/ Omar López Mato

Omar López Mato es médico oftalmólogo, escritor e investigador de historia y arte. Nació en Buenos Aires en 1956 y se recibió de médico con Medalla de Oro (Premio Villamil) de la Universidad del Salvador. Es director del Instituto de la Visión, así como también de Olmo Ediciones.

Entre sus libros se encuentran Ciudad de Ángeles. Historia del Cementerio de la Recoleta, Males de Artistas, Monstruos como nosotros, La Patria enfermaÁngeles de Buenos Aires, Fierita, Trayectos Póstumos, y la serie “Detrás de las Pinturas” (Desnudo de Mujer, A su Imagen y Semejanza, Cuadros Clínicos y La Marea de los Tiempos). Muchos de sus libros fueron editados en España e Italia.

Es columnista del diario La Prensa, además de colaborar con artículos en diversas revistas y diarios, como Perfil, La Capital e Infobae. También desde 2005 se desempeña como comentarista político de Notiar. En radio fue conductor del programa “Hablemos de Historia” (de 2006 a 2009) y de “Tenemos Historia” por la radio Concepto (FM 95.5). En televisión condujo  la serie “Males de Artistas” y el programa “Ojo Clínico”, ambos emitidos por Metro. En el  2013 realizó la columna “Historias de la Historia” del programa “Alto Nivel”.

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    El fin del general Lucio N. Mansilla

    Después de una carrera destacada como miembro del Ejército de Los Andes, el gobernador de Entre Ríos y héroe de Vuelta de Obligado, el general Lucio N. Mansilla, bajó el perfil que había mantenido durante el gobierno de su cuñado, Juan Manuel de Rosas, y se dedicó a viajar por el mundo donde gozó de la amistad de célebres personajes como la emperatriz Eugenia de Montijo. Vuelto a Buenos Aires tuvo pocas intervenciones públicas hasta su muerte durante la epidemia de fiebre amarilla. Este es el relato de sus años desde que acompañó la gestión de Rosas.

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    Walker Evans y la Gran Depresión

    Walker Evans era un fotógrafo nacido en Saint Louis, Missouri, quien se dedicó a las víctimas de la Gran Recesión, legando una colección de iconografías, fiel reflejo del momento que vivió los EEUU.

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    Appomattox: el final del drama

    Después de una serie de derrotas y haberse visto en la necesidad de abandonar Richmond, la capital de la Confederación, el general Lee condujo sus fuerzas maltrechas hasta Virginia perseguido de cerca por el ejército de Grant, mientras la caballería de Sheridan cortaba sus líneas de provisiones. Dispuestos a evitar un nuevo derramamiento de sangre, los dos generales acordaron en reunirse en la ciudad de Appomattox para pactar el fin de las hostilidades.

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    La zamba de Vargas

    El 9 de abril las tropas santiagueñas de los Taboada defendieron la ciudad de La Rioja del ejército de Felipe Varela. Posicionados alrededor del pozo de agua en la propiedad de un tal Vargas, los santiagueños defendieron a pie firme su posición alentados por la banda que tocaba una zamba para levantar el espíritu. Los Taboada ganaron la batalla y la zamba pasó a la tradición popular.

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    La Asamblea del año XIII y los conflictos con las provincias

    El 31 de enero de 1813, quedó instalada la Asamblea en Buenos Aires, el juramento se realizó en la Catedral omitiendo la fórmula de lealtad a Fernando VII. Era necesario imponer un orden al proceso independentista. Todas las autoridades civiles y religiosas le juraron lealtad a la Asamblea, ya que ésta había sido declarada soberana. Belgrano así lo hizo a orillas del río que pasó a llamarse Juramento. Rondeau, aceptando la sugerencia de Artigas, postergó el juramento hasta finalizado el Congreso de Tres Cruces que debía elegir los representantes para acudir a la Asamblea. Lo hicieron finalmente el 8 de abril. Los miembros de la Asamblea fueron declarados inviolables, no podían ser aprendidos ni juzgados hasta el término de la misma. Este decreto era copia textual del artículo 128 de la Constitución española de 1812.

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    Giacomo Casanova: Memorias de un seductor II

    Expulsado del Palazzo Malipiero, el joven Giacomo Casanova se vio obligado a reiniciar su carrera eclesiástica. Después de la muerte de su abuela, Giacomo entró al seminario, pero ni siquiera las paredes de los claustros podían frenar su ludopatía, razón por la cual contrajo deudas que no pudo honrar y terminó en la cárcel. Su madre intermedió ante el obispo Bernardo de Benadis para que lo llevase a Calabria, pero la perspectiva no le interesaba a Giacomo que prefirió entrar al servicio del cardenal Acquaviva en Roma, como su secretario. Este enviado del Rey Felipe V de España era también un amante de la buena vida y pronto congenió con el veneciano.