Salvando la República

El 18 de marzo de 1962 se realizaron elecciones para elegir diputados y algunos gobernadores. El Dr. Frondizi había permitido que en esas elecciones se presentasen candidatos del movimiento peronista. Las Fuerzas Armadas no estaban de acuerdo con esta medida y todo el mundo sabía (incluido el mismo presidente) que de ganar Andrés Framini, el candidato peronista a la gobernación de la provincia de Buenos Aires, peligraba la continuación de Frondizi al frente del ejecutivo.

En las elecciones, las listas auspiciadas por el justicialismo vencieron en 9 de las 14 provincias incluida la de Buenos Aires.

Los mandos militares inmediatamente convocaron al ministro Alfredo Roque Vitolo para exigir la anulación de las elecciones y la disolución del Congreso. Frondizi le dijo a su ministro que acepte esa propuesta y pocas horas después intervenían los tres poderes de provincias como Buenos Aires, Chaco, Rio Negro, Santiago del Estero y Tucumán.

No conformes, al día siguiente el Ejército acuarteló sus tropas; era el prolegómeno del Golpe de Estado. El general Guillermo Salas Martínez derroca al gobernador Oscar Allende y la Marina le exige la renuncia a Frondizi, quien se niega rotundamente. Frondizi mantenía una excelente relación con el presidente Kennedy, quien inmediatamente le hizo saber que no reconocería a un gobierno militar y este atropello a la democracia. Sin embargo será el mismo Frondizi quien al ver los peligros de una resistencia llama al presidente norteamericano, le agradece el apoyo y le pide que no corten el crédito para la construcción del complejo hidroeléctrico Chocón – Cerros Colorados, obra de esencial importancia para la Argentina.

En medio de estas idas y venidas, José María Guido declaró que “no hay legalidad sin Frondizi”.

El Dr. Guido había nacido en 1910 en la ciudad de Buenos Aires y se había recibido de abogado en 1930. Durante sus estudios en La Plata adhirió a la Reforma Universitaria y consolidó sus vínculos con el radicalismo. Una vez recibido se asoció al buffete jurídico de su amigo Herberto Castello en Viedma, por entonces aún territorio nacional. Allí continuó su carrera política y llegó a ser apoderado del Partido Radical en la nueva provincia de Río Negro.

Su acercamiento a la figura de Frondizi lo hizo adherir al movimiento que éste creó en 1956: la Unión Cívica Radical Intransigente.

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Cuando Frondizi accede a la presidencia con la bendición de Perón, Guido resultó elegido senador por su provincia y asumió la presidencia provisional del Senado.

Después de la renuncia de Alejandro Gómez, Guido quedó como suplente institucional. Cuando el 20 de marzo las Fuerzas Armadas exigieron la constitución de un nuevo gabinete, Frondizi accedió pero la Marina hace lo posible para que fracase esta instancia. Ante lo inevitable, Frondizi le solicitó a Guido que esté a disposición para reemplazarlo.

Los pedidos de renuncia al presidente se sucedieron. No sólo los militares lo exigían, la misma Unión Cívica Radical del Pueblo conducida por Balbín, está entre los partidos que reclaman su alejamiento.

El 28 de marzo de madrugada las Fuerzas Armadas pusieron en vigencia el Plan Conintes con miras a desestabilizar al gobierno. Ese mismo día el Tercer Regimiento Motorizado de la Tablada se movilizó hacia los lugares de acceso a la capital. La situación se complicó y los pedidos de renuncia se hicieron más insistentes.

Aparecen, a su vez, discrepancias dentro de las Fuerzas Armadas, un grupo que desea la presencia de un presidente civil, mientras el general Poggi reclamaba ese cargo “por derecho propio”. Otro grupo pretendía imponer un régimen dictatorial.

A las 17 horas de ese mismo día, Frondizi recibió a los líderes del golpe y les respondió que si querían removerlo debían hacerlo por medio de un juicio político en el Congreso, para proceder de acuerdo a las normas constitucionales. Sin embargo Frondizi sabía que esta opción no complacería a las Fuerzas Armadas y decidió comunicarse con el presidente de la Corte, el Dr. Julio Oyhanarte a quien le pide aplicar la ley de Acefalía.

Fue el mismo Frondizi quien encauza su alejamiento pero en un marco institucional tratando de preservar, al menos, las formas constitucionales. Félix Luna afirma que el mismo presidente le indicó a los golpistas como actuar y que debía ser confinado a la isla Martín García. Su detención habría de hacerse a las 8 horas del día siguiente. Con esta decisión le daba un margen de horas para coordinar la acefalía con Guido (que se mostraba reticente) y la Corte Suprema. Oyhanarte estaba convencido de seguir la propuesta de Frondizi, no así los demás miembros que dudan sobre el camino a tomar.

Si bien no hubo unanimidad, la Corte adhirió al plan sugerido por Oyhanarte, quien tenía clara la opción “Guido o dictadura militar”.

Guido, por su parte, también dudaba. Sabía que sus correligionarios lo llamarían traidor. Estaba el reunido con otros senadores en el Congreso cuando recibió el llamado de la Corte Suprema: estaban decididos a consagrarlo presidente siguiendo la propuesta de Frondizi. Invocaban al artículo N° 75 de la Constitución.

Enterado que los líderes golpistas se dirigían a la Casa Rosada y a pesar que la Corte no había cumplido todas las formalidades, Guido se dirigió al Palacio de Justicia y a las 17 horas, en medio de su gran reserva y visiblemente conmovido, José María Guido juró sobre una Constitución (en el apuro no encontraron una Biblia) su nuevo puesto como presidente. Terminado el acto Guido se abrazó a Oyhanarte, llorando. Solo quería que no lo vieran como un traidor.

Uno de los miembros de la Corte, Villegas Basavilbaso, dijo entonces “Podemos decir, como Cicerón, que hemos salvado la República violando la ley” a lo que el Dr. Colombres respondió “Se equivoca Cicerón, porque quien salva a la República nunca puede estar violando una ley”.

Mientras tanto los golpistas enterados de la jura de Guido evaluaron la posibilidad de atacar al Palacio de Justicia. Por suerte primó la cordura ante la sorpresa (y disgusto) de los comandantes. Guido inició una serie de reuniones a fin de comprometerse a cumplir los mandatos de las Fuerzas Armadas. A tal fin, en la madrugada del 30, se firmó un acta secreta asumiendo tales compromisos entre los que se establecía la anulación de las elecciones del 18 de marzo, la prescripción del partido comunista y del peronista, una reforma sindical y una reforma de la ley electoral. Era el comienzo de un cogobierno que desembocaría un año más tarde en un nuevo acto comicial. La República se había salvado, herida pero viva.

 

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