MedicinaPieter Brueghel, el viejo | Miguel Strogoff | leucoma | uveítis | glaucoma | La Parábola de los ciegos | oftalmología | ceguera

Parábola de los ciegos de Pieter Brueghel

Esta bíblica parábola de los ciegos inspiró el cuadro de Pieter Brueghel, el viejo. La obra se desarrolla en tierras que rodean a la ciudad de Bruselas, donde el pintor vivió por muchos años. La iglesia que se ve al fondo todavía persiste.

Brueghel fue un atento observador de la naturaleza humana; por eso, este cuadro no sólo refleja el sentido de la parábola, la inocencia de aquellos que confían “ciegamente” en su líder, (aunque este sea tan escaso de luces como sus seguidores), sino que además hace desfilar las diversas causas de cegueras entre estos incautos. Observen al segundo de la hilera desde la derecha, quien se está cayendo sobre el conductor —portador de un laud (siguiendo la costumbre homérica, los trovadores eran muchas veces no videntes)—: muestra claramente sus orbitas vaciadas. Podemos deducir que sus ojos fueron exenterados siguiendo la bárbara costumbre de los vencedores. En esa época los flamencos peleaban contra los españoles. Cabría suponer que éste haya sido un noble derrotado por el invasor. Basta recordar el ejemplo de Basilio II de Constantinopla, durante la guerra contra los búlgaros. Para quebrantar el ánimo belicoso de sus enemigos cegó a la mayoría de los 15.000 prisioneros en su poder. Sólo salvó un ojo cada 150 hombres, para que pudiesen guiar a sus compañeros de desgracia de vuelta a sus hogares. En Miguel Strogoff, la célebre novela de Julio Verne, intentan cegar al héroe con un hierro candente pero sus lágrimas enfrían el fuego sin que éste lesione sus córneas.

El tercer personaje, todavía confiado en su camino por la buena senda, tiene las córneas blancas —llamadas leucoma—, secundarias a un proceso probablemente congénito. Nos aventuramos a descartar una enfermedad inflamatoria porque sus ojos no se ven inyectados en sangre, ni presentan fotofobia —miran hacia arriba, sin evitar la luz—. Tiene lo que los antiguos llamaban “gutta serena”, ojos ciegos pero tranquilos, sin congestión.

Le sigue atrás un viejo con los globos atrofiados y hundidos en las orbitas. Muchas son las causas que conducen a este estado, llamado Ptisis Bulbi, como ser las uveítis, los desprendimientos de retina, las infecciones oculares, etc.

Atrás, un caballero con cruz al cuello, mantiene su cara cubierta ¿Será para evitar la molesta luz que aflige sus ojos como en tantas enfermedades oculares?

El último en este desfile de desgracias, también tiene las corneas blancas, pero muestran cierta congestión en sus parpados. Bien podría tratarse de una secuela de un glaucoma agudo, aumento brusco de la presión ocular que blanquea los ojos en caso de no ser tratado oportunamente. De hecho, “glaucoma” significa ojo blanco.

La Parábola de los ciegos se convierte en un pequeño tratado de oftalmología que pasa revista a las distintas causas de ceguera conocidas entonces y que sirvieron para ilustrar ese precepto bíblico donde se nos advierte sobre los peligros de dejarnos conducir por personajes casi tan incautos como nosotros mismos.

Captura de Pantalla 2021-03-11 a la(s) 17.22.24.png
Retrato de un viejo y ciego vagabundo • Gaetano Gandolfi • 1771 • Colección de Arte e Historia, Cassa di Risparmio, Bologna, Italia.
Retrato de un viejo y ciego vagabundo • Gaetano Gandolfi • 1771 • Colección de Arte e Historia, Cassa di Risparmio, Bologna, Italia.

Esta obra data del año 1771. La tradición cuenta que es el retrato del padre de Gaetano Gandolfi, pintor oriundo de Bologna, llamado Guiseppe Antoni Gandolfi. Por lo que se sabe, el padre de Gaetano se desempeñaba como administrador de varias propiedades, por lo que resulta poco probable que sea este mendigo de gesto concentrado, que, a su vez, refleja nobleza y paz interior. ¿Por qué está ciego? Es difícil saber, los ojos cerrados y párpados congestionados obligan a pensar en algún proceso inflamatorio, pero la tranquilidad del viejo vagabundo no parece mostrar dolor o molestia, solo una resignación ante lo inevitable.

TEXTO EXTRAÍDO DEL LIBRO CUADROS CLÍNICOS (Olmo Ediciones).

Dejá tu comentario