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Muñiz, sus primeros años

Francisco Javier Muñiz fue un médico y científico argentino, destacado por su actividad médica y por sus investigaciones epidemiológicas, zoológicas y paleontológicas. Es considerado el primer naturalista argentino.

Francisco Javier Muñiz, nació en Monte Grande, partido de San Isidro (Prov. de Buenos Aires), el 21 de diciembre de 1795, siendo hijo de don Alberto José Muñiz, y de doña Bernardina Frutos, ambos de antiguas familias de la Colonia.

Ingresó como cadete en el Cuerpo de Andaluces, en 1807. Durante esa época, a pesar de que se hallaba sometido a la disciplina que le imponía el servicio, se le permitía consagrar la mayor parte de su tiempo al estudio.

Por su propio deseo acompañó al cuerpo en el que actuaba como cadete, en su avance del 1ero. de julio de 1807 hasta Barracas, e intervino en la acción de los corrales de Miserere y en otros encuentros, resultando herido de bala en una pierna.

Expulsado el invasor inglés, Muñiz continuó sus estudios. En 1810 apoyó jubilosamente el estallido de la Revolución de Mayo, como adicto a las ideas morenistas, ayudando dos años después a su colaborador y guía, el canónigo José León Banegas, en la redacción del célebre Manifiesto de la Sociedad Patriótica a los Cabildos del interior del país, que postuló la declaración de la independencia frente a la Metrópoli.

Después ingresó en el Colegio Carolino, donde fue alumno dilecto del canónigo doctor Banegas, quien además de enseñarle latín y filosofía, lo inició en disciplinas como la física y otras ramas de la ciencias matemáticas y naturales. Dichos estudios constituyeron el punto de partida de sus estudios de medicina, que comenzó en el flamante Instituto Médico Militar, creado por la Asamblea de 1813, a iniciativa de Cosme Argerich, más tarde director del establecimiento. Extinguido este instituto en septiembre de 1821, lo reemplazó el Departamento de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, fundada ese año, graduándose Muñiz de médico en 1822, en medio de las tormentosas luchas de los dos bandos en que se dividían los facultativos y alumnos.

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En 1823 y 1824, publicó con don Francisco Agustín Wright y Ángel Saravia, el periódico Teatro de la Opinión, en cuyas columnas vertió sus sentimientos americanistas y sus ideas sobre el federalismo doctrinario, consecuente con el credo proclamado en el Manifiesto de 1821.

Desempeñó numerosos cargos de responsabilidad, desde que se inició en 1821, como médico segundo de la guarnición de Patagones. Parece ser que rechazó dicho nombramiento por razones de salud, haciendo lo propio con las designaciones como cirujano en 1824, del Fuerte Independencia (Tandil) y en la Guardia de aquél.

A principios de 1825, ya mejorado, el general Soler lo nombró médico cirujano de Chascomús, cargo con el que fue confirmado por el gobernador Las Heras. Acompañó al regimiento de coraceros mandado por el general Lavalle, y prestó asistencia a los heridos en los combates de Sauce Grande y Toldos Viejos.

Mantuvo relaciones con Juan Manuel de Rosas y Felipe Senillosa quienes, en compañía de Lavalle, demarcaron la nueva línea de fronteras.

En Chascomús formó parte de la Sociedad de los Amantes de la Ilustración, iniciando investigaciones paleontológicas de valor en la laguna de la localidad y ríos próximos. Reconoció los restos de un gliptodonte y descubrió por primera vez en el mundo los del Daypus Giganteus, tatú fósil o gran armadillo, y otras especies fósiles, anticipándose en muchos años al hallazgo análogo de Alcides d'Orbigny en el Uruguay.

En 1826, de regreso a Buenos Aires, Rivadavia lo nombró médico cirujano principal. Durante la guerra con el Imperio del Brasil estuvo al frente del cuerpo médico sanitario, organizándolo con el Dr. Francisco de Paula Rivero.

Se distinguió como cirujano en la batalla de Ituzaingó. Durante la presidencia de Rivadavia, se creó la Escuela de Medicina, bajo la dirección del Dr. Francisco de Paula Rivero, y por iniciativa de Muñiz funcionó la cátedra de Partos, enfermedades de mujeres y medicina legal, en la que fue designado el 5 de julio de 1827, para atender el estudio de esas tres disciplinas. Pero bien pronto la abandonó atraído por sus investigaciones paleontológicas.

En 1828, contrajo matrimonio con doña Ramona Bastarte.

Instalado en la Villa de Luján, el gobernador Dorrego le extendió el nombramiento de médico de policía y encargado de la administración de vacuna en dicho departamento. Allí transcurrieron los veinte años más fecundos de su existencia. Médico filántropo fue el dueño de la única botica existentes en aquellos parajes donde elaboraba personalmente los más variados remedios que luego obsequiaba a los soldados y a los pobres del vecindario.

Rosas le nombró cirujano de campaña del Regimiento Nro. 2 de Milicias de Caballería, el 22 de marzo de 1830. Solícitamente atendió en el Cabildo de la Villa de Luján a la esposa del ilustre general prisionero, don José María Paz, en un alumbramiento, el 10 de abril de 1835.

También prestó sus servicios profesionales a la madre del mismo general, doña María Tiburcia Haedo de Paz, cuando falleció en febrero de 1839.

En Luján inició los estudios de paleontología argentina que tuvieron su precursor en el padre Manuel de Torres, y que Ameghino perfeccionó más tarde.

Como Luján disponía por fortuna de los yacimientos de mamíferos fósiles más ricos del globo, Muñiz se entregó desinteresadamente a removerlos y clasificarlos. Fruto de esas pacientes excavaciones son los once cajones de restos fósiles importantes que, en junio de 1841, remitió a Rosas, y que luego éste obsequió al almirante Dupotet. Fueron estudiados en París y en Londres por eminentes hombres de ciencia, ya que se trataba de la primera colección de fósiles importantes recogidos y clasificados por un argentino. Contenían los cajones restos de megaterios, elefantes, toxodontes, milodontes, gliptodontes y otros animales de fenecidas edades.

Muñiz se proponía describirlos minuciosamente y dar notoriedad científica a nuestro país, pero sin descorazonarse por la contrariedad, volvió a la paciente labor investigadora. Entre sus hallazgos descubrió los restos del oso fósil o Antoherium, animal de gran talla desconocido hasta entonces; el Lestodon, bestia corpulenta, apenas inferior al megaterio, agregándose la cabeza más completa que se conozca del Toxodon, género descubierto por Darwin en las inmediaciones del arroyo Sarandí, en el Uruguay.

En 1844, realizó su hallazgo más valioso: el tigre fósil, designándolo con el nombre de Mamifelis Bonaerensis, rebautizado definitivamente con el de Smilon Bonaerensis. Esta bestia era considerada como la más feroz y acometedora de toda la creación, el felino mejor constituido, cuyos colmillos eran tan duros que destruían los huesos de cualquier animal.

Descubrió también los restos completos del caballo fósil o Hippidium neogaeum, animal más pequeño y menos gallardo que el representante actual, con cuello corto y cabeza grande, que alteraba la armonía del conjunto.

Su fino talento le hizo conocer en plena Pampa hacia 1845, restos de un árbol fósil, precursor de la paleontología vegetal.

Estrecho amistad con el sabio Carlos Darwin, que visitó nuestro país, llevado por sus comunes afanes de naturalista, y tuvo oportunidad de responder con acabada precisión a siete preguntas que desde Europa le formuló, a propósito de una curiosa especie de vaca, la “vaca ñata”, que había impresionado al sabio inglés. A pesar de haber sido la más numerosa de nuestras pampas, era un animal pésimamente dotado para la lucha por la existencia, que se extinguió por completo. La contestación de Muñiz aporta antecedentes valiosos sobre la lucha por la vida para la tesis de la selección natural y sexual, aun no expuestos públicamente por el sabio europeo. Todo ello sirvió a Darwin para su consagratorio juicio sobre Muñiz, mientras que, al mismo tiempo volverá a consultarlo sobre las especies domésticas del Plata. También le interesó mucho un trabajo científico sobre el terremoto en las pampas, descripción que apareció en “La Gaceta Mercantil” del 26 de febrero de 1846. En esas mismas columnas, publicó el 10 de mayo de 1848, El Ñandú o avestruz americano, con la aprobación del gobernador Rosas. Los artículos insertados luego fueron recogidos por Sarmiento en un volumen hacia 1886. En ellos se hace una descripción prolija y animada de la vida y costumbres de este animal, cuya caza era la delicia del gaucho.

Rectifica algunas informaciones debidas a autores de tanto predicamento como Boffon, Cuvier y Azara, y muestra la grandeza de la pampa en páginas coloridas por su imaginación.

Hacia 1847, había concluido sus Apuntes topográficos del territorio y adyacencias del Departamento del Centro de la Provincia de Buenos Aires, donde desarrolló una teoría propia sobre la formación pampeana. La fundamente en la teoría neptúnica, asignando mucha importancia a la acción de un antiguo mar interno.

Muñiz es el principal iniciador de nuestra literatura galénica, según Alberto Palcos. Apenas recibido de médico le atrajo el tema de la vacuna, ya en 1841, consiguió obtener en una vaca el “cow-pox” (vacuna indígena), que ya la había reconocido una década antes. El hallazgo le permitió restablecer la práctica de la vacunación entonces usual de brazo a brazo. Muñiz fue el primero que empleó en la República la vacuna como remedio contra algunas enfermedades cutáneas.

Un resonante éxito le valió en 1832, el título de miembro correspondiente de Real Sociedad Jenneriana de Londres. La docta corporación reprodujo en su órgano un trabajo suyo para darle “la circulación a que por su importancia tiene derecho a reclamar”.

En 1844, presentó su tesis, graduándose de doctor en medicina. En mérito a sus trabajos originales, la Academia de Medicina y Cirugía de Zaragoza lo designó en 1845, socio correspondiente y en 1846, la de Barcelona le confirió igual distinción.

El Dr. Muñiz publicó en “La Gaceta Mercantil”, el 13 de marzo de 1844, su trabajo sobre la “Descripción y curación de la fiebre escarlatina”, que fue impreso en folleto por sus amigos y admiradores. Con él se inaugura la literatura de medicina infantil en el país. En los Apuntes topográficos, ya citados, realizó observaciones de verdadero interés en lo relativo a las condiciones y a la topografía médica de la región, anticipándose a Moussy y a Rawson.

Estos son algunos logros de una extensa vida destinada a la ciencia.

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