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«Ni ebrio ni dormido»

En muchos textos de historia se menciona este decreto como prueba de la austeridad republicana establecida por influencia de Mariano Moreno, cuando en realidad se trató de una acción concertada de éste y sus partidarios para desprestigiar a Saavedra, por lo cual vale la pena detallar los hechos.

La noche del 5 de diciembre Moreno pasó frente al cuartel de la Temporalidades, donde los oficiales de Patricios celebraban la victoria de Suipacha de la cual habían llegado noticias tres días antes. El centinela le negó el paso cuando Moreno quiso entrar, lo cual éste tomó como una ofensa personal, aunque era lógico el proceder del centinela ya que Moreno no se había dado a conocer. De haberlo hecho hubiera sido admitido por ser el Secretario de Guerra de la Junta. Los rumores de que, durante la reunión, se le había ofrecido la corona a Saavedra, constituyeron el segundo motivo de enojo.

La versión más plausible de este hecho es, probablemente, la que dio el propio Saavedra en una carta que escribe a Chiclana el 15 de enero. Refiriéndose a Moreno explica: “Éste hombre, valiéndose del brindis del borrachón del cuartel la noche que nos convidaron en celebración de nuestras armas, y de un obsequio que le hicieron a Saturnina (esposa de Saavedra) de una corona de dulce que guarnecía una de las fuentes, y ella me la pasó a mí y yo se la devolví, armó el alboroto de la pretendida coronación y proclamación en el cuartel”.

Utilizando ambos hechos contra Saavedra obtuvo Moreno, al día siguiente, que la Junta aprobara un decreto redactado por él suprimiendo honores y escolta al Presidente de la Junta. Saavedra, hábilmente, firmó también el decreto dejando así sin armas a Moreno.

El decreto estableció que se tributarían honores solamente a la Junta reunida en pleno para actos oficiales, y que las esposas de los funcionarios políticos y militares no tendrían ninguna prerrogativa. En cuanto al oficial Atanasio Duarte, autor del brindis “con que ofendió la probidad del Presidente y atacó los derechos de la patria, debía perecer en el cadalso, por el estado de embriaguez en que se hallaba se le perdona la vida, pero se le destierra perpetuamente de esta ciudad porque un habitante de Buenos Aires, ni ebrio ni dormido debe tener impresiones contra…”

¿Cuál fue el crimen merecedor del cadalso que se le atribuía a Duarte? Ofrecer la corona a Saavedra, es decir quitársela a Fernando VIIcometiendo el mismo delito de “lesa majestad” que les costara la vida a Murillo y sus compañeros en el Alto Perú. La mejor prueba de ello es que el Decreto de Supresión de Honores es dictado por “la Junta Soberana en nombre del señor D. Fernando VII”. Los de la Junta no querían arriesgar sus cabezas!!

El Decreto establecía que “toda persona que brindase por algún individuo particular de la Junta será desterrado por seis años”, y se prohibía a los centinelas… impedir la entrada a cualquier función o concurrencia pública a los “ciudadanos decentes que lo pretendan”. Para cumplir con esta última disposición el teniente coronel Marcos Balcarce mandó preguntar quiénes eran los “ciudadanos decentes” que debían dejar pasar los centinelas. La respuesta escrita de Moreno fue: “Se reputará decente toda persona blanca que se presente vestida de fraque o de levita” (un concepto que hoy sería tomado como discriminatorio pero que entonces era la regla)

En los considerandos del decreto, que se publicó en “La Gazeta”, el pueblo era tratado despectivamente diciéndose que la multitud está desprovista de luces y que el vulgo solo se conduce por lo que vé. Es natural que, al leer ésto, el vulgo “sin luces” se inclinara a favor de Saavedra. Pero Moreno no solo había antagonizado al pueblo sino también a los militares y a las esposas de éstos y de los funcionarios. Quizás ésto explica el hecho, relatado por su hermano Manuel, y que ya mencionamos, de que Mariano Moreno, en sus escasas salidas, cargara dos pistolas y fuera custodiado por sus amigos.

Sus panegiristas atribuyen a Mariano Moreno la fundación de La Gazeta de Buenos Aires y de la Biblioteca Pública, antecesora de la Biblioteca Nacional. Pero en realidad ambas fundaciones fueron hechas por la Junta y no exclusivamente por Moreno, quien después de este episodio solía ir a todos lados acompañado y armado.

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