil. Con Frazier casi sin visión, Ali golpeaba casi a voluntad.

En el descanso entre el 14to y 15to y último round, ambos estaban exhaustos, doloridos y al borde del desmayo. El entrenador de Frazier, Eddie Futch, llamó al médico, quien hizo una seña muy visible: “Lo dejo en sus manos”. Futch no quería que Joe siguiera. Joe lo apartó, y luego de una breve discusión Futch decidió que el combate terminara. A pesar de las protestas de Joe, que quería continuar, Futch le dijo: “nadie olvidará lo que hiciste aquí hoy”, y le indicó al árbitro Carlos Padilla que Frazier, que había sobrepasado el límite de sus fuerzas, no seguiría.

Pero lo que Futch y Frazier desconocían era que en el rincón de enfrente, el mismísimo Ali, destruido, acababa de pedirle a su entrenador, Angelo Dundee, que le cortara y sacara los guantes por el dolor insoportable que sentía en sus puños; Ali no quería pelear más. “Esto es lo más parecido a la muerte”, diría por primera vez.

Entonces, Dundee escucha lo que viene del otro rincón, se da vuelta y mira hacia el rincón de Frazier, ve que el médico ha subido a examinar a Joe; detecta el inminente abandono de Frazier y, aún sorprendido, le pide a Ali que se ponga de pie. Por el solo hecho de hacerlo y levantar su brazo en señal de victoria, se llevó el triunfo. Y así Muhammad Ali cerró 2-1 a su favor esta inolvidable trilogía.

Increíblemente, en un rincón, Frazier quería pelear, pero su entrenador (Futch) no; en el rincón opuesto, Ali quería abandonar, pero su entrenador (Dundee) quería seguir. Prevaleció la repentización de Dundee, y eso decidió que la pelea más importante de la historia de los pesos pesados la ganara el boxeador que no quería seguir peleando.

Al momento de la definición, Ali estaba arriba en las tarjetas: 66-62, 67-62 y 66-60. Ali no tenía fuerzas para festejar y se desplomó en su rincón. Sólo le dijo a Frazier sobre el ring: “Contigo nunca más, Joe. Esto fue lo más parecido a la muerte”, repitiéndole a su feroz enemigo lo que acababa de decirle a su propio entrenador. Poco después se lo repetiría en un hospital de Manila, donde ambos fueron trasladados. El combate fue elegido como “Pelea del Año” por la revista The Ring en 1975, y la cadena ESPN lo nombró el quinto mayor evento deportivo del Siglo XX.

“Si Dios me eligiera para una guerra santa, pediría combatir al lado de Joe Frazier”, elogió finalmente Ali, públicamente, a su adversario. Para no perder la costumbre, agregó: “es el mejor boxeador de todos los tiempos, después de mí.” Frazier no concurrió por la noche (recordemos que la pelea se había desarrollado durante la mañana de Manila) a la cena de gala que ofreció Ferdinando Marcos en su residencia, pero le mandó una nota a Ali: “Te di golpes que derriban paredes y te mantuviste firme. Eres un gran campeón”. Ali y Frazier habían apostado 1.000.000 U$D antes de la pelea, y Marcos se lo recordó a Ali: “No, Joe no me debe nada. Y yo tampoco le debo nada. Nos pagamos todas las deudas que teníamos. Ahora, los dos quedamos liberados”. “Estoy vivo. Mi cara está hinchada, pero no tengo cortes. Ahora voy a descansar seis meses. Esta pelea ha sido lo más parecido a la muerte”, dijo, por cuarta vez en el día. “Frazier fue un gran rival. No sé si yo en su lugar hubiera soportado tanto...”

Ali mostraría su arrepentimiento por sus desprecios a Joe en varias ocasiones: “Dije muchas cosas en el calor del momento… Lo llamé por nombres que nunca debí haberlo llamado. Pido disculpas por eso. Lo siento mucho. Todo tuvo el propósito de promover la pelea”, reconocería, siempre con algún argumento colateral.

Joe Frazier se retiró del boxeo en octubre de 1981, con un record de 32 triunfos (27 antes del límite), 4 derrotas (sólo Ali y Forrman lo derrotaron, dos veces cada uno) y 1 empate. Muhammad Ali se retiró del boxeo el mismo año, dos meses después, con un record de 56 victorias (37 antes del límite) y 5 derrotas.

Ambos, quién lo sabe, quizá empezaron a morir juntos.

Joe Frazier falleció en Philadelphia el 7 de noviembre de 2011, a los 67 años, de un cáncer de hígado. Ali, quien luchaba contra el Parkinson desde 1984, asistió a su funeral y al referirse a él dijo: “El mundo perdió a un gran campeón. Siempre recordaré a Joe con respeto y admiración”.

Dos años antes de su muerte, Frazier había declarado, en una entrevista que ya había dejado atrás su resentimiento contra Ali, que fallecería el 3 de junio de 2016, a los 74 años.

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