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Mundo y pampa para Alberto Ginastera

Hoy se cumplen 36 años de la muerte del compositor de Bomarzo. Sus obras, las instituciones creadas por él y la huella que dejó en sus discípulos cambiaron, sin lugar a dudas, el rumbo de la música en América Latina.

El 11 de abril de 1916 mientras el flamante presidente radical, Hipólito Yrigoyen, era tapa de todos los diarios de la época; en un hospital de Barracas, nacía Alberto Evaristo Ginastera. Probablemente el compositor argentino contemporáneo más reconocido internacionalmente y el que más empeño puso en trabajar con los ritmos y sonidos autóctonos.

Pola Suarez Urtubey, su biógrafa, cuenta que ya a los seis años entendió que podía hacer música por su cuenta jugando con una flauta que le habían regalado los reyes magos, antes de empezar, a los siete, con clases particulares y a los doce el Conservatorio Williams. En el secundario cursó la especialidad de perito mercantil, como paso previo, según la intención familiar, para un ingreso en Ciencias Económicas. Sin embargo, los padres apoyaron su decisión de optar, a los veinte, por el Conservatorio Nacional.

Su primer trabajo importante fue el ballet Panambí, estrenado en el teatro Colón por Juan José Castro a finales de ése mismo año, que lo hizo conocido en toda Argentina. Y es en el Conservatorio Nacional donde conoce a Mercedes de Toro, la ñata, con quien se casa en 1941. A los 24 años Ginastera ya era un compositor localmente consagrado galardonado con premios municipales y nacionales.

Panambí

En 1945, entre una beca Guggenheim y desencuentros con el gobierno de Perón, viaja con su familia a los Estados Unidos donde pasó dos años estudiando y mejorando sus capacidades compositivas, bajo la tutela de Aaron Copland.

El paisaje de la pampa y un mundo rural habitado por gauchos matreros y mozas donosas aparecen evocados con gran eficacia en sus primeras obras, las más tocadas de todo su catálogo en el país y en el mundo. Fueron precisamente las temáticas localistas y telúricas las que definieron su estilo. Aunque dividió su música en tres etapas –nacionalismo objetivo, nacionalismo subjetivo y neo expresionismo– mantuvo rasgos de la impronta localista en toda su trayectoria.

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También intentó acercarse tímidamente al tango en su fallida Sinfonía Porteña. Luego del estreno, el compositor Juan Carlos Paz definió la obra como un «deforme esqueleto», señaló su eclecticismo incongruente, y la polémica virulenta que inició a través de la publicación antifascista Argentina Libre tuvo sus consecuencias. Ginastera retiró entonces la obra de su catálogo, y terminó alejándose para siempre del género, aunque mantuvo un contacto tangencial a través de su alumno Astor Piazzolla.

La problemática de la invención de una nueva música nacional no fue la única batalla en la vida del compositor. Su proyecto de modernizar y actualizar las técnicas y el lenguaje de los compositores latinoamericanos, de profesionalizarlos, fue tan importante como componer. Entre las instituciones que creó y ayudó a fundar –Facultad de Música en la UCA y el Conservatorio de Música y Arte Escénico en la Universidad de la Plata—, el Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales fue su formulación institucional más acabada. Hoy la provincia de Buenos Aires cuenta con casi cuarenta conservatorios clonados de aquél inicial. Mientras tanto, sus obras se estrenaban en Frankfurt, Nueva York, Oslo, Estocolmo, Roma.

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Ginastera responde en 1963 a la convocatoria del Instituto Di Tella, precisamente en la extinta sede de Florida 936. Arte de vanguardia, era la propuesta; pero para los compositores jóvenes de América latina, a quienes se les ofrecía becas generosas por dos años para vivir y crear en aquella Buenos Aires frenética. Durante los seis años que funcionó el Claem (Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales) piloteado por Ginastera, desembarcaron en Buenos Aires, invitados para enseñar a los becarios, los popes de la vanguardia de la segunda posguerra, como Olivier Messiaen o Luigi Dallapiccola, además de otros más jóvenes y rebeldes como Nono, Xenakis, el norteamericano Earle Brown, el argentino Davidovsky, o Bruno Maderna. Francisco Kroepfl y el ingeniero von Reichenbach manejaban el laboratorio electrónico, mientras Gerardo Gandini, alumno de Ginastera, colaboraba en las clases con su maestro.

La visita de Luigi Nono, en 1967, coincidió con el episodio de la censura, por parte de la dictadura militar de Juan Carlos Onganía, del estreno de Bomarzo (Voceros bienintencionados, pero mal informados alertaron a las autoridades argentinas que la historia trataba sobre un noble paranoico, impotente y, por lo menos, bisexual. Con esos antecedentes, el 18 de julio de 1967 se publicó la disposición oficial de la Intendencia de la Ciudad de Buenos Aires que prohibía la ópera, por El 25 del actual se cumplirán veinte años de la muerte del compositor de Bomarzo. Sus obras, las instituciones creadas por él y la huella que dejó en sus discípulos cambiaron el rumbo de la música en América latina el argumento de la pieza y su puesta en escena, reñidos con elementales principios morales en materia de pudor sexual»); y en solidaridad con el compositor argentino, su par italiano retiró sus obras del Teatro Colón. La obra, con libreto de Manuel Mujica Láinez, recién subiría a escena en el primer coliseo porteño cinco años más tarde, luego de haberlo hecho en el Lincoln Center de Nueva York, y también en Los Angeles, Zurich y Londres.

Alberto Ginastera: Bomarzo

«La Argentina tiene en estos momentos –escribió Ginastera al embajador Francisco Bello en 1966– dos caminos a seguir en cuanto a la política cultural: uno, el de encerrarse en sí misma y en sus pequeños problemas domésticos, ignorando la necesidad de ampliar el horizonte de sus artistas; el otro, el de abrir generosamente sus brazos para permitir una proyección mayor de nuestra cultura».

Lejos de haberse circunscripto a la música académica, el campo de acción de Alberto Ginastera se amplió al universo del rock, merced a la decisión del trío Emerson, Lake & Palmer de tomar el cuarto movimiento de su Primer Concierto para Piano, para reformularlo a su manera, en Toccata, uno de los tracks de su álbum Brain Salad Surgery.

Ginastera Emerson Lake & Palmer

En 1969 abandona nuevamente Argentina para instalarse en Suiza, país en el que vivirá hasta su muerte el 25 de junio de 1983. Los últimos doce años de su vida fueron sumamente fructíferos. En ese período compuso quince obras, desde el Segundo concierto para piano hasta la Sonata N° 3 para el mismo instrumento, y algunas de ellas de tan exigentes como las Turbas y Popol Vuh.

Alberto Ginastera: Popol Vuh

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