HistoriaUlysses S. Grant

Shiloh: Matanza en el Pittsburg Landing

Shilloh fue la victoria que catapulta al general Ulysses S. Grant como el candidato a conducir al ejército federal, hasta ese entonces muy limitado en su capacidad ofensiva. Grant era un oscuro oficial con problemas de alcoholismo pero que demostró su capacidad de superación y espíritu combativo. El presidente Lincoln lo respaldó diciendo "al menos da pelea".

Alas 6 de la mañana del 6 de abril de 1862 en ejército confederado se puso en marcha siguiendo el camino de Corinth, pero sin haberse preparado para el combate en el orden correspondiente, pues se habían limitado a vivaquear en el orden de marcha del día anterior. Pero aún así fue una total sorpresa para los unionistas. El propio Grant había telegrafiado a Halleck la noche anterior que aunque esperaba un ataque general en los próximos días, consideraba que estaban preparados. Los acontecimientos demostrarían lo contrario.

El comandante unionista en el Pittsburg Landing ese día era Sherman pero ni siquiera se le pasaba por la mente que los confederados estaban frente a ellos y que en caso de ataque este vendría desde Purdy, en Tennessee, al Oeste. Incluso cuando un coronel de Ohio le informó de que se avecinaba un ataque la respuesta de Sherman fue: “Tome su maldito regimiento y vuelva a Ohio. El enemigo más cercano está en Corinth”. A las 5:15 de la mañana el 25º de Missouri de la División de Prentiss estaba de reconocimiento y se topó con los confederados.

La mejor ayuda para los unionistas venía precisamente del lado confederado. La mala organización de las tropas restaba eficacia en el ataque, al tiempo que Johnston y Beauregard no habían unificado sus planes de batalla. La idea de Johnston era atacar con Polk por la izquierda, Bragg en el centro y Hardee a la derecha, manteniendo a Breckinridge como reserva. Pretendía presionar el flanco izquierdo unionista para alejarlos del río y por tanto de la cobertura artillera de las cañoneras, de su línea de aprovisionamiento y su única vía de retirada. Con estas órdenes dejó en manos de Beauregard la retaguardia y se adelantó para dirigir el frente.

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Estas disposiciones, más propias de un comandante de regimiento que de un Jefe Supremo, hubiesen sido perfectas para atacar uno de los pequeños campamentos de los paiutes y mosmones a los que Johnston había combatido en la anteguerra. Pero no tenían en cuenta que en los campamentos de Shiloh eran una inmensa y poco densa ciudad de lona, en que el peor enemigo de un atacante eran las distancias y la necesidad de reagruparse una y otra vez al topar con continuos nucleos enemigos.

Esto dejó a Beauregard el mando de la batalla, de la que él tenía un planteamiento diferente, tanto que su idea era empujar frontalmente a los unionistas hacia el río Tennessee. Y así comenzó la batalla, con Hardee y Bragg en un asalto alineado de sus divisiones formando un frente de nada menos que 3 millas. Pronto las unidades comenzaron a entremezclarse y el control efectivo de las tropas resultó imposible. No había unidades en reserva, la artillería estaba desperdigada y era imposible realizar una concentración para abrir una brecha.

Hacia las 7:30 de la mañana la decisión de Beauregard fue sumar a los cuerpos de Polk y Breckinridge que se sumasen a la línea de ataque, creando aún más confusión y reduciendo la eficacia del asalto. La batalla había comenzado apenas dos horas antes y ya tenemos al comandante en jefe fuera de su puesto de mando y todo planteamiento táctico totalmente olvidado. El ataque se había simplificado en un ataque frontal en línea pero carente de ninguna fuerza decisiva en ningún punto concreto, y lo más importante, no había ningún mando o control del ejército confederado.

De todas formas, los campamentos unionistas no contaban con la menor obra defensiva, otro serio error de Grant y sus oficiales de división, aunque muy común en aquellos tiempos. Y el primer empujón confederado tuvo efectos terroríficos entre la adormilada tropa de la Unión.

La dirección básica del ataque era de Sudoeste a Nordeste, y el grueso del primer asalto cayó sobre la División de Prentiss y el ala izquierda de la de Sherman, que constaba de las brigadas de los coroneles Buckland e Hildebrand. En la fuerza del primero la acción confederada empeñaba fuerzas muy importantes, con las brigadas de Thomas C. Hidman y Adley H. Gladden, que cayeron sobre los campamentos de las brigadas unionistas de los coroneles Peabody y Miller, causando gran confusión y no pocas bajas. El grueso de los unionistas hubo prácticamente de huir, a menudo a medio vestir o sin armas.

Por fortuna para Prentiss, el confedrado Braxton Bragg, que llevaba el ataque en aquel sector con bastante respeto por las instrucciones de Johnston, se veía limitado en la velocidad de su avance por la necesidad de mantenerlo lo más ordenado posible. Así el unionista, cediendo terreno rápidamente y abandonando los campamentos, pudo poner “tierra de por medio”, aprovechando la distancia ganada para reorganizar un poco sus fuerzas e irlas haciendo converger hacia una zona al Norte más estrecha que la que sus campamentos habían ocupado. Y a la vez, trataba de mantener el contacto con Sherman con su tercera brigada, situada más atrás y que había salido mejor librada.

En la División de Sherman, el ataque que había caído sobre las brigadas de Buckland e Hildebrand era mucho menos intenso, siendo las fuerzas enemigas de la primera oleada sólo las brigadas confederadas de los coroneles Anderson, Cleburne y Russell. Desgraciadamente, esto hizo concebir a Sherman la esperanza de que aún podía defender sus campamentos, lo que le llevó a cometer serios errores.

En primer lugar, seguro de que su presencia era imprescindible, no delegó el mando en un subordinado para ir a tomar el de todo el ejército, sino que se quedó con su división enviando instrucciones por mensajero. Eso quiere decir que, tras ser sorprendido, el ejército unionista se encontró con un mando enzarzado en problemas locales y sin visión de conjunto. Resultado: una coordinación deficiente.

Además, incluso a nivel local, su interés por conservar los campamentos le impedía disponer de sus brigadas con libertad. Hizo que la de Hildebrand destacara hacia el Este al 53º de Ohio del Coronel Appler, enlazándolo con una batería colocada entre él y el resto de la brigada, en contacto con Prentiss, y trató de crear una línea defensiva con aquella brigada y la de Buckland, que su 1ª Brigada disponible y bajo el Coronel McDowell, prolongaba muy dispersa entre Shiloh Church y el puente de la carretera de Purdy Road sobre el Owl Creek.

Para el resto de la fuerza, Sherman dictó órdenes para que la División de Hurlbut acudiera a formar línea tras la de Prentiss, que ya consideraba perdida, mientras la de McClernand lo hacía tras su ala izquierda. Además, la brigada de David Stuart correría a tomar posiciones sobre la carretera más próxima al río Tennessee, la Hambourg Road, en la zona en que ésta se aproximaba al Lick Creek, que daba ciertas facilidades a la defensa.

Las cosas iban mal incluso en su propio frente. El mismo Sherman, que era un hombre con valor personal, trataba de animar a sus hombres caracoleando a caballo entre las líneas con su ayudante, pero naturalmente fueron tomados por blanco, y pronto el ayudante cayó muerto y Sherman recibió un doloroso rasponazo de bala. Y la situación empeoró rápidamente aún antes de que afluyeran nuevos refuerzos enemigos.

La en exceso extendida Brigada de McDowell se veía presionada por los confederados con una brigada del Cuerpo del Obispo Polk, mientras la Brigada de Cleburne se encargaba de los unionistas de Buckland, y Russell y Anderson de los de Hildebrand. Pero la labor clave era la de Cleburne.

Se trataba del mismo irlandés Patrick Romayne Cleburne que el año anterior, como soldado raso, diera con la forma de tomar el Arsenal de Little Rock, y su imaginación seguía siendo igual de fértil. Con la complicidad de su Jefe de Cuerpo, William Hardee, ignoraba las instrucciones de Johnston, concentrando y desconcentrando su tropa en función del terreno para infiltrarse y desbordar al enemigo. La línea de Ralph P. Buckland, muy presionada, se dobló y perdió todo contacto con Hildebrand.

Éste se enfrentaba a fuerzas que duplicaban a las suyas, y su aislado 53º de Ohio recibió las atenciones de casi toda la Brigada confederada de Russell, que lo separó de la Brigada de Julius Raith y acabó barriéndolo. La batería situada entre ésta fuerza y el resto hubo de retirarse apresuradamente, abandonando la mitad de sus cañones. Y después Anderson y Russell siguieron aprovechando haber ganado el flanco de Hildebrand para, concentrándose sobre ellos desde dos direcciones y uno por uno, ir barriendo sus regimientos como bolos en la bolera.

Finalmente, la Brigada de Hildebrand se desmoronó, en los últimos momentos tan aprisa que otra batería, situada entre sus posiciones y las de Buckland, perdió hasta el último de sus cañones. Sherman temiendo que el enemigo siguiera practicando el mismo sistema con Buckland y McDowell, dio entonces orden de retirada general. McDowell consiguió realizarla con cierta soltura, dando un gran rodeo para colocarse muy al Norte de Shiloh Church. Pero Buckland, acosado de cerca por el confederado Cleburne, sufrió serias pérdidas. Sherman, amargado, furioso y con su herida, ya “fría”, doliéndole cada vez más, dejó de emitir órdenes y el ejército se quedó sin mando. (Ciertas versiones colocan a Sherman entre las bajas del día 6, aunque el 7 volvería a combatir).

Al hundirse el 53º de Ohio, la unionista Brigada de Raith había perdido contacto con la División de Sherman, retrocediendo para unirse al grueso de la suya, que era la de McClernand. Prentiss había conseguido hacia las 10 de la mañana reorganizar parte de sus dos brigadas, las de Miller y Peabody, al amparo de una acequia, reanudando la resistencia y replegándose ordenadamente a unos bosquecillos que convirtió en una posición erizo. Para mediodía disponía de casi 3.000 hombres, dos tercios de su fuerza original. Los confederados, procupados por ese núcleo de resistencia pero cegados por el bosque, que les impedía apreciar su fuerza, lanzaron cuatro ataques contra él con la Brigada del Coronel Randall L. Gibson.

Por supuesto, chocaron con una muralla de proyectiles y fueron rechazados uno tras otro, dejando la fuerza de Gibson muy malparada. Con ello, al final prácticamente todo el Cuerpo de Braxton Bragg y algunos elementos del de Polk se sumaron contra la posición de Prentiss que, por el feroz fuego que brotaba de ella, fue motejada por los confederados como “El Nido de Avispas” (“Hornet’s Nest”).

Esta resistencia pasó en realidad desapercibida para el resto de los unionistas, pues los que estaban suficientemente cerca para oir el cañón de Prentiss se encontraban ensordecidos por el fragor de los combates que ellos mismos estaban librando, y el mando unionista tendió a pensar que la resistencia de Prentiss se había hundido hacia las 10 de la mañana, cuando la últimas de sus fuerzas se perdieron de vista. (En realidad, el Hornet’s Nest iba a retener entre el 30 y el 40% de todo el ejército confederado, y resistir hasta casi la noche).

Fue alrededor de las 9 de la mañana cuando los hombres de las Divisiones de Prentiss y W.H.L Wallace se agruparon en un campo hoy conocido como Hornet’s Nest. Los confederados iniciaron los asaltos a la posición que se estiman entre unos 8 a 14 asaltos que en varias ocasiones prácticamente arrasan a los unionistas sólo salvadas por la numantina resistencia de Prentiss. Pero la resistencia nunca llegó a organizarse y el remate final llegó cuando Wallace fue mortalmente herido y era quien tenía el mando de la mayoría de las unidades concentradas. Finalmente los confederados reunieron 50 cañones con los que doblegar a los federales mientras la posición era totalmente rodeada. Finalmente Prentiss se rindió junto a unos 2.200 hombres, parecía una grave derrota pero su sacrificio durante 7 horas había ganado un tiempo muy valioso para la Unión.

Pero entretanto Hardee ya estaba cayendo sobre la siguiente fuerza unionista que le hacía frente, la División de McClernand con tres brigadas mandadas por los coroneles Abraham M. Hare, C. Carroll Marsh y Julius Raith. (De los coroneles de Fort Donelson, Oglesby estaba de baja temporal, Wallace al frente de la División de Smith y McArthur cedido a la 2ª División, Logan no se había repuesto de su herida aún y Ransom estaba asignado al Estado Mayor). El ala derecha de Hardee, que avanzaba encabezada por las brigadas de Stirling A.M Wood y Preston Pond, fue contenida con relativa facilidad por estos veteranos, pero su situación se complicó con la retirada de Sherman.

Enseguida, como un lobo saltando al cuello de su víctima, los unionistas tuvieron a Cleburne infiltrándose de nuevo, ahora apoyado por la Brigada de Bushrod Johnson, del Cuerpo de Polk, fugitivo de Fort Donelson y que tenía a su vez experiencia en infiltración. Sherman hizo contratacar el flanco de los infiltrados desde el Norte con la Brigada de McDowell, y esta maniobra aligeró la presión sobre la de Marsh, que casi había sido rodeada. Pero la División de McClernand quedó en posición difícil, perdiendo varios cañones.

En el extremo oriental, la Brigada unionista de Daniel Stuart se aproximó al Lick Creek sólo para encontrar las posiciones dominantes de la zona tomadas por el enemigo. Breckinridge había enviado por la Bark Road una brigada compuesta principalmente por caballería e infantería montada y mandada por James R. Chalmers, el primer Brigadier de Caballería confederada en el Oeste. Chalmers no iba a ser el más inspirado de los jefes, pero no había perdido la oportunidad de enviar por delante sus tropas móviles para tomar las mejores posiciones.

Así Stuart se vio en desventaja desde el primer momento, y más apurado aún según llegaba el resto de la fuerza de Chalmers. Además ésta contaba con varios cientos de veteranos de Fort Donelson, mandados por el Coronel Nathan B. Forrest, que resultaban desagradablemente eficaces, empeorando aún más su posición.

La División de Wallace, situada justo al Oeste, trató de enviar en su auxilio a su mejor brigada, la de McArthur, pero a mitad de camino ésta vio su ruta cortada por otra fuerte brigada del contingente de Bragg, mandada por el Brigadier John K. Jackson.

A las primeras horas de la tarde, los unionistas se veían cada vez más apurados. Al Oeste, McClernand no iba a poder resistir mucho más, y también el ala derecha de la división mandada por William Wallace, en especial la Brigada de Thomas Sweeny, (al que recordamos actuando en Missouri casi un año atrás), se veía bajo fuerte presión. Al Este, Stuart había cedido y se replegaba ya en creciente desorden por la Hambourg Road, liberando fuerzas móviles de Chalmers para atacar el flanco de la Brigada de McArthur, que se enfrentaba a los confederados de Jackson.

Sólo el centro, (derecha de la División de Hurlbut e izquierda de la de William Wallace), estaba comparivamente tranquilo. Y eso, aunque los unionistas no lo supieran, se debía a la resistencia del Hornet’s Nest, que le servía de pantalla. A esas horas Prentiss había rechazado ya ocho ataques, que ya eran a escala de división.

A las 14:30 del 6 de abril de 1862, Albert Sidney Johnston que, obsesionado por tomar la posición, estaba supervisando uno de esos ataques, se deslizó del caballo herido. Ante la alarma de sus ayudantes que pedían un médico a gritos, aseguró que era una herida leve en la pierna y era mejor que los médicos atendieran primero casos peores. Pero éste gesto iba a costarle la vida.

Tres de los regimientos de Prentiss eran missourianos, y al menos uno estaba equipado con los famosos fusiles rayados del Arsenal de Saint Louis que, cargados con bala “Miniè”, estaban resultando especialmente mortíferos. Y era una “miniè” la que había seccionado la femoral de Johnston.

Las heridas en la femoral, némesis de los toreros, no son corrientes en combate quizá por ser una arteria que corre por la cara interior del muslo. Otros militares, antes y después de Johnston han perdido la vida por creer que una herida en el muslo que no afecta al hueso no puede ser grave. En todo caso, para cuando la escandalosa hemorragia alarmó de nuevo a sus ayudantes y se le aplicó un torniquete, habían pasado unos minutos cruciales. La pérdida de sangre era ya excesiva y Johnston murió apenas media hora después de ser herido. Iba a ser el soldado de más alta graduación muerto en combate de toda la guerra.

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Albert Sidney Johnston
Albert Sidney Johnston

Albert Sidney Johnston, que había sucedido años atrás a Sam Houston en el mando del Ejército de la República de Texas, lucía en 1862 bigote y melenita al estilo francés algo anticuada, ya entreverada en canas y clareando sobre la frente. Quizás su prestigio era algo exagerado, pero aquel hombre vigoroso de mediana edad poseía un carisma y un “ojo estratégico” que los confederados del Oeste del Big Sandy River sentirían su falta durante toda la contienda.

Casi a la misma hora Grant, que se encontraba a unas 10 millas río abajo en Savannah, Tennessee y que el día 4 había sufrido una caída con su caballo que le obligaba a moverse con muletas, al sonido de los cañones se dispuso a trasladarse al Pittsburg Landing en barco, llegando sobre las 8:30 de la mañana. Y su mayor preocupación era reunir cuantos refuerzos estuviesen a su alcance, por lo que llamó a la División de Bull Nelson que estaba en Savannah y a la de Lew Wallace que estaba en Crump’s Landing. Pero estos refuerzos no aparecerían en todo el día, llegando primero Bull Nelson que Lew Wallace, actuación la de este último que sería muy polémica como veremos más adelante. Así la llegada de Grant a la batalla junto a alguna tropa y las cañoneras “Lexington” y “Tyler” ya avanzada la mañana, sería cuando dictaría sus primeras órdenes desde Pittsburg Landing.

Sabiendo que ni siquiera podía contar con la División de Lewis Wallace, que se había desorientado en su marcha desde el Crump’s Landing y no llegaría hasta la noche, decidió como Prentiss ganar concentración a cambio de espacio, dictando una retirada general sobre el Pittsburg Landing.

Lógicamente ésta encontró problemas. Así la veterana División de McClernand, aunque logró zafarse y retroceder en cierto orden, estaba estrechamente acosada y sólo pudo salvar menos de la mitad de sus cañones. Y las baqueteadas fuerzas de Sherman llegarían en jirones y casi sin artillería. El mando de William Wallace hizo de pivote de la maniobra con las brigadas de Sweeny y James M. Tuttle (jefe de regimiento distinguido en Fort Donelson), pero no sin sufrir un duro castigo. El mismo Wallace fue herido de muerte en aquella acción, falleciendo al día siguiente. Y al Este la medida llegó tarde para evitar la derrota de McArthur, ni que la Brigada de Stuart, acosada todo a lo largo de la Hamburg Road, llegara a la zona de concentración en plena desbandada.

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Las mejores libradas eran las brigadas del Coronel Nelson G. Williams, (enfrentado el año anterior al confederado Green al Norte del Missouri), y el veterano Jacob G. Lauman, de la División de Hurlbut, y aún éstas debían su suerte a la resistencia del Hornet’s Nest, que al avanzar la tarde ya había rechazado once asaltos. En efecto Beauregard, que había sustituido a Johnston en el mando confederado, estaba tan obsesionado como aquél por aplastar la resistencia de Prentiss, y la presión incluso crecía.

Prentiss trataba sin duda de resistir hasta la noche para intentar escapar después, pero los contínuos ataques que estaban convirtiendo la posición y su entorno en un matadero, lo dejaron sin munición cuando faltaba aún un buen rato para el ocaso, y Beauregard estaba montando el duodécimo asalto. Ante la evidencia, hubo de rendirse con sus mandos de brigada y uno 2.200 hombres, la mayoría heridos. Cosa de 400 más habían muerto en la defensa y pequeñas partidas escaparon a última hora.

Prentiss sería canjeado muchos meses después. Pero como su resistencia había pasado desapercibida para los suyos, y los informes de éstos tendían a cubrir sus propios fracasos atribuyéndole las más extrañas culpas, (los de Sherman fueron particularmente viles), no volvería a recibir mandos de importancia.

Sólo después de la guerra, al tenerse acceso a los informes confederados, (y contra fuerte resistencia del “clan” militar de Sherman, que consideraba patriótico ocultar los errores de éste), su papel en la batalla fue reivindicado.

Sin embargo había indicios de que el centro confederado había topado con “algo”. Así el Cuerpo de Hardee, desplegado el día 6 en el extremo Noroeste y la zona más alejada del río Tennessee de la línea confederada, pero que no topó con Prentiss, se adelantó a los otros, llegando el primero al Pittsburg Landing, y el día 7 se desplegaría en el extremo Sudeste junto al río.

¿Qué suponía el mando unionista que había retrasado tanto a Bragg y Polk? ¿Una partida de naipes?

Tras la captura de Prentiss, Beauregard tuvo antes de oscurecer el tiempo justo para llegar ante el Pittsburg Landing y ser recibido con un impresionante fuego artillero. En realidad, los unionistas habían perdido más de la mitad de sus cañones, pero aún tenían muchos y tanto Grant como el Coronel Joseph D. Webster, su Jefe de Estado Mayor, habían trazado un plan de fuego para usarlos como un conjunto, complementados a su vez por las “Tyler” y “Lexington” desde el río. El mismo Webster supervisó el emplazamiento de las piezas.

Cuando Beauregard asumió el mando total confederado se encontraba en su posición en la retaguardia y no mostró ningún interés por informarse de los acontecimientos que se sucedían en la línea de frente. Esto sería un grave error táctico, pues con la información necesaria podía a ver comprendido que con una adecuada presión en los flancos unionistas estos quedarían totalmente copados. Y cuando la victoria estuviese de su lado, ya llegaría el tiempo de ocuparse del Hornet’s Nets.

Los flancos unionistas no cesaban de retroceder, aunque los ataques no se realizaban con fuerza. Hardee y Polk habían obligado a Sherman y McClernand hasta el Pittsburg Landing al tiempo que habían sobrepasado mucho tiempo atrás el Hornet’s Nest. Incluso los hombres de Breckinridge habían avanzado por el flanco izquierdo unionista y disponían de un camino totalmente libre hacia la retaguardia unionista. Pero la ocasión se había perdido cuando se dirigieron a apoyar los últimos asaltos al Hornet’s Nets.

Grant había tenido 10.000 bajas entre muertos, heridos y prisioneros, y casi otros 8.000 de sus hombres estaban desbandados por los bosques, sin armas y con el espíritu roto. Aún con los pequeños refuerzos que había traido, apenas contaría en su concentración con 18.000, que la llegada de Lewis Wallace no podía hacer elevarse a más de 23.000. Con suerte, aquella misma noche o a la siguiente llegaría Buell con sus 17.000 hombres. Incluso cuando a la noche se desencadenó una fuerte lluvia, poco favorable para la llegada de Buell, ésta encontraba a los confederados bajo techo y a los unionistas sin comer, sin cobijo y hasta sin capotes, que en las prisas de la mañana habían sido abandonados en los campamentos. Un poco de hambre y lluvia y quizás la gente de Grant se “rompiera” ya.

Durante los últimos coletazos del combate en el Hornet’s Nets, los unionistas se replegaron hacia una línea defensiva de unas 3 millas alrededor del Pittsburg Landing que se extendía hacia el Oeste del río Tennessee y giraba al Norte a la altura del Camino del Río (River Road), cubriendo la ruta por la que debía llegar la División de Lewiss Wallace. Sherman estaba al mando del flanco derecho de esa posición, McClernand en el centro y los restos de los hombres de W.H.L Wallace, Hurlburt y Stuart fueron uniéndose a los rezagados que iban apareciendo. También llegó una brigada del Ejército de Buell, concretamente la Brigada del Coronel Jacob Ammen, perteneciente a la División de Bull Nelson.

Los confederados realizaron un asalto con dos brigadas mandadas por Withers, pero tras ser rechazado Beauregard ordenó suspender un nuevo asalto que se estaba organizando pues ya eran las 6 de la tarde y el sol se estaba ocultando. Beauregard se limitó a capturar a los hombres de Prentiss y se retiró con el grueso de sus hombres a los campamentos abandonados, donde comerían las excelentes provisiones del enemigo y descansarían en sus tiendas. La lucha había sido dura y las bajas más altas de lo esperado, (algo más de 5.000), pero aún contaba con 35.000 hombres y se mantenía razonablemente satisfecho. Aunque la batalla parecía encarrilada por parte confederada, lo cierto es que no habían conseguido sus objetivos iniciales, que no eran otros que empujar a Grant hacia los pantanos alejándolo de una posición defensiva como la que ahora tenía. El resumen del día lo dejaría reflejado el Brig. Gen. James R. Chalmers en su informe: “Un ataque más con decisión y se hubiese capturado a Grant y a todo su ejército”

Era sin embargo preocupante que, con las pérdidas sufridas, los unionistas conservaran aún el Pittsburg Landing y organización bastante como para crear aquella barrera artillera. En los planes previstos, Beauregard y Johnston habían contado con que pérdidas semejantes causaran la desbandada. Y lo que Beauregard ignoraba es que Grant preparaba el contrataque.

Aquel tiempo adicional “perdido” en Savananah había servido para obligar, a golpe de telegrama, a que Halleck y Buell pusieran de inmediato las divisiones más próximas de éste último a su disposición, y organizar su traslado con una rapidez y eficacia que fue en si misma un pequeño milagro organizativo. Y bajo la lluvia y con los proyectiles de las “Tyler” y “Lexington” cruzando sobre sus cabezas para bombardear los campamentos, los hombres de Grant se calentaron aquella noche con esperanzas, viendo también llegar a los refuerzos.

Por tierra llegó la División de Lewis Wallace que estaba destacada en Crump’s Landing junto a Stoney Lonesome en la retaguardia de la Unión. Una de las primeras órdenes del día de Grant fue que Wallace marchase lo antes posible en apoyo de Sherman. Pero Wallace tomó una ruta diferente a la ordenada por Grant (posteriormente alegaría que las ordenes fueron ambiguas) por lo que cuando llegó se encontró que Sherman se había desplazado y se encontró con la retaguardia confederada. En ese momento un correo de Grant llegó a su posición, transmitiéndole una orden tajante de presentarse en el Pittsburg Landing con sus hombres.

Posteriormente Wallace dijo que si no hubiese recibido la segunda orden de Grant, hubiese atacado a los confederados y cambiar el discurrir del día. Pero ante la llamada de Grant optó por volver sobre sus pasos hasta Stone Lonesome para cumplir las órdenes recibidas en un principio, lo que provocó su llegada al Pittsburg Landing hacia las 7 de la tarde, cuando el combate ya había finalizado. Posteriormente Grant realizó un duro informe sobre la actuación de Lewis Wallace que truncaría su carrera militar, aunque pasaría a la historia como el autor de Ben-Hur.

Por el río llegaron los refuerzos de Buell. Para la mañana del día 7 habían llegado las divisiones de McCook y Crittenden, y parte de la de Nelson, elevando de 23.000 a 36.000 la tropa de Grant, y más tarde llegaría el resto de Nelson y el grueso de la de Wool, llegando a 44.000 hombres. El aspecto de la batalla para el segundo día cambiaba radicalmente.

Mientras la noche del 6 de abril fue una noche muy triste, especialmente en el lado unionista, pues tras uno de los días más sangrientos de la historia estadounidense los gritos y lamentos de los heridos llenaban el ambiente de dolor. Al mismo tiempo una tormenta acompañó a los fatigados hombres de ambos bandos mientras un bombardeo rítmico de las cañoneras completaba una noche llena de fatiga y dolor. Pero quien justamente no descansó lo más mínimo esa noche fue Grant, que estaba dispuesto a cambiar las tornas a la mañana siguiente, convirtiendo en proféticas las palabras que dijo Nathan B. Forrest a Patrick R. Cleburne:

“If the enemy comes on us in the morning, we’ll be whipped like Hell”

“Si el enemigo viene hacia nosotros por la mañana, seremos azotados como en el Infierno”

Nathan B. Forrest a Patrick R. Cleburne en Shiloh.

Por su parte Beauregard se apresuró en telegrafiar al Presidente Davis anunciando una victoria completa. La alegría era generalizada en las filas confederadas pues se encontraban a cubierto de la tormenta en las tiendas que por la mañana eran de los unionistas y se habían hecho muchos prisioneros, además de un gran botín en provisiones que siempre eran bien recibidas por los necesitados confederados.

Pero no todo eran parabienes en el lado confederado. La decisión de Beauregard de cancelar el asalto final al Pittsburg Landing. Braxtong Bragg, así como el Coronel William Preston Johnston, hijo de Albert Sydney, se lamentaron de la oportunidad perdida de derrotar realmente a los unionistas. Pero Beauregard permaneció en su posición de retaguardia junto a Shiloh Church y no se desplazó al frente para obtener una visión directa de las posiciones adoptadas por Grant. Incluso restó importancia a los informes que le llegaban por parte de la caballería de Forrest, en que le decían de la llegada de refuerzos por parte del ejército de Buell. En su defensa Beauregard dijo que sus tropas estaban agotadas, a lo que sumando que quedaba menos de una hora de luz y la superioridad artillera de Grant, ese asalto hubiese sido un completo fracaso. También debemos tener en cuenta que Beauregard había recibido un informe del Brigadier General Benjamin Hardin Helm que se encontraba al norte de Alabama de que Don Carlos Buell se encontraba avanzando hacia Decatur y no hacia el Pittsburg Landing.

Para la mañana del 7 de Abril de 1862 los unionistas superaban ampliamente los 40.000 hombres. Por contra los confederados que habían sumado al menos unas 8.500 bajas, cuando se realizó el recuento no había disponibles muchos más de 20.000 hombres. Además se habían retirado a descansar a los anteriores campamentos unionistas que el día anterior habían ocupado Prentiss y Sherman, incluso el Cuerpo de Polk acampó en su campamento del día 5 de abril que estaba a unas 4 millas del Pittsburg Landing. Con tanto desplazamiento en una zona boscosa, tras una muy dura pelea y con una noche tormentosa, las cifras de desaparecidos y desertores se habían disparado. Por si fuera poco no se había previsto la formación de una correcta línea de batalla para el día siguiente y pocas unidades habían sido reabastecidas de munición. Esta desatención de las necesidades de los hombres tendría su factura en la mañana que comenzaba.

El lunes 7 de abril de 1862, Grant sabía que los refuerzos recibidos podían permitirle sorprender y derrotar al enemigo. Su mayor riesgo era que un ataque temprano de los confederados, topando casualmente con alguna zona de su línea cuyos defensores hubiesen sido especialmente baqueteados la víspera, la rompiera prematuramente, frustrándolo todo.

Para no correr el albur, decidió tomar la iniciativa desde el primer momento, atacando a las 7 de la mañana, antes de que se levantara la niebla nocturna del bosque. Y como para esa hora no podrían estar dispuestos, ni en posición, los recién llegados soldados del Ejército de Ohio, lanzó el ataque con sus propias tropas, encabezadas por la División de Lewis Wallace, apoyada sobre todo por las de McClernand, W.H.L Wallace (ahora dirigida por el Coronel James M. Tuttle) así como por Sherman, esta última hecha jirones.

Atacaron en el sector Norte del perímetro, amparados por la barrera artillera que se había ensayado la víspera y como el enemigo no esperaba el ataque y menos en aquel sector, penetraron profundamente casi de inmediato. Quien recibió el primer impacto fueron los confederados de la Brigada del Coronel Preston Pond. Beauregard y Bragg, cuyo cuerpo defendía el sector, sacaron a flote toda su profesionalidad para agrupar frente a ellos, ya en los campamentos al Norte de Shiloh Church, las divisiones de Adley Gladden y Jonas Mitchel Withers. Y se produjo un feroz choque entre las tiendas de campaña.

Pero los planes de Grant estaban trazados, y las divisiones del Ejército del Ohio de Crittenden y McCook, que entretanto habían completado sus preparativos, se lanzaron al ataque más al Sur en contacto con la izquierda del ataque inicial unionista. Coordinada personalmente su acción por Don Carlos Buell, que había llegado aquella noche al Pittsburg Landing junto a sus tropas. Y su ataque se centró en la zona inmediatamente al Sudeste de Shiloh Church, donde la lógica de la acumulación de refuerzos había diluido la concentración enemiga, perforando a su vez. Esta vez, todo el ejército confederado hubo ya de abandonar sus posiciones iniciales y converger hacia allí, pues la dirección de avance unionista tendía a interponerse entre él y las fuerzas que peleaban al Norte de Shiloh Church y, lo que podía ser más grave aún, las carreteras hacia Corinth.

Y en cuanto la fuerza confederada clareó al Sur del Pittsburg Landing, la División de William “Bull” Nelson que había concluido a su vez su preparación, y apoyada en Crittenden y McCook entró también en liza, perforando el frente hacia el Sur y acosando el flanco derecho del ejército confederado.

Los confederados sorprendidos por la respuesta de Grant y en completa desorganización a nivel mayor de una brigada intentaron formar una línea. Se tardaron 2 horas en localizar a Leonidas Polk para que regresara de su campamento. Y no sería hasta las 10 de la mañana cuando Beauregard logró disponer una línea de izquierda a derecha con Bragg, Polk, Breckinridge y Hardee. Desencadenándose un intercambio de fuego de fusilería tan intenso que Sherman dijo: “Fue el fuego de mosquetería más intenso que haya sentido”.

Pero los unionistas retomaron la iniciativa en un ataque encabezado por “Bull” Nelson seguido por McCook y Crittenden hacia los caminos de Corinth y Hamburg-Savannah. Crittenden recuperaba para los unionistas la posición de Hornet’s Nest en un duro asalto hacia el final de la mañana. Pero fueron expulsados por un contundente contraataque de Breckinridge a pesar de haberse sumado la fuerza de Nelson a Crittenden. Entretanto y con su retaguardia tan amenazada, las divisiones confederadas al Norte de Shiloh Church iban reculando lentamente.

Al fin el comandante de división Brigadier Adley H. Gladden cayó fatalmente herido, (moriría a los cuatro días), y se dio orden de abandonar aquella peligrosa posición. No fue fácil, pues McCook y Crittenden estaban cerca de cortar su línea de retirada, y en el combate por contenerlos fue igualmente herido otro jefe de división, el recientemente ascendido Mayor General Benjamin F. Cheatham, pero al fin se logró.

Al tiempo Crittenden y McCook presionaron a Breckinridge obligándole a retirarse hacia el camino de Hamburg-Purdy. Ya era el mediodía. Beauregard intentó realizar unos contraataques junto a Shiloh Church para mantener el camino de Corinth abierto, haciendo retroceder el flanco derecho unionista hacia Water Oaks Pond. Pero llegaron los unionistas de Tuttle para reforzar la línea obligando a los confederados a replegarse. Y para el final de la tarde Nelson seguía avanzando junto al río hacia las alturas de Locust Grove Branch.

Para entonces eran las primeras horas de la tarde y Beauregard, comprendiendo que la suerte estaba echada, dio orden de retirada general. Justo a tiempo, pues ahora comenzaba a entrar en acción la División de T.J Wood, y la superioridad numérica unionista se acentuaba. Así, los confederados se retiraron por la ruta de Corinth sin que Grant pudiera hacer mucho por perseguirlos. Y con unas 10.000 bajas entre muertos, heridos y desaparecidos, Beauregard ordenó a Breckinridge que formase una línea de retaguardia con 5.000 hombres y cuantas baterías pudiese concentrar tras Shiloh Church, protegiendo el camino de Corinth que a las 5 de la tarde comenzaría la retirada general de los confederados.

Los unionistas estaban muy diezmados y agotados tras una noche sin dormir, al raso bajo la lluvia, y casi dos días de combate. Y los de Buell, trasladados apresuradamente, no conocían el terreno y estaban escasos de elementos de apoyo.

Sherman intentó montar una persecución con sus fuerzas para el día 8 de abril reconociendo el camino de Corinth, uniéndose a la División de Thomas J. Wood. Pero el confederado John Cabell Breckinridge dirigía con mano firme la retaguardia enemiga. Aún a 6 millas del campo de batalla, en el lugar llamado Fallen Timber, los unionistas vieron un hospital de campaña que intentaron tomar fueron frenados en seco aquella tarde por una carga de unos 400 jinetes. La mandaba Nathan B. Forrest, contando entre su tropa a los jinetes de Lexington (Kentucky) de John Hunt Morgan, que se ganó en la acción una coronelía.

El camino que llevaba al campo estaba cubierto por árboles caídos y se desplegaron tiradores del 77º de Ohio a limpiar el terreno, momento aprovechado por Forrest para cargar y que a punto estuvieron de apresar al propio Sherman. Cuando la Brigada del Coronel Jesse Hildebrand empezó a desplegarse Forrest se encontró con que había avanzado más que sus hombres quedando a solo y a escasos metros de los federales. Rápidamente comenzaron a dispararle, siendo alcanzado en a la altura de la cadera y cerca de la espina dorsal. A pesar de la grave herida pudo huir. Finalmente el hospital confederado fue tomado por Sherman pero pagando el precio de 100 bajas, por lo que ante la presencia del grueso de la retaguardia confederada decidió no proseguir más allá.

Así acabó la Batalla de Shiloh, también llamada “de Shiloh Church” o “del Pittsburg Landing”. Los unionistas habían empleado al final un total de más de 66.000 hombres, (aunque este número incluye elementos que tal vez no llegaran a pelear), implicando hasta diez divisiones y veintiocho brigadas, (15 el primer día y 13 nuevas el segundo).

Por parte unionista, el resultado del combate no se juzgó con mucho optimismo, y no produjo ascensos en cascada. Pero Halleck, que consideraba inquietante que uno solo de sus subordinados tuviera su misma graduación, lo subsanó aprovechando la participación de Don C. Buell en la batalla para hacerlo también ascender a Mayor General, seguirían J. Pope, G.H Thomas, L. Wallace y J.A. McClernand. Ese día 7 de abril, los unionistas sufrieron casi 3.500 bajas más, elevando su total en la batalla a unos 13.700, pero con un buen dato a pesar de todo, su único mando muerto seguía siendo William H.T. Wallace.

Los confederados habían empleado casi 45.000 hombres. A parte del mando de John C. Breckinridge, de facto una división, habían usado las de Benjamin F. Cheatham, Adley H. Gladden, Thomas C. Hindman, Daniel Ruggles y Jonas M. Whiters. Y entre sus jefes de brigada estuvieron los brigadieres Samuel R. Anderson, James R. Chalmers, Samuel G. French, States R. Gist, Benjamin H. Helm (concuñado de Lincoln), John K. Jackson, John S. Marmaduque, Hugh W. Mercer, Alexander P. Stewart, Lucius M. Walker y S.A.M Wood, y los coroneles John S. Bowen, Charles Clark, Patrick R. Cleburne, Randall L. Gibson, Bushrod R. Johnson, Saint John R. Liddell, George Maney, William Preston, Joseph Wheeler y John S. Williams.

Aquí si hubo ola de ascensos. Pierre G.T Beauregard, como nuevo comandante del Oeste, recibió el grado de “General Full Rank”, los brigadieres jefes de división Whiters, Hindman y Breckinridge, fueron ascendidos a Mayor General, y el Jefe de Estado Mayor Thomas Jordan y los coroneles jefes de brigada Bowen, Clark, Cleburne, Johnson, Maney, Preston, Wheeler y Williams a brigadieres. (Bowen, Clark y Johnson habían sido heridos en el combate)

El Sur también perdió en la batalla a otro de sus personajes más caracterizados, el kentuckiano George H. Johnson, elegido Gobernador de Kentucky el año anterior por la Cámara Confederada de Bowling Green, muerto el día 6 ante el temible Hornet’s Nest. Otras bajas significativas del día fueron los Generales Clark y Johnson. Las bajas sureñas del día 7 se acercaban a las 5.500, sumando para el total de la batalla de 10.700 bajas.

Algunos confederados presente en Shiloh alcanzarían posiciones de mando, como Daniel W. Adams, Coronel del 1º de Louisiana, y los aún subalternos Edward C. Walthall, del 15º de Mississippi, y William B. Bate, del 2º de Tennessee, que recibió allí su primera herida seria.

Exagerando las superiores bajas unionistas, (que se estimaron en 20.000), los sureños presentaron Shiloh ante su opinión pública como una victoria, pero en realidad era una derrota. Tácticamente, no se había logrado el objetivo, que era privar al enemigo del Pittsburg Landing. Y en lo estratégico no se le había logrado arrebatar la iniciativa, ni impedido la unión de Grant y Buell. Ahora Corinth estaba perdida.

Pero la lista de bajas conmovió a la población civil. Los sureños, con 1.728 muertos, 8.012 heridos y 959 prisioneros, habían sufrido bajas por el 26% de la fuerza empleada y el 24% del total. Los del norte, con 1.754 muertos, 8.408 heridos y casi 2.885 prisioneros, aparte de unos cientos de desaparecidos, (deserciones en la huída del día 6, y algunos cadáveres enterrados localmente y luego no hallados), el 21 % del total disponible, (incluyendo las tropas de Wood que no llegaron a alinearse plenamente) y el 22% largo de los 62.600 hombres alineados.

Para la pura fuerza de Grant, con más de 12.500 bajas, era un 28%, y el público y la Prensa se preguntaron si el vencedor de Fort Donelson no era un “carnicero”. Las largas listas de bajas cayeron como una bomba en el público que, olvidado el lejano y relativamente pequeño ejemplo de Wilson’s Creek, quería aún creer en una guerra poco sangrienta.

Además, buena parte del “stablishment” militar había encajado mal que un “Don Nadie”, desde su punto de vista, como Grant, lograra la gran victoria de Fort Donelson. Por ello sus errores en Shiloh fueron realzados, y no ocultados como es lo habitual entre militares, y enseguida se hizo correr mil chismes sobre su afición a la bebida. Afortunadamente, para la Unión, Lincoln dejó clara su postura referente a Grant y las continuas peticiones que le hacían para que lo cesara: “No puedo prescindir de ese hombre, él pelea”

Además se podía hacer contrastar la “chapucería” de Shiloh con la “limpieza” de otras victorias que se obtenían casi a la vez en el mismo frente. Por ejemplo, al llevar su contingente principal hacia el Tennessee, el Ejército del Ohio de Buell había recibido orden de Halleck de incrementar su presión en otros frentes. Y si en dirección a Tennessee Oriental las divisiones unionistas de Albin Schoepf, George W. Morgan y James S. Negley, (última en alinearse allá), tenían enfrente a los confederados de Edmund Kirby Smith, pero en la zona central la División de Ormsby Mitchell no tenía casi oposición.

Aprovechándolo, cruzó Tennessee a marchas forzadas y se apoderó de la orilla norte de la curva que hace el río Tennessee en el Norte de Alabama, entre Decatur y Bridgeport, tomando el 11 de abril Huntsville y capturando a su pequeña guarnición de 200 hombres, mientras las otras guarniciones enemigas de la zona se dispersaban.

También pretendió aislar la ciudad de Chattanooga, cortando el ferrocarril entre ella y Atlanta (Georgia). Para ello envió un grupo de 22 hombres vestidos de paisano, (espías en el concepto de aquellos días, comandos saboteadores en el de hoy), mandados por James J. Andrews. Estos se internaron en la retaguardia confederada hasta Marietta (Georgia). Y allí aprovechando que sus tripulantes y los pasajeros del tren que arrastraba habían bajado a desayunar, se apoderaron de la locomotora “The General”.

Su plan era recorrer la vía férrea hasta cerca de Chattanooga, cortando los cables telegráficos, saboteando vías e instalaciones y quemando todos los puentes. Esperaban que su rapidez desconcertara e impidiera interceptarlos a las tropas confederadas de la zona, pero no contaron con que los ferroviarios de la línea, indignados por el robo de “The General”, fuesen quienes de propia iniciativa organizaran la caza.

La profesionalidad y conocimiento de la línea de los vengativos ferroviarios fue demasiado para los desgraciados unionistas que, perseguidos de cerca, no pudieron realizar su misión y acabaron teniendo que abandonar “The General” en el valle del Chickamauga Creek, 18 millas al Sur de Chattanooga, donde terminaron casi todos por ser capturados. Andrews y seis de los suyos serían ahorcados por espionaje y, más de 60 años después, el excelente cómico Buster Keaton utilizaría la historia, (naturalmente modificada), para su sensacional película “The General”. En España sería “El Maquinista de La General”.

Mientras, el Brigadier Mitchell se dedicaba a realizar requisas y a destruir toda clase de material estratégico, sobre todo ferroviario, y levantó varias millas de vía férrea. El relato periodístico de su incursión, que no tuvo más bajas que el grupo de Andrews del que no se habló al gran público, entusiasmó a la opinión pública del Norte.

Lo gracioso es que nadie informó, (los errores que no fueran de Grant se quedaban ocultos entre el estamento militar), de lo irritado que estaba Don C. Buell ante la destrucción de vías férreas por su subordinado. Halleck acababa de confiarle que, en cuanto cayera Corinth, el próximo “gran objetivo” del Grupo de Ejércitos iba a ser para su Ejército del Ohio, la ciudad de Chattanooga. Y aquella vía férrea le hubiera dado un excelente eje logístico de avance.

SHILOH

Texto publicado originalmente en: https://elgrancapitan.org

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