PersonajesWallis Simpson

Mi reino por una dama

Wallis Simpson hizo tambalear a la monarquía inglesa por su belleza y elegancia, digna de una reina.

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Musa de Schiaparelli, Dior y los grandes maestros

De orígenes humildes, casarse con Ernest Simpson (su segundo marido, entre 1928 y 1937), además de una pequeña herencia, le dio algo de dinero para ir a París y comprar algunos vestidos de alta costura que no podía permitirse, en previsión de lo que poco después pasaría. Cuando se hizo oficial su relación con Eduardo, príncipe de Gales, ella estaba bien preparada. En 1937 la duquesa es fotografiada por Cecil Beaton para Vogue, con un vestido blanco de Elsa Schiaparelli (en cuyos desfiles tenía un asiento reservado en primera fila, así como en Christian Dior) diseñado con Salvador Dalí y decorado con una langosta, entre las ramas florecidas del jardín del castillo de Candé, en Francia. Allí mismo celebraría su boda con Eduardo, quien renunció a la corona por su amor hace ahora 84 años. Fue el 11 de diciembre de 1936.

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Su vestido de novia

El 3 de junio de 1937, Eduardo y Wallis (divorciada) se casaron en el castillo de Candé, cerca de Tours, en Francia. La suya no pudo ser la boda real que le habría gustado tener (ella era estadounidense y se había divorciado ya dos veces, con lo que jamás podría ser aceptada como reina de los británicos), pero supuso un punto de inflexión en la historia, la de Reino Unido (alterando la línea de sucesión al trono) y la suya propia. El día de su boda escogió un vestido del diseñador estadounidense Main Rousseau Bocher (conocido como Mainbocher y predilecto de mujeres de reconocido estilo como Diana Vreeland o la baronesa Eugène de Rothschild, la coleccionista de arte y socialité Millicent Rogers o la actriz Claudette Colbert), un diseño en crepé de seda de líneas fluidas y muy elegante, en un tono azulado que quedó bautizado como "azul Wallis", nada que ver con los grandilocuentes vestidos de novia que solían lucir las miembros de las casas reales. Tampoco llevó ninguna tiara, pero sí un delicado tocado a modo de halo de santidad hecho por la sombrerera Caroline Reboux. Aquel diseño sigue sirviendo de inspiración, 80 años después, a muchas novias.

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El perfecto vestidor de verano

Los códigos de etiqueta son sencillos de seguir cuando se trata de ocasiones formales pero Wallis también supo vestir fuera de los eventos públicos, algo de lo que son testigo sus fotos de los años 40. Los duques pasaron la II Guerra Mundial en Bahamas: Wallis y Eduardo se mudaron a la Casa de Gobierno en Nassau entre 1940 y 1945, cuando el duque de Windsor fue nombrado gobernador, una decisión que fue consecuencia de las relaciones que el exrey creó con la Alemania nazi antes del estallido de la II Guerra Mundial. Este fue su último cargo oficial y se mantuvo así alejado del conflicto. En la imagen, Wallis en el exterior de la casa en 1942, con un vestido de verano estampado y un recogido propio de una gran actriz.

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Años 40: abrazando el estilo de las grandes divas

En la década de los 40 y lejos de las estrecheces que la guerra estaba causando en Europa, Wallis llevaba los típicos trajes y vestidos sastre de corte estricto del momento: ceñidos a la cintura y con cuello subido, fueron la silueta de la década. Wallis sentía predilección por los accesorios, y es habitual verla llevando cinturones llamativos, broches, grandes pendientes y tocados. En la foto, la pareja disfruta junto a sus dos perritos de su vida en Bahamas en 1941.

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El equilibrio exacto entre la formalidad y la fantasía

En esta imagen de 1940, tomada durante una sesión de fotos para la revista Life, Wallis da prueba de su visión de la moda, con un traje de dos piezas que aúna la corrección necesaria para una mujer de su escalafón social en la época, con un toque de vanguardia y fantasía otorgado por los bordados rojos en forma de grandes corazones.

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Un perfecto dominio de los accesorios

La silueta austera de su vestido se ropme con el contraste de sus labios rojos y una serie de accesorios combinados cromáticamente: los duques de Windsor posan en Lisboa en 1940 con sus perritos terrier, Mr. Loo y Thalmet. Más allá de su diadema con plumas y sus adornos azules, el detalle en esta fotografía está en la muñeca izquierda de Wallis, donde se aprecia la pulsera de cruces que llevó el día de su boda, un regalo del propio Eduardo, que solía obsequiar a Wallis con joyas para celebrar hitos en su relación.

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Musa de 'Vogue'

Ataviada con un vestido Shantung de Mainbocher de manga corta, adornado con un collar de oro con zafiros y rubíes, guantes cortos y un recogido de trenzas, Wallis no solo tenía una relación personal con los grandes costureros de la época sino que servía de inspiración a revistas especializadas como Vogue. Este posado es de 1947.

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La pareja "flamboyant"

La extravagancia, en 1953: Wallis, con unos pantalones cortísimos para la época, gafas fantasía y sombrilla; Eduardo, con una bata estampada, zapatillas de suela gruesa, gafas de sol peculiares y una pipa en la mano. Así vestían en unas breves vacaciones en el balneario de Rapallo, en la Riviera italiana.

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Las joyas de quien no pudo ser reina

Los duques de Windsor en París, en 1950. El duque creía que Wallis, que nunca sería agasajada con un título de la realeza y que había renunciado a mucho en términos de reputación para casarse con él (al fin y al cabo, primero fue su amante y después, quien le "usurpó" de los británicos, para la opinión pública de la época), debía ser recompensada con joyas aptas para una consorte real. Esto dictaba a menudo el estilo de muchas de sus prendas, cortadas para remarcar no solo su delgada silueta sino también para realzar sus magníficos collares, diademas, pulseras y pendientes de perlas, diamantes, rubíes y otras piedras preciosas.

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Años 60: Estilo Jackie

En los 60 Wallis se acomodó a la nueva silueta, de vestidos y trajes más cortos con forma de "A", como los que llevaba Jackie Kennedy. En la imagen, asida del brazo de su marido, está a punto de embarcar hacia Inglaterra por invitación de la sobrina del duque, la reina Isabel II, para una reconciliación con la familia británica que le había desairado durante tres décadas. Y acudió jugando la baza de su arrolladora apariencia. A sus 70 años, Wallis no podía estar más elegante ni más a la moda.

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Años 50: Nueva moda, nueva silueta

En la década de los 50, Wallis adoptó el «New Look» de Christian Dior (de quien era una excelente clienta), luciendo vestidos y trajes con chaquetas ajustadas a la cintura y faldas con volumen. Wallis no descuidaba su atuendo ni para recoger flores en los terrenos de su casa, la Moulin de la Tuilerie, en la comuna de Gif-sur-Yvette, a las afueras de París. En la imagen, junto al duque de Windsor, en 1955.

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La moda como herramienta

Como publicó The Guardian, puede que Wallis no fuera la mujer más bella del mundo, pero podía compensarlo siendo la mejor vestida. La duquesa conocía bien el poder de la moda para poner en relevancia algunos aspectos de una misma: personalidad, gusto e incluso una posición política. Este retrato de 1960, bien podría ser el de una reina, salvo por el insólito estampado de monos que adorna su majestuoso vestido.

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Impecable, hasta viuda

El 3 de junio de 1972 el funeral del duque de Windsor se ofició en la capilla de San Jorge, en Windsor. Wallis sabía que los ojos del mundo estarían sobre ella, y, según se publicó, estaba enormemente agradecida a Hubert Givenchy por quedarse despierto toda la noche en vela para asegurarse de que su sencillo abrigo negro y su velo de gasa fueran el epítome de la elegancia discreta. A los 76 años, Wallis era tan elegante como siempre, y, se dice, no pudo resistirse a comentar a sus amigos lo "divertido" que había encontrado el atuendo de la Reina Madre, quien llegó a serlo tras la abdicación del duque de Windsor y con quien guardaba una histórica enemistad.

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