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Operación Furia Urgente: Estados Unidos invade Granada

El primer experimento izquierdista en el Caribe fuera de Cuba finalizó de forma cruenta en 1983. La Revolución de Granada había empezado cuatro años atrás, en 1979, cuando el primer ministro Eric Gairy (líder del Partido Laborista Único) fue derrocado por un partido político llamado Newe Jewel Movement. Gairy era un político corrupto y extravagante, obsesionado por los platos voladores. Y además era un represor que utilizaba pandillas armadas para afianzar su poder.

Por esa razón, los granadinos no vieron con malos ojos que Gairy fuera derrocado (mientras estaba de visita en Estados Unidos) por un “golpe no violento” llevado a cabo por dicho partido (el NJM) que colocó en el poder a Maurice Bishop, un abogado y político revolucionario carismático, nacido en Aruba y educado en Londres, como primer ministro.

Con la asistencia de Cuba, del bloque soviético y de algunos Estados árabes, Bishop emprendió un ambicioso programa de obras, entre ellas un aeropuerto internacional de enormes dimensiones: el Aeropuerto Internacional Punto Salinas, en Saint George, la capital de la isla. Influido por marxistas de la región como Fidel Castro y Daniel Ortega, el NJM estableció un Estado vigilante y controlador de todos los aspectos de la vida de Granada, y prohibió la actividad de los demás partidos políticos. Y si bien, para alivio de los no marxistas, el Newe Jewel Movement dejó la mayor parte de la economía en manos privadas, el pueblo de Granada comenzó a inquietarse en forma creciente por la incompetencia administrativa y financiera del gobierno, que iba acompañada de un estilo represivo también en constante aumento.

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Maurice Bishop y Castro.
Maurice Bishop y Castro.

El 13 de octubre de 1983, una disputa de poder entre Bishop y Bernard Coard (que había sido su viceprimer ministro), termina con Board derrocando y deteniendo a Bishop (cría cuervos...). Pero Bishop aún tenía el apoyo de miles de granadinos, que salieron a la calle a apoyarlo y defenderlo, consiguiendo así su liberación el 19 de octubre. Liberado por su gente, Bishop decide tomar los cuarteles (un clásico). Coard declaró la Ley Marcial, y se generaron múltiples episodios de violencia. Mientras tanto, el general Austin Hudson, político y militar granadino, aprovecha la ocasión para “poner orden”: a la cabeza de las tropas militares, captura a Bishop y a una decena de personas que lo acompañaban (entre ellas varios ministros de su gobierno) y los ejecuta: los fusila, sin mucho pensarlo.

Inmediatamente después, Austin Hudson derroca a Bernard Coard (de efímero paso por el poder, como puede comprobarse) y se autoproclama jefe de gobierno. Anuncia la persistencia del Toque de Queda y advierte que cualquier ciudadano que se atreviera a violar tal consigna será ejecutada.

Esta sucesión de disturbios eran seguidos atentamente, como puede imaginarse, por los Estados Unidos. El entonces presidente Ronald Reagan percibió la oportunidad de anotarse un tanto a su favor en la ya recontra instalada Guerra Fría y de reafirmar el prestigio militar norteamericano, que había recibido recientes (muy recientes) humillaciones o algo parecido en Beirut: pocos días antes, 241 marines habían sido asesinados en un atentado con un coche bomba, en una dependencia militar norteamericana.

Entonces Reagan reflota la idea de que el majestuoso aeropuerto, emblema de las obras públicas encaradas en su momento por Bishop (no hacía tanto, en realidad), estaba destinado ni más ni menos que a los aviones de guerra soviéticos. Así las cosas, actuando (supuestamente) en respuesta a las llamadas e inquietudes de múltiples gobiernos conservadores de la zona del Caribe, y aludiendo (cuándo no) al peligro que corrían los mil estadounidenses que habitaban Granada, decide invadir la isla.

El 25 de octubre de 1983, Estados Unidos lanza la Operación Urgent Fury (o Furia Urgente, como se prefiera): invade la isla con más de seis mil soldados, entre los que había también soldados de Jamaica y Barbados, que encuentran poca resistencia por parte de los mil quinientos hombres del ejército granadino, a los que se sumaban unos ochocientos asesores y asistentes cubanos que militaban en el NJM. A pesar de ello, fueron enviados refuerzos, incluyendo helicópteros de ataque y artillería naval de apoyo.

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Granada pidió ayuda a la comunidad de países británicos. Margaret Thatcher se definió como opositora a la intervención militar norteamericana y se quejó formalmente ante Reagan; las tropas ya estaban en Granada, y aún así Reagan le negaba la existencia de la invasión a su colega británica: “ella fue muy firme (…) no podía decirle que ya había comenzado...”

El número de víctimas totales no fue muy elevado (19 por parte de los norteamericanos, 69 por parte de la resistencia granadina entre militares y civiles y 25 cubanos) y hubo unos mil doscientos heridos en total, contando todas las partes involucradas. La Operación Urgent Fury fue condenada como un hecho violatorio del derecho internacional; sin embargo, fue bien recibida por la mayoría de los granadinos.

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En Estados Unidos la reacción fue dispar: favorable en el ámbito del gobierno, ya que estaba muy presente el episodio en Irán, pocos años atrás, en el que diplomáticos norteamericanos habían sido tomados como rehenes, y no tenían ninguna intención de que algún episodio similar se repitiera; la oposición demócrata, por el contrario, consideraba que era imposible que eso pudiera haber ocurrido en Granada y que ningún norteamericano en la isla había corrido peligro; impugnaron la invasión y pidieron un “impeachment” para el presidente Reagan.

Tras la exitosa invasión, el Gobernador General de la isla, Paul Scoon (que había sido encarcelado por Hudson antes de la invasión) nombró un nuevo gobierno. La mayoría de las tropas norteamericanas se retiraron hacia diciembre de 1983, pero quedó un remanente de soldados por bastante tiempo.

Un año después, a fines de 1984, las elecciones en Granada consagraron como primer ministro a Herbert Blaize, que ya había sido Jefe de Gobierno en los años sesenta, cuando Granada era todavía una colonia británica. Las tropas norteamericanas se retiraron de la isla poco después de que Blaize asumiera su cargo.

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