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William Wallace: El guardián de Escocia

Personaje icónico de la historia de un país de legendaria belleza, lugar de origen de un pueblo rústico y peleador, orgulloso de su historia, William Wallace es una de sus figuras fundacionales.

Hijo menor de un terrateniente, no estaba destinado a heredar las tierras de la familia en los tiempos del mayorazgo, una institución destinada a promover la integridad de las propiedades pasando de hijo mayor en hijo mayor dejando de lado a los demás vástagos. William recibió una buena educación de mano de su tío, un clérigo. Volvió a su pueblo natal y se casó. En ese entonces, nunca pensó que llegaría a ser el líder de su nación.

La muerte de la princesa Margaret, llamada a ser consorte de un príncipe inglés, ocasionó zozobra entre los clanes. Para ellos cualquier excusa era buena para pelearse… y esta era una excelente ocasión, porque la corona escocesa estaba en juego. A su vez Eduardo I veía con codicia el trono de su vecino del norte, al que se creía con derechos. Además de él, hubo 13 candidatos que se postularon para ocupar el trono escocés. Dos familias prevalecieron: los Bailleul y los Bruce de Carrick.

Eduardo I decidió atacar a los Bailleul, porque éstos habían suscripto una alianza con Francia, la eterna enemiga de Inglaterra. Amparado por esta “traición”, Eduardo atacó y derrotó a Bailleul. Bruce, cuya esposa había sido asesinada por los ingleses, los atacó y fue apresado, pero logró evadirse para formar un ejército que atacó a los ingleses en Stirling, logrando una gran victoria. Cinco mil soldados murieron en la batalla. Convertido en el guardián de Escocia decidió que la mayor defensa era un ataque y al poco tiempo sus hombres hostigaban a la ciudad en York.

El Rey Eduardo I se puso al frente de sus hombres y atacó a Wallace, quien exhortó a sus seguidores al grito de “os he traído al ruedo, ahora bailen lo mejor que puedan”. A pesar de la resistencia escocesa, las flechas de los ingleses lograron infligir la derrota en Falkirk. Obligado a huir, Robert the Bruce se convirtió en el nuevo guardián, mientras Wallace recorría Europa buscando apoyo para seguir con su lucha. Efectivamente, volvió a Escocia y continuó su lucha, hasta que fue traicionado por John de Menteith. Fue llevado a Londres donde fue condenado por traición y ejecutado de la forma más espantosa, mutilando su cuerpo mientras ponían cuidado para prolongar su agonía. Su cuerpo cercenado fue exhibido en distintas partes de Escocia como escarmiento. Su cabeza fue colocada sobre una pica en el Puente de Londres.

A pesar de haber perdido a su líder, el hombre que había movilizado a miles de seguidores en esta guerra sin cuartel, no hubo reacciones populares. Los escoceses habían agotado sus recursos y estaban agotados por la larga lucha por su libertad en la que llevaban años. Sin embargo, en 1306, Robert the Bruce reclama el trono de su nación, y comienza una revuelta que termina con una victoria sobre Eduardo II – el nuevo monarca inglés – en Bannockburn, consagrando a Bruce el nuevo Rey de Escocia.

La historia de la gloriosa resistencia de Wallace fue recogida por un juglar conocido como Harry el ciego, quien contó las acciones del héroe nacional, convertido en símbolo de la resistencia.

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