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Vigencia de Andy Warhol

Organizaron en Nueva York la mayor retrospectiva en 30 años del artista norteamericano. La exposición en el Whitney Museum pretende profundizar en una obra que terminó opacada por la personalidad llamativa de su creador. No todos sus trabajos estuvieron signados por el pop art.

El Whitney Museum de Nueva York presenta desde mediados de noviembre la mayor retrospectiva del legendario Andy Warhol organizada en Estados Unidos en las últimas tres décadas, una gran muestra que repasa su carrera a través de algunas de sus obras más relevantes.

Se trata de 360 piezas cedidas por más de un centenar de contribuyentes de todo el mundo (tanto instituciones como propietarios privados), que integran la exposición que podrá verse en la pinacoteca de arte moderno hasta el próximo 31 de marzo.

"La última gran exhibición que se organizó en Estados Unidos fue hace 30 años, y siento que el trabajo de Warhol nunca ha sido investigado en profundidad, particularmente su trayectoria", explicó Donna de Salvo, curadora de Andy Warhol - From A to B and Back Again.

El objetivo principal de la exposición, organizada por orden cronológico, es el de estudiar la evolución desde los primeros trabajos de Warhol desde 1948 a 1960, cuando el artista se centró en diseños para el sector publicitario tras llegar a Nueva York desde su Pittsburg natal, hasta sus últimas obras de los años "80.

La falta de comprensión respecto del desarrollo de Warhol se debe, para De Salvo, a que la llamativa personalidad del artista hacía complicado que la atención del público se concentrara en su trabajo, en lugar de en sus excentricidades.

"Eso ha sido sin embargo lo que siempre me ha interesado a mí, su trabajo y ver de cerca lo que hacía como artista y como pensador", apuntó la curadora del Whitney, que confesó que el gran volumen de obras del estadounidense hizo que la selección para la muestra fuera "abrumadora".

En la muestra del Whitney se han reunido obras tan conocidas como sus célebres latas de sopa Campbell"s, cedidas para esta exposición por el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), como su versión de La última cena, protagonizada por un estampado de camuflaje, creado un año antes de su muerte, en 1987, y considerada una de sus piezas más personales.

Los retratos de Warhol del dictador comunista Mao Zedong también tienen un papel protagonista, con la exhibición tanto de una versión maquillada del líder chino, un cuadro de grandes dimensiones creado en 1972, como de un grupo de coloridas serigrafías que diseñó ese mismo año.

VIVOS RETRATOS

Sus pintorescas flores sobre fondos oscuros, así como los vivos retratos de importantes personalidades, desde Marylin Monroe hasta Mohamed Ali, Liza Mineli, Giani Versace o Truman Capote, también se incluyen en la extensa exposición.

Además de sus piezas más conocidas, De Salvo procuró incluir algunas de las obras menos populares entre el público general, como su serie Death and Disaster, de los años "60, que retrata momentos impactantes y tenebrosos.

"El público general suele leer a Warhol desde la lente del pop art, que siempre es brillante y divertido, no ve su lado oscuro", expresó la curadora, que ha pasado cerca de cuatro años investigando y tratando de localizar algunas de las obras, que se encontraban en manos privadas.

"Es importante ver toda su carrera. No se puede ver a un artista sólo desde una década, sino que es la actividad de toda una vida", destacó.

De Salvo, que conoció personalmente a Warhol en 1986, poco antes de morir debido a un paro cardíaco cuando se recuperaba de una operación, viajó durante años por todo el mundo en busca de algunas de las obras menos populares y que habían quedado en manos privadas, lo que complicó sus tareas de investigación.

Como el impactante y gigantesco Sixty-Three White Mona Lisas, pintado en 1979 y que consiguió encontrar a las afueras de Zúrich, en manos de Bruno Bischofberger, un coleccionista de arte.

La gran fama que rodeó al artista prácticamente desde el inicio de su carrera lo llevó a contar con muchos recursos para producir, pero eso mismo fue lo que impidió que el público tomara en serio sus ideas y sus obras de arte.

"Era buena la fama, pero también creo que trabajó en su contra porque minaba su imagen de artista -resumió la experta-. Era difícil para la gente ver su trabajo con seriedad".

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