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Muerte y destino del Dean Funes

El autor hace justicia con una aclaración pertinente sobre el destino final de un hombre de la Iglesia de Córdoba clave en la emancipación nacional.

Juan Manuel Beruti, en sus “Memorias Curiosas”, anotaba el 10 de enero de 1829: “Murió repentinamente estando divirtiéndose en el Jardín Argentino, el señor don Gregorio Funes, dean de la santa iglesia de Córdoba, uno de los sabios que han tenido nombre grande, tanto en la América cuanto en la ilustrada Europa en general; cuya muerte ha sido sentida en la República Argentina con preferencia, por los distinguidos servicios que a ella prestó, quien era natural de Córdoba y murió de cerca de 90 años”. En realidad tenía 79 años.

Un año más tarde, el 14 de enero de 1830 se publicaba una carta dirigida a los redactores de La Gaceta Mercantil firmada por “Los Argentinos celosos de la memoria nacional”, y aunque tenía algunos errores, como que el dean había fallecido el 1º de ese mes del año anterior, destacaba que “su nombre ocupa un lugar conspicuo en el mundo literario, brillo del clero argentino”, etc. Agregaban que “el honor nacional reclama que el Gobierno le decrete un monumento y encargue la redacción de su biografía" porque "es una propiedad de la Patria la fama de sus buenos servidores". Antes de que el tiempo "carcoma la memoria del Sr. Funes, es de necesidad inmortalizarlo, para aumentar con su historia el brillo de nuestra gloriosa emancipación, y el catálogo de los hombres ilustres de la República Argentina. Esperamos confiadamente en que S.E. el señor gobernador y los SS. Ministros querrán hacerse cargo de estas indicaciones”.

Ya habían acabado los tristes días que sucedieron al fusilamiento de Manuel Dorrego y en el poder Juan Manuel de Rosas, así como lo había hecho con otras figuras de mérito, dispuso que el gobierno levantara un monumento funerario en el cementerio de la Recoleta en el llamado Panteón de los Ciudadanos Meritorios, consistente en una columna circular con un gran vaso de coronamiento.

Con motivo de cumplirse el bicentenario del nacimiento del Dean, ocurrido en Córdoba el 25 de mayo de 1749, se dispuso trasladar sus restos a la Catedral de esa ciudad, para lo cual se conformó una comisión especial de homenaje. El 24 de mayo se ofició en ese templo un solemne oficio religioso presidido por el arzobispo local, monseñor Fermín Lafitte, luego del cual la urna fue conducida al atrio, donde descansan actualmente. Para rendirle homenaje hicieron uso de la palabra el rector de la Universidad de Córdoba, Juan Urrutia, el senador nacional por esa provincia Osvaldo Amelotti, el diputado nacional prebítero Virgilio Filippo y el dean de la catedral, monseñor Luis Rosendo Leal.

Por lo tanto, quienes visiten el cementerio de la Recoleta deben saber que allí no descansa el dean Funes, como alguna vez oímos a algunos guías poco preparados; sino que hoy es un cenotafio, una tumba vacía o monumento funerario erigido en memoria de alguien.

El 30 de enero de 1830 un aviso destacado en el diario Gaceta anunciaba la venta de la casa que fue "del finado dean Funes, calle de la Florida No 170; tiene 13 varas de frente y 70 de fondo, sitios y muchas comodidades. Los señores que quieran comprarla, se verán con el encargado de la venta en la tienda de D. Manuel Carrera, calle del Perú frente a la fonda de Smith”.

Texto publicado originalmente en https://www.gacetamercantil.com/notas/161164/

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