HistoriaInstituto Di Tella | 1968 | Mayo francés | Francia

Nadie sabe exactamente qué sucedió el 22 de mayo de 1968 en el Instituto Di Tella

Pocos saben exactamente qué sucedió el 22 de mayo de 1968 en Florida 936, Centro de Artes Visuales del Instituto Di Tella. Hace 51 años, cuenta la leyenda, la dictadura de Onganía cometía un acto de censura que llegaría a ser icónico: una obra de arte fue clausurada con la excusa de contener «frases atentatorias a la moral y frases de carácter político», que habrían atacado explícitamente al presidente de la Nación. La cierto es que, en medio del escándalo que significó la clausura policial, municipal y judicial, nadie fue capaz de decir qué frases eran (ni siquiera si tales frases existían), quién las escribió y nunca se supo tampoco quién fue el responsable de la denuncia que motivó tal clausura. Hay dudas, incluso, acerca de la identidad de la obra que formaba parte de la muestra Experiencias 68. Normalmente recordada como Los Baños, la obra de Roberto Plate víctima de la censura en este evento, ni siquiera tenía título.

ditella baños.jpg
clausura di tella.jpg

La clausura se produjo y de hecho motivó, unos días después, al resto de los participantes de Experiencias 68 a sacar sus obras a la calle y destruirlas en señal de protesta. Es esto, quizás, lo que ha llevado a afirmar que el 22 de mayo se había producido poco menos que una declaración de guerra. A partir de ese momento, parece ser, el gobierno dictatorial se proclamaba abiertamente en contra de la libertad de expresión y se confirmaba el inicio de la radicalización en el mundo de la vanguardia artística porteña.

Sin embargo, vale la pena recordar que el escándalo alrededor de Experiencias 68 no fue un rayo en un cielo despejado. En Primera Plana, semanario afín al grupo del Di Tella, se describen diferentes choques entre la policía y varias personalidades de la cultura asociadas a la muestra que se habían producido días antes de la clausura, episodios que dan cuenta de un clima de creciente represión. Pero cabe destacar también que, desde la inauguración de la muestra, producida una semana antes, se había comenzado a plantear la idea de radicalización y provocación incluso desde lo estético. Recordemos que ese fue el año de la carta-obra de Pablo Suárez, calificada por Primera Plana como un «suicidio estético»: un texto que él mismo repartió en la puerta del Instituto, en el cual anunciaba que no iba a participar de la muestra, a la vez que denunciaba la «centralización cultural» del Instituto Di Tella, y afirmaba que el público para el cual se exponía en el Centro de Artes Visuales no era más que una elite desinteresada incapaz de captar el mensaje de las obras.

No fue solo esto lo que llamó la atención, sino que la naturaleza inmaterial de muchas de las obras presentadas en la muestra fue altamente cuestionada desde el momento de su inauguración, el 14 de mayo. Experiencias 68 se distanciaba de todas las «experiencias» de los años previos en el sentido de que lo visual había dejado de ser importante. Casi todo lo que se exhibía se acercaba a lo puramente conceptual y, según la crítica, comenzaban a repeler un poco al público. Algunas de las obras, más allá de los baños de Plate, aún hoy son recordadas por la novedad que representaron, como La familia obrera de Oscar Bony (una tarima en la cual un matricero y su familia se exhibían haciendo sus tareas diarias a cambio de un sueldo); Comunicaciones de Margarita Paksa (una mezcla de instalación sonora y performance en la cual el público era invitado a escuchar un disco y a contemplar la silueta del cuerpo de la artista que ella marcaba todas las semanas en una caja de arena), e incluso una obra más comprometida políticamente como Mensaje en Di Tella de Roberto Jacoby (compuesta, básicamente, por un teletipo que transmitía los cables de noticias sobre las protestas obreras y estudiantiles que estaban teniendo lugar en Francia en ese momento).

Tan atípico era todo lo que sucedía en y alrededor de Experiencias 68, que el cierre de la obra de Plate llamó la atención, no tanto por el acto en sí, sino más que nada por lo curiosa que aquella resultaba. Dado el contexto político de la época, la prensa en general no describe la clausura como un evento de censura y el foco está puesto en la obra misma: los famosos baños. Hay que recordar que Roberto Plate, un joven artista de 27 años en esa época, ya había presentado una obra que había resultado curiosa en la muestra Ver y estimar ese mismo año: un par de estructuras que simulaban ser ascensores, pero que en realidad no iban a ningún lado. Para Experiencias 68 se había propuesto hacer algo similar y decidió reproducir el espacio de un baño público sin ningún tipo de aparato sanitario en su interior. Lo que aparentemente nadie pudo predecir fue que los visitantes de la muestra iban a tomarse la libertad de reproducir en la obra un elemento típico de los baños públicos que en este caso estaba ausente: los grafitis.

A pocos días de abierta la muestra, según indicaba el director del Centro de Artes Visuales, Jorge Romero Brest, ya se habían encargado de borrar lo que los primeros visitantes habían escrito, pero el control sobre la obra no era total ni constante. En uno de estos momentos previos a las periódicas limpiezas, aparentemente, fue cuando la policía y las autoridades municipales se presentaron con la orden de clausura.

Si bien a los pocos días de efectuado el operativo se pudo comprobar que las frases escritas en las paredes del Di Tella no conformaban el delito de desacato, como bien percibía el crítico de Primera Plana, la sangre ya había llegado al río. Aunque se había permitido que la muestra continuara abierta, fueron pocos los que llegaron a visitarla luego de la clausura de la obra de Plate, ya que los artistas participantes el 31 de mayo salieron a la calle y destruyeron sus obras, terminando abruptamente con Experiencias 68.

Dejá tu comentario