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Rick Wakeman: el mago inagotable

Para muchos es el tecladista más importante de la historia del rock. Buenos Aires ha tenido el placer y el privilegio de disfrutar en vivo de su música desde hace muchos años. Pero contemos algo de la historia de este gran artista, cuya inagotable capacidad creativa y su inverosímil recorrido sobre los teclados, así como su particular y forma de conectarse con su público, son ya su marca registrada.

Rick Wakeman (nacido Richard Christopher Wakeman) nació en Perivale, un suburbio del oeste de Londres, el 18 de mayo de 1949, hijo de Mildred (quería una nena) y Cyril (quería un varón).

Su padre tocaba el piano, su madre cantaba y su tío tocaba el ukelele. Así, fue natural para Rick acercarse a un piano ya a los 5 años. Como tantos otros chicos, formó su propia banda colegial, Culdred Milk, y en 1968 entró en el Royal College of Music de Londres, donde estudió piano, clarinete y orquestación. Duró poco allí: hay una versión que dice que fue expulsado, otra que fue invitado a no proseguir asistiendo ya que, de todas maneras, se ausentaba seguido debido a que prefería hacer su propio aprendizaje musical tocando en pubs y bares. Su talento fluía naturalmente, y a los veinte años ya era un requerido músico sesionista. Así conoce a Dave Cousins, líder y compositor de Strawbs, banda a la que luego es invitado a incorporarse como miembro permanente. Por crecientes diferencias musicales con Cousins deja la banda en 1971.

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Grabó con Cat Stevens, Al Stewart y Lou Reed, entre otros artistas, y fue contratado por David Bowie, con quien grabó Space Oddity y Hunky Dory, dos de sus más grandes éxitos. Bowie le ofrece formar parte de su banda Spiders from Mars en el mismo momento en que Jon Anderson le ofrece unirse a Yes. Rick recuerda ese momento como el punto de inflexión: Bowie le ofrecía más dinero, pero de aceptar se transformaría en “el tecladista de David Bowie”, y no tendría mayor incidencia en la creación musical de alguien que ya era una figura internacional reconocida. En cambio, pensó, en Yes tendría un campo abierto para desarrollar sus propias ideas musicales. Un llamado de Chris Squire a las dos de la madrugada (“¿sabes qué hora es?”, preguntó Rick sobresaltado; “no, no tengo reloj… espera un segundo que me fijo… las dos de la mañana”, contestó Chris), terminó de sellar su llegada a la extraordinaria banda que marcaría a fuego la década del setenta con un estilo de rock progresivo sinfónico que jamás sería igualado. Ni imitado, siquiera.

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Ingresa a Yes en 1971 luego del alejamiento de Tony Kaye, y desde entonces tiene una injerencia notable en el camino musical del grupo. “Close to the Edge” es, según reconoce el mismo Rick, el disco que más refleja su preferencia musical. Se aleja del grupo luego de mostrarse en desacuerdo con la línea musical seguida por el grupo en el álbum “Tales from Topographic Oceans”, a la que consideraba una obra sin una unidad musical ni argumental, demasiado influida por la impronta mística de aquella etapa de Jon Anderson, autor principal de la obra. Tuvo varios alejamientos y reencuentros con Yes, manteniendo una relación de amistad con el grupo, sobre todo con Jon Anderson y Chris Squire.

Rick Wakeman's awesome piano solo

Su impresionante carrera como músico solista comienza estando en Yes. La banda siempre permitió y hasta alentó a Rick a seguir sus propios caminos musicales como solista, y así lo hizo. Vaya si lo hizo. La carrera solista de Rick Wakeman se convirtió en una explosión continua de obras maestras; sus tres primeros discos: "The Six Wives of Henry VIII "(1973), "Journey to the Center of the Earth" (1974) y "The Myths and Legends of King Arthur and the Knights of the Round Table" (1975) son tres obras inolvidables ya no de la historia del rock, sino de la historia de la música del siglo XX. Rick se presentaba acompañado con diferentes orquestas sinfónicas o filarmónicas ejecutando esas maravillosas obras con un gran éxito, pero el alto costo de dichos conciertos deja sus finanzas en rojo. Algunos de sus discos siguientes "No Earthly Connection" (1976), "Criminal Record" (1977), “1984” (1981), son también obras de altísima calidad.

Su obra incluye 98 discos como solista (al 2018), 2 discos de estudio con Strawbs y 9 con Yes. A eso hay que agregarle los discos en vivo y las distintas compilaciones. Una obra monumental, imposible de reseñar brevemente, en la que por supuesto se destacan sus clásicos mencionados e inigualables, pero en la que hay lugar para música folklórica inglesa, música para películas, gospel, new age, suites líricas y hasta ópera.

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Es imposible dejar de mencionar este impresionante curriculum musical, pero su perfil humano es tan impactante como su música. Como todo genio, se acercó a los límites: la bebida lo tuvo alejado de un estado razonable durante un tiempo, estuvo cerca de la muerte a fines de los setenta por problemas cardíacos severos con solo treinta años, y la cantidad de cosas que pueden contarse de él necesitarían la extensión de un libro para ser contadas...

En un concierto con Strawbs en París echó a empujones del escenario a Salvador Dalí, que se había atrevido a subir al escenario mientras él tocaba un solo de piano; fue estrella de un programa bizarro de televisión inglesa (The Grumpy Old Picture Show) en el que se reía de sí mismo sin ningún reparo; coleccionista de autos, tuvo que vender la mayoría de ellos por “lo costoso que resultan los matrimonios”, según sus propias palabras, por lo cual decidió coleccionar plumas fuente (tiene más de 600) y, por supuesto, capas. En 2017, en la ceremonia de ingreso de Yes al Rock Hall of Fame, se le ocurrió contar al auditorio detalladamente su entonces reciente examen de próstata. Tiene el grado de Prince Rat de la organización de caridad del espectáculo Water Rats, y tiene la jerarquía de Venerable Maestro de la Logia Masónica de Chelsea. Hincha del Manchester City y amante del fútbol, compró un club de fútbol (Philadelphia Fury) junto a Paul Simon y Peter Frampton, vendiéndolo unos años después. En 2005, el mismísimo Fidel Castro lo invitó a tocar en Cuba, y Wakeman tocó con su grupo en el teatro Karl Marx de La Habana, que vivió un concierto histórico y estalló ovacionándolo de pie, Fidel incluido.

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Se casó cuatro veces: Roz Wooford (1970 a 1978), madre de sus tres hijos mayores, Oliver (1972), Adam (1974) y Benjamín (1978); la suiza Danielle Cormingboeuf (1980 a 1981); Nina Carter (1984 a 2004), madre de sus tres hijos menores, Jemma (1983), Oscar (1986) y Amanda (1988); y Rachel Kaufman, mucho menor que él, su esposa desde 2011.

Vivió muchos años en la Isla de Man y reside actualmente en Diss, un pequeño poblado de unos diez mil habitantes que está en el condado de Norfolk, en Inglaterra.

Vino por primera vez a Argentina en septiembre de 1981, presentando el álbum 1984 y dando tres conciertos gloriosos en el Luna Park de Buenos Aires. Desde entonces ha visitado Argentina casi una decena de veces, tocando tanto solo con su piano como con su grupo o con orquesta. Ha actuado en los escenarios mas disímiles: el Teatro Colón (en 2018), el Coliseo, el Gran Rex, el estadio Obras y hasta Prix D´Ami, un bar de Belgrano que ya no existe y que tenía un espacio con escenario en el piso superior en el que, créase o no, esta estrella del rock mundial de todos los tiempos dio, con su banda, un concierto memorable de casi dos horas y media el 15 de agosto de 1993 al que asistieron no más de cien privilegiadas personas que escucharon/mos al hechicero Wakeman como si estuviera en el patio de su/nuestra casa.

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La sencillez de su trato y el desapego por las formalidades hace que vaya a comer pizza a Las Cuartetas después de los conciertos en el Gran Rex, o que visite una disquería en avenida Santa Fe para firmar discos y charlar con sus fans, como si no se tratara de la megaestrella que realmente es.

Sin embargo, todo esto resulta seguramente menor al lado de su música única. Con su imagen de druida rubio y gigante (mide más de un metro noventa) enfundado en su capa y moviendo sus quince dedos (no se puede tocar los teclados de esa manera con solo diez dedos) entre pianos acústicos, electrónicos, sintetizadores, melotrones y moogs de los que sale una música mágica imposible de olvidar, Rick Wakeman es uno de esos genios que aparecen de cuando en cuando y mejoran la vida de las personas que tenemos la fortuna de habernos topado con su músic… perdón, con su magia.

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