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África de las Heras: La mujer del hombre que amaba a los Perros

Todos los que han leído la excelente novela de Leonardo Padura (El hombre que amaba a los perros) han quedado impresionados por la figura de África de las Heras, la mujer que conduce el destino de Ramón Mercader, el asesino de Trotsky.

La vemos como una figura lejana, personaje tenebroso de la Guerra fría. La imaginamos cruzando puentes envueltos por la niebla en alguna ciudad de nombre impronunciable en Europa Central, o enfundada en un tapado de cuero negro, solapas levantadas y grandes anteojos oscuros en algún aeropuerto alemán, entregando secretos bien guardados a agentes entrenados para matar.

Sin embargo, África de las Heras, no anduvo por las selvas subsaharianas, pero sí en Ceuta, en su España natal, Rusia, París, México y Uruguay, donde se casó con el célebre escritor y compositor Felisberto Hernández, de conocida militancia anticomunista, que lo convertía en la pantalla perfecta para que África (a quien el escritor conoce como una diseñadora de alta costura llamada María Luisa) construya la red de espionaje de la KGB en América Latina.

Esta joven de una familia de militares, había abrazado la causa comunista, destacándose por su entrega durante la guerra civil que asoló España. Durante la lucha en Barcelona, dos agentes soviéticos se percataron de su valor y la pusieron a las órdenes (y el entrenamiento) de Caridad Mercader, notable agente del régimen de Stalin y madre de Ramón Mercader, futuro asesino de Trotsky.

África fue la encargada de obtener los planos de la casa donde vivía el ex líder soviético a quien Stalin quería (y necesitaba) eliminar a toda costa. Logrado este fin, África salió de México escondida en un carguero rumbo a Moscú. Llegó a Rusia cuando era invadida por los nazis, y no dudó en servir a su patria adoptiva con el mismo coraje con el que había luchado contra el ejército de Franco.

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                  África de las Heras con españoles en Rusia

África de las Heras con españoles en Rusia

Finalizada la contienda, a África se le encomendó la tarea de crear una red de espionaje en América Latina, y a tal fin apareció en París como una modista de alta costura, con la misión de enamorar a Felisberto Hernández y así poder entrar a la sociedad uruguaya.

Montevideo era un centro candente de espionaje internacional donde ex nazis, norteamericanos y soviéticos jugaban el sofisticado ajedrez de una guerra que dieron en llamar fría, tan fría como terminó la pasión entre los nuevos cónyuges. Él, centrado en su carrera literaria con cuentos tan extraordinarios como el enamoramiento de un caballero con una muñeca llamada Hortensia (texto que le dedica a su esposa María Luisa/África) mientras ella continuaba con su solapada tarea de espía, que disimulaba como dedicada esposa dispuesta a servir refrescos a todos los que visitaban al autor.

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                  Ficha policial de África de Las Heras

Ficha policial de África de Las Heras

Una vez obtenida la nacionalidad, África se separó de Felisberto, pero continuó su carrera de espía de la mano de su nuevo marido, Valentino Marchetti, que también trabajaba para los soviéticos. Desde Montevideo, una ciudad impensada como centro de espionaje, transmitía con su equipo de radiodifusión mensajes a Moscú bajo el código Enigma, un nombre que viene al caso para describir la muerte de su segundo marido, fallecido abruptamente de “forma natural”.

África volvió a Moscú donde fue condecorada por sus fieles servicios, y fue ascendida a coronel. Sin embargo, su logro más importante fue sobrevivir a las purgas y las represalias que tantas vidas había cobrado entre sus colegas. Murió en 1988, poco antes de la caída del Muro de Berlín. Fue enterrada en el cementerio Khovanskoye de Moscú, donde sobre su lápida está escrito su nombre, los años de nacimiento y muerte (1909-1988) y una palabra en español: Patria.

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