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Alemania vs Alemania

En el Mundial de fútbol de 1974 se disputó un partido irrepetible: Alemania Occidental (también llamada Alemania Federal) enfrentó a Alemania Oriental (también llamada Alemania Democrática). El capricho del sorteo decidió que ambos países se vieran las caras en la última fecha de la primera fase (la fase de grupos, en este caso el grupo A) del torneo.

El partido se jugó bajo una llovizna permanente en el Volkparkstadion de la ciudad de Hamburgo ante más de 60.000 espectadores y el árbitro fue el uruguayo Ramón Barreto. Las dos Alemanias estaban separadas desde 1961 por el Muro de Berlín, luego de la división del país tras su derrota en la Segunda Guerra Mundial, y la Guerra Fría entre el mundo capitalista y el mundo socialista estaba en pleno apogeo.

Alemania Occidental, el país organizador, era claramente favorito: era el campeón vigente de Europa. Su equipo tenía como base a jugadores del Bayern Munich, que sería campeón europeo durante tres temporadas consecutivas (73-74, 74-75 y 75-76). Había vencido a Chile (1-0) y a Australia (3-0). Alemania Democrática había vencido a Australia (2-0) y empatado con Chile (1-1), así que los dos equipos ya estaban clasificados a las segunda ronda.

El equipo de Alemania del Este no tenía jugadores tan reconocidos pero tenía buenos antecedentes: había obtenido una medalla de bronce también en los Juegos Olímpicos de Munich en 1972 y, apenas un mes antes del Mundial, el Magdeburgo (equipo de Alemania del este) había derrotado al Milan en la final de la Recopa europea. Debería haber jugado la Supercopa justamente contra el Bayern Munich, pero la Federación de Fútbol de Alemania Democrática le negó al Magdeburgo el permiso para jugar ese partido. Motivos políticos, por supuesto.

El de junio de 1974, el “clima” alrededor del partido era diferente al de todos los anteriores y posteriores en ese torneo. Había helicópteros revoloteando sobre el estadio, perros olfateando eventuales explosivos por todos lados y francotiradores en las azoteas. Los espectadores tuvieron que pasar hasta siete controles antes de llegar a sus lugares, incluyendo detectores de metales.

La sensación en la cancha cuando se tocaron los himnos también fue especial; se escuchó primero el himno de Alemania Occidental (“Deutschlandieid”) y después el de Alemania Oriental (“Auferstanden aus Ruinen”), en versión instrumental, sin la letra.

Futbolísticamente hablando, lo cierto es que en Alemania Federal se conocía poco del fútbol de Alemania Democrática, pero los del Este conocían perfectamente tanto a cada jugador de sus vecinos como sus disposiciones tácticas. El equipo se sabía inferior y el director técnico Buschner planteó un partido lento, con cuatro mediocampistas defensivos, sólo uno ofensivo y un solo delantero. Dispuso marca personal sobre el implacable goleador Gerd Müller y agrupó muchos jugadores en su propio terreno, para salir con pases largos hacia las puntas aprovechando el permanente adelantamiento de los marcadores de punta de Alemania Federal, Vogts y Breitner.

Alemania Occidental formó con Sepp Maier; Berti Vogts, Hans-Georg Schwarzenbeck, Franz Beckenbauer (capitán) y Paul Breitner; Bernd Culmann, Wolfgang Overath y Uli Hoeness; Jürgen Grabowski, Gerd Müller y Heinz Flohe. Luego entraron Hors-Dietter Hottges y Guenter Netzer. El entrenador era Helmut Schöen.

Alemania Oriental alineó a Jürgen Croy; Konrad Weise, Lothar Kurbjuweit, Siegmar Waetszlitch y Bernd Bransch (capitán); Hans-Jürgen Kreische, Gerd Kische, Reinhard Lauck y Harald Irmscher; Jürgen Sparwasser y Martin Hoffmann. Luego ingresó Erich Hamann. El entrenador era Georg Buschner.

El partido fue fuerte pero limpio; hubo tres tarjetas amarillas, todas para alemanes del Este. El primer tiempo fue bastante aburrido. Los dos equipos atados, sin tomar riesgos, sin forzar jugadas de peligro. Como siempre, de todos modos, Gerd Müller se las ingenió para hacer lío, y a los 39', de media vuelta, pegó un tiro en el palo. En el segundo tiempo el juego no cambió mucho, aunque Alemania Occidental dominaba el juego y se acercaba cada vez más hacia el arco rival, que pasó algún sobresalto. A mitad de tiempo, un par de hinchas invadieron la cancha y quemaron una bandera de Alemania Oriental. En el juego, sin embargo, no pasaba nada destacable, parecía un 0-0 clavado. Pero a los 77 minutos, un pase de Hamann largo al área, de esos que no suelen traer consecuencias, la pelota que pica en forma algo caprichosa entre Vogts y Höttges, la indecisión de ambos por rechazar, y Jürgen Sparwasser, jugador del Magdeburgo de 26 años, ingeniero mecánico, aprovechó la duda de los defensores, se filtró entre ellos y desde el costado derecho del área chica sacó un zapatazo de derecha que infló la red. Y así terminó el partido: Alemania Oriental había vencido a su vecino, Alemania Occidental, el favorito para ganar el Mundial.

Al terminar el partido, debido al tenso clima político, los jugadores no se animaron a intercambiar sus camisetas en el campo de juego. Sin embargo, en el túnel, Paul Breitner le pidió intercambiar camisetas al goleador Sparwasser, y éste accedió.

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Juergen Sparwasser a punto de convertir el gol de la victoria.
Juergen Sparwasser a punto de convertir el gol de la victoria.

Después del partido, los ganadores celebraron en la cena del hotel y luego algunos de ellos hicieron una visita a la calle Reeparbahn, la zona caliente de la prostitución en Hamburgo. Jürgen Sparwasser no participó de la excursión. “Me aconsejaron que no lo hiciera, me decían que estábamos vigilados por la Stasi y que podría perder mi trabajo. A algunos compañeros eso no les importó, pero yo tenía un buen trabajo. Me quedé en mi habitación tomando cerveza.”

Con ese triunfo Alemania Oriental terminó ganando su zona, pero eso no le resultó de gran provecho ya que le tocó enfrentar en la zona definitoria a Holanda (0-2), Brasil (0-1) y Argentina (1-1); allí quedó eliminada. Alemania Occidental, en cambio, fue a parar a la zona de Polonia (1-0), Suecia (4-2) y Yugoslavia (2-0), a quienes venció, llegando así a la final, en la que se consagró campeón venciendo a Holanda 2-1.

El campeonato obtenido fue justo, Alemania Occidental era un gran equipo, pero siempre quedó una manchita en el recuerdo de los alemanes (occidentales): ese partido perdido ante su vecino geográfico, su rival político, un adversario considerado futbolísticamente inferior, que le quitó el caramelo en su propia casa aunque finalmente se llevara toda la torta.

Años más tarde, Jürgen Sparwasser recordaba el “costado político” del partido: “fue golpear al enemigo donde más le dolía. Mucha gente, entonces, lo veía así. Si en mi lápida pusieran 'Hamburgo 74', todos sabrían quién yace abajo, de quién se trata”. Franz Beckenbauer, en cambio, opinó lo contrario: “el gol de Sparwasser nos despertó. Sin ese gol jamás habríamos ganado ese Mundial”, quizá en referencia a que evitaron enfrentar a Holanda en la segunda fase y que aquella derrota les permitió un camino un poco menos complejo hasta la final.

Jürgen Sparwasser jugó en el Magdeburgo hasta 1979, cuando a los 31 años una lesión terminó con su carrera. Había ganado la mencionada medalla de bronce en Munich 72 y había recibido entonces una oferta para jugar en el Bayern Munich, pero la rechazó. “Los rumores decían que debido a ese gol me dieron una casa, un coche y un premio en dinero, pero eso no es cierto”, desmintió más tarde. Sparwasser se transformó en uno de los deportistas más populares de Alemania Oriental, y en Hannover se llegó a hacer una estatua en su homenaje; sin embargo, rumores y trascendidos comenzaron a desacreditarlo.

Más aún, en 1988 Jürgen Sparwasser aprovechó la ocasión de un partido de veteranos entre las dos Alemanias para fugarse y pedir asilo en Alemania Occidental (un año más tarde se produciría la caída del Muro de Berlín). Ya en Alemania Occidental, Sparwasser fue asistente del entrenador en el Eintracht Frankfurt y más tarde entrenador del SV Darmstadt 98.

Una versión amarillista de los motivos por los que se decía que finalmente Sparwasser se fugó a Alemania Federal es que un tiempo después comenzó a decirse que Sparwasser había hecho ese gol en connivencia con los alemanes occidentales, que sabían que quedando en el segundo lugar de su zona accederían después a una grupo final más sencillo en el camino a la final. Sparwasser siempre negó rotundamente ese argumento, que calificó de malicioso y ridículo.

Alemania Oriental nunca volvió a clasificarse para disputar un Mundial de Fútbol. Alemania Occidental, en cambio, participó de todos los Mundiales. Ahora, con Alemania unificada, el partido de 1974 queda como una perla irrepetible en la historia del fútbol.

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