HistoriaSimón Bolívar | batalla de Carabobo

«Salvadores de mi Patria»: La Legión Británica en Carabobo

En el corazón de uno de los conflictos más importantes de Sudamérica, el heroísmo del grupo menos pensado fue clave para el triunfo patriota.

La batalla de Carabobo es una de las más importantes en el contexto independentista sudamericano, ya que su resultado quebró decisivamente al dominio español en Venezuela. Aunque sólo duró unas pocas horas, logró que figuras como el “Centauro de los Llanos”, José Antonio Páez, comandante de la segunda división del ejército patriota, y Pedro Camejo, también conocido como el Negro Primero, emergieran como leyendas.

Dentro de otras cualidades legendarias de Carabobo, se perfila la participación de un regimiento conocido como la Legión Británica, llamado también Batallón Británico o Cazadores Británicos. En general nombrada al pasar, esta fuerza de unos 600 hombres, parte de los cerca 7000 mercenarios británicos que participaron en el esfuerzo independentista en Venezuela, a pesar de haber sido clave en el momento de más necesidad en el combate de Carabobo, pocas veces recibe más que una simple mención acerca de su bravura y su heroísmo.

No es el punto aquí desmerecer los esfuerzos del ejército patriota, ya que mirado a grandes rasgos resulta claro que la participación de las fuerzas británicas no fue crucial en el proceso independentista. Son varios los historiadores que concuerdan en el punto de que, teniendo en cuenta el total de las fuerzas, los británicos e irlandeses que participaron eran pocos, morían fácil y se quejaban mucho, pero quizás un análisis más pormenorizado permita entender exactamente en qué consistió su acción decisiva en el conflicto.

CARABOBO

La Batalla

El 24 de junio de 1821 por la mañana, Simón Bolívar, desde la sierra de Buena Vista, contempló al ejercito realista apostado en el valle de Carabobo. Frente a sus ojos se hallaban cerca de 4500 hombres leales a la corona española, comandados por el general Juan Miguel de La Torre y listos para evitar el acceso de las fuerzas patriotas hacia Caracas.

Bolívar venía planificando este enfrentamiento desde abril de 1821, cuando el armisticio que se había declarado entre las fuerzas patriotas y realistas a fines de 1820 llegó a su fin. Luego de lograr con gran éxito generar maniobras de diversión en diferentes puntos del territorio, logró reunir una fuerza de 6500 hombres, el grueso del ejército patriota, en la zona de San Carlos, unos 260 kilómetros al suroeste de Caracas. Los hombres estaban repartidos en tres divisiones, comandadas por Páez, Cedeño y Plaza, respectivamente.

Si bien tenía amplia confianza en su éxito y los números estaban de su lado, la posición de las fuerzas comandadas por La Torre, dominando desde la altura de una meseta, hacía imposible un ataque frontal. Es así que se tomó la decisión de apostar la tercera división en la vanguardia, a modo de distracción, y de enviar a las divisiones Primera (que incluía a la Legión Británica) y Segunda por un camino lateral poco conocido que les permitiría tomar a las fuerzas de La Torre por sorpresa y atacar el flanco derecho y la retaguardia del ejército realista.

El camino era complicado de transitar y dilató bastante el momento del ataque. Fue recién cerca de las 11 de la mañana, cuando parte de la Primera División comandada por Páez, conocida como los Bravos de Apure, emergió del desfiladero. El batallón cruzó el pequeño arroyo de Carabobo y los hombres comenzaron a subir la pendiente que los separaba de las fuerzas realistas. El batallón de Burgos, comandado por el Teniente Coronel Joaquín Dalmau, que había sido enviado a cubrir esa entrada, respondió al ataque con fuego cerrado y, en pánico, los patriotas comenzaron a retroceder. En este punto, y temiendo perder la oportunidad, el coronel Thomas Ferrier, comandante de la Legión Británica, tomó riendas en el asunto.

Ordenó a sus hombres a volver a formación y seguir avanzando cuesta arriba, hacia la posición de las fuerzas de Dalmau. En poco tiempo varios hombres cayeron muertos o heridos bajo el incesante fuego realista, inclusive el mismo Ferrier, pero el avance siguió hasta alcanzar la meseta, donde las ocho compañías de la Legión Británica se formaron y comenzaron a disparar contra el enemigo. Sólo llegado este punto, el batallón de Burgos comenzaron a retroceder, pero todavía lejos de rendirse, los batallones realistas de Hostalrich y de Infante se replegaron desde el flanco izquierdo para reforzar el ataque.

Cerca del mediodía los hombres de la Legión Británica eran superados por 4 a 1 y sus municiones estaban empezando a acabarse, pero siguieron firmes en la lucha. Oficiales y voluntarios no paraban de caer heridos o muertos, y son varios los sobrevivientes que en sus memorias luego recordarán haber sentido desesperación al ver como el resto de la División Primera y toda la Segunda todavía no eran llamados a intervenir.

La Legión siguió luchando sola, aún cuando la caballería realista se lanzó contra ellos. En este punto, sin embargo, comenzaron a aparecer lentamente los refuerzos. Los Bravos de Apure, nuevamente organizados, se unieron a la lucha junto con dos compañías del batallón de Tiradores de la Segunda División. Con estas fuerzas renovadas, los patriotas reforzaron su posición y los realistas comenzaron a retroceder.

La Torre despachó dos nuevos batallones de infantería, Príncipe y Babastro, pero no pudieron hacer mucho frente a la caballería de Páez, que avanzó sobre ellos. En este punto, varios regimientos realistas se rindieron, otros escaparon y la Torre ordenó la retirada hacia el poblado de Valencia, ubicado a unos 18 kilómetros en el camino hacia Caracas.

En este momento, la Segunda y Tercera división, acompañadas por la caballería de Páez, comenzaron la persecución hasta Valencia. Aunque varios comandantes patriotas, incluidos Cedeño y Plaza, perdieron la vida en este último ataque, la victoria ya era definitiva.

Consecuencias

Si bien la guerra seguiría hasta 1823, la batalla de Carabobo significó el fin del dominio español en el interior venezolano. Los números de bajas fueron importantes en ambos bandos, con unos 3000 muertos, heridos y capturados en el bando realista, y unos 300 a 500 muertos y heridos en las fuerzas patriotas. Sobre este último número, es notable que casi el 30% pertenecía a la Legión Británica, aunque esta fuerza sólo representara el 5% del total del ejército.

La participación clave de los británicos en la batalla fue reconocida explícitamente por Simón Bolívar luego del enfrentamiento cuando se dirigió a ellos y los llamó los «Salvadores de mi Patria». A los pocos días, ya apostados en Valencia, el Libertador repartió medallas entre los sobrevivientes y dio al regimiento el nombre de Batallón de Carabobo.

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