HistoriaJuana de Arco | París | Omar López Mato

¿Y dónde yace la doncella de Orléans?

La heroína francesa y santa de la Iglesia católica, Juana de Arco, fue sentenciada y quemada viva el 30 de mayo de 1431 en la plaza del Mercado Viejo (place du Vieux-Marché) de Rouen, en Francia

«Nací en la aldea de Domrémy, que forma una sola con la de Greux

Mi padre se llamaba Jaques d'Arc, y mi madre, Isabelle»

Juana de Arco, ante el Tribunal de la Santa Inquisición

Cuenta la tradición que luego de ser quemada en la hoguera en Rouen en 1431, las cenizas de Juana de Arco fueron arrojadas al Sena para evitar la idolatría del pueblo a un mártir. Bien sabían los ingleses que las naciones se construyen sobre las tumbas de sus héroes. De no ser así, ¿para qué querían Westminster Abbey?

Según una versión, entre los leños de la hoguera habrían quedado restos de Juana, fragmentos de huesos y de piel de la santa. Estos fueron conservados en secreto y recién descubiertos 430 años después en París, más precisamente en el desván de un boticario llamado Ernest Tourlet. Desde entonces se abrió una acalorada polémica entre los defensores y los detractores de la autenticidad de estos despojos que se han conservado hasta ahora en el arzobispado de Tours.

En este recipiente se encuentran restos de piel quemada, un hueso largo y pequeños fragmentos de un hueso plano aparentemente de un esqueleto humano. ¿Pertenecían estos a la doncella de Orléans? ¿Acaso no había sido quemada tres veces el mismo día? En caso de pertenecer a la doncella eran verdaderas reliquias porque Juana de Arco fue beatificada en 1920.

En 2006, un equipo de investigadores franceses, dirigidos por el antropólogo forense Philippe Charlier (que ya había investigado las causas de la muerte de Agnes Sorel, la bella amante de Carlos VII, el rey al que Juana de Arco había ayudado a recuperar su trono) analizó las reliquias que contenía la urna. El estudio mediante carbono 14 concluyó que databan del siglo XV. Uno de los huesos correspondía al fémur de un gato, cosa que no sorprendió, ya que en el medioevo se acostumbraba arrojar un gato negro a la hoguera de una bruja para aplacar al demonio. Lo asombroso del caso es que los huesos en cuestión no mostraban signos de haber sido quemados. Finalmente se llegó a la conclusión de que las reliquias veneradas no correspondían a la heroína francesa, sino que eran una falsificación realizada a partir de una momia egipcia algo más antigua que la Santa, porque databa del siglo III antes de Cristo. Durante la investigación se recurrió al sensible olfato de los perfumistas Sylvaine Delacourte y Jean Michel Duriez, cuyas expertos bulbos olfatorios revelaron que los presuntos restos de la Santa olían a yeso quemado y a vainilla, producto de una descomposición natural y no de un proceso de combustión. La hipótesis que manejan los científicos es que Ernest Tourlet estuvo detrás del fraude, motivado por esas oscuras razones que movilizan a los seres humanos a empeñarse en engañar a sus congéneres, no solo con miras a lucrar, sino por la desafortunada pasión de creerse más astutos que los demás, sin sospechar que el olfato de unos expertos perfumeros podía desenmascarar sus intenciones.

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Texto del libro Trayectos Póstumos de Omar López Mato - Disponible en la tienda online de OLMO Ediciones.

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