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Un siglo de Bauhaus

La primera escuela integral de artes y oficios surgida de la república de Weimar en el periodo de entreguerras cumple cien años. A pesar de su corta existencia, lo modificó todo: la tipografía, el diseño industrial, las artes escénicas, la arquitectura. Su legado emigró a Norteamérica junto con muchos de sus miembros fundadores luego de la avanzada del nacionalsocialismo. Desde allí extendió su influencia hasta nuestros días.

La escuela Bauhaus fue fundada el 1 de abril de 1919 por el arquitecto alemán Walter Gropius, que venía surfeando en la ola de cambio social experimental que la Revolución Rusa de 1917 había inspirado en la Alemania posterior a la Primera Guerra Mundial. "La forma sigue a la función" era la regla en Bauhaus, una idea novedosa en ese momento, pero además necesaria, pensó Gropius. El "arte de salón" de la burguesía era tibio y poco imaginativo, y no se podía confiar en que la aristocracia fuera la portadora de la cultura alemana. Gropius tuvo una visión utópica para la Alemania del futuro. La Bauhaus fusionaría la tecnología con el arte para atraer al mundo industrializado y su clase trabajadora: la escuela Bauhaus con sede en Weimar, Alemania, enseñaría todo, desde la metalurgia hasta el tejido de canastas. Las sillas revelarían sus infraestructuras de aluminio en lugar de ocultarse, y los edificios serían transparentes, lo que significaría que no habría columnas o cúpulas innecesarias, solo geometría severa, techos planos y ventanas de vidrio. La Bauhaus fue radical tanto en la estética como en la filosofía política subyacente; resentida con los "burgueses", quiso que los estudiantes de la escuela (no los artistas; rechazaron este término porque reflejaba las distinciones de clase) prescindieran del "bagaje histórico" del arte convencional. Muchos de los miembros fundadores de la escuela eran además comunistas visibles. El utopismo socialista sostuvo a Bauhaus: "Creemos un nuevo gremio de artesanos, sin las distinciones de clase que levantan una barrera arrogante entre artesano y artista", rezaba el manifiesto de la escuela.

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Walter Gropius (1883-1969).
Walter Gropius (1883-1969).
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Póster para la exposición de la Bauhaus, Joost Schmidt, 1923.
Póster para la exposición de la Bauhaus, Joost Schmidt, 1923.

A partir de entonces, Bauhaus ha sido objeto de críticas. Especialmente desde la ingeniosa jeremiada de Tom Wolfe, From Bauhaus to Our House, publicada en 1981 (y editada en español por Anagrama en el año 2010 como ¿Quién teme al Bauhaus feroz?). Wolfe no ataca directamente, pero detesta la penetración de la Bauhaus en los círculos de la arquitectura estadounidense, donde sus líderes habían aterrizado después de que los nazis presionaran para que se cerrara la escuela en 1933.

En algún punto, el enojo de Wolfe cobra sentido. Bauhaus introdujo ideas de simplicidad y minimalismo en un país lleno de edificios que posiblemente no podrían servir para un propósito más allá de uno puramente funcional.

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Silla <i>Wassily</i> de Marcel Breuer.
Silla Wassily de Marcel Breuer.

Un siglo después, Bauhaus está en todas partes. Nuestros teléfonos celulares sin botones, elegantes, de metal y vidrio son Bauhaus. Nuestras sillas giratorias y otros muebles de oficina, de aspecto corporativo y minimalista, son Bauhaus. Como nuestras ciudades, con sus edificios altos de techo plano y vidrio espejado.

A pesar de sus inclinaciones socialistas, fue el capitalismo el que mantuvo a la Bauhaus en vigencia. Probablemente la mayoría de la gente estaría de acuerdo en que los sofás hechos a mano estilo Luis XV del siglo XIX son más hermosos y majestuosos que los sofás construidos con madera contrachapada, aglomerado y espuma de poliuretano. Pero no sorprende que la creación de productos que prioricen la función y la simplicidad sean inmensamente rentables, ya que están disponibles en grandes cantidades, tienen un espíritu de diseño colectivo y su estandarización les permite adaptarse a una mayor cantidad de personas. Una corporación como IKEA incluso ha integrado el énfasis de Bauhaus en la eficiencia en su empaque: entrega sus productos listos para ensamblar, ahorrando así dinero y espacio. Nuestros teléfonos y computadoras portátiles se están volviendo cada vez más ligeros, lo que podría leerse como un pastiche de la búsqueda de la ligereza de Marcel Breuer. El que diseñó sillas que casi no pesaban y solo utilizaba acero tubular y tiras finas de tela, y soñaba con un día en que las sillas pudieran levitar.

La Bauhaus buscó integrar el arte con la maquinaria y, en gran medida, tuvo éxito. Sus miembros crearon un zeitgeist duradero que es progresivo en su capacidad para adaptar el diseño a la tecnología en constante avance. Es irónico que, un siglo más tarde, el movimiento que atrajo a los marxistas profesos su época le deba tanto de su continua vitalidad en nuestra vida cotidiana al libre mercado y sus reglas de oferta y demanda.

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