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Víctor Cúnsolo y la representación de La Boca

En sus paisajes, dedicados con exclusividad al barrio de La Boca, Víctor Cúnsolo también tuvo una propuesta que mantiene ciertas similitudes formales con la pintura de ciudades de Sironi. Comparemos el cuadro Periferia (1922), que fue exhibido como parte de Novecento Italiano en Amigos del Arte en 1930, con El Puerto realizado por Cúnsolo ese mismo año.

En ambos casos, se trata de vistas urbanas deshabitadas, construidas en base a perspectivas aceleradas, delineados rotundos y curvas pronunciadas. Paisajes de la periferia de grandes ciudades, donde se recortan evidencias de la modernización como chimeneas fabriles, trenes, automóviles o barcos. Pero si bien el paisaje boquense de Cúnsolo también resulta algo melancólico, la paleta más clara y el uso de colores pasteles junto con la representación de una arquitectura pintoresca, aligeran la percepción de la atmósfera urbana. Desmarcado del contexto italiano del fascismo, el trabajo de Cúnsolo participa de esa nueva sensibilidad de los años treinta expresada en un realismo “de nuevo cuño” que abreva en la norma figurativa del pasado sin por eso obviar ciertas experiencias de las vanguardias, en particular del itinerario que llevaba al cubismo sintético.

El barrio de La Boca, urbanizado alrededor del primer puerto de la ciudad de Buenos Aires y poblado en alta proporción por inmigrantes italianos, había ido forjando una actividad cultural propia desde el último cuarto del siglo XIX. Tal como señala María Teresa Constantín, contaba con un gran número de instituciones barriales vinculadas a la actividad mutual y cultural. Para 1914 ya eran 66 las asociaciones con un total de 51.500 socios. Este fenómeno estuvo ligado a la dinámica migratoria, pues las redes familiares y sociales gravitaron de manera considerable en la recepción inmigrantes y su inserción en el nuevo territorio. En este contexto, los artistas de La Boca tuvieron en su mayoría una formación en talleres de arte impulsados por asociaciones diversas de ese barrio. El más frecuentado fue el curso del pintor italiano Alfredo Lazzari, que funcionaba en la Academia de Música Pessoni y Sttiatessi. Cúnsolo, por su parte, había asistido a los cursos de Mario Piccone en la mutual Unione e Benevolenza, cuyo origen se remontaba a 1858.

A diferencia de Carrá o Sironi, los artistas de La Boca en general y Cúnsolo en particular no provenían de un movimiento de vanguardia como el Futurismo. Su producción se desarrolló alrededor de las técnicas y géneros tradicionales: paisaje, naturaleza muerta, retratos e interiores. Hacia 1928, dos años antes de la exposición Novecento Italiano, Cúnsolo había abandonado una pintura de contornos indefinidos y pincelada rápida aprendida de la obra de Lazzari para dejar lugar a los contornos nítidos y la definición neta de los objetos y paisajes. En los años inmediatamente posteriores, incorporó las perspectivas aceleradas construidas en base a líneas de fuga diagonales y empinadas, características que lo acercan a Sironi junto con la casi ausencia total de figuras.

La exposición en Amigos del Arte de 1930 no fue la única ni la primera vía de entrada de los pintores en la línea de Novecento Italiano. Constantín indica que en 1928 había tenido lugar una exposición porteña previa de pintura italiana contemporánea, presentada por el crítico Leonardo Starico, y que Emilio Pettoruti había conocido a esos artistas durante su estadía europea entre 1913 y 1924, y luego de su regreso a Buenos Aires en 1927 había publicado artículos sobre algunos de ellos en la revista del domingo del diario Crítica. De cualquier modo, el nutrido envío de 1930 financiado por el Estado italiano fue sin dudas de una contundencia inédita. Más allá de la promoción del estado fascista que Margherita Sarfatti y la misma exposición representaban, cuyo impacto debería estudiarse con cuidado en cada caso, la exposición resultaba un repertorio particularmente atractivo para los pintores de La Boca. Rondaba técnicas y temas que les eran afines dada su formación y también les resultaban significativos en relación con su origen italiano y por su sesgo moderno. Italianos o hijos de inmigrantes de extracción proletaria –concluye Constantín–, la obra de los pintores de La Boca se ubica en el cruce del prestigio de la tradición italiana renovada, y la representación de su horizonte cotidiano: los suburbios y el Riachuelo. Las artes visuales, dado su prestigio cultural, fueron para estos habitantes de los márgenes porteños un instrumento de movilidad social y conquista de las salas del centro de la ciudad, mucho más que una manifestación destinada ya sea minar las instituciones artísticas o dar sustento visual a regímenes políticos centrales.

TEXTO EXTRAÍDO DEL SITIO: http://carpetashistoria.fahce.unlp.edu.ar/carpeta-2/arte/victor-cunsolo-y-la-representacion-de-la-boca

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